13 de noviembre de 1974, en el 112 de Ocean Avenue, sur de Long Island, a las 3:15 de la madrugada… Seguro que muchos lectores sabrán que estamos hablando del caso Amityville. O de los «casos», porque a los hechos criminales que acontecieron en el hogar de la familia DeFeo, donde Ronald DeFeo Jr. asesinó a escopetazos a sus padres y sus cuatro hermanos, les siguieron un par de años después otros nuevos, esta vez, según se contó, de índole paranormal: las personas que se mudaron a la misma casa, los Lutz, la abandonaron a los 28 días debido a los fenómenos sobrenaturales y terroríficos que vivieron.

Estos dos sucesos, que ya han pasado a ser parte del folclore moderno estadounidense y hasta mundial, dieron lugar a una avalancha de investigaciones tanto periodísticas como parapsicológicas (allí estuvieron los célebres Ed y Lorraine Warren), de reportajes y novelas (The Amityville Horror de Jay Anson abrió la veda en 1977), que más bien sirvieron para generar una interesada confusión. En esto último incide Ric Osuna, el autor de El caso Amityville: Reinvestigando los asesinatos de la familia DeFeo, un libro que es el resultado de la investigación que muchos han coincidido en señalar como la más certera realizada hasta la fecha, y que Applehead Team ofrece en su traducción al español.

Y hablando de confusión, después está el caótico reflejo de todo esto en el cine. Más de treinta películas han tratado el asunto o hecho referencia a él, porque claramente añadir la palabra Amityville en un título genera atención de antemano. Las hay de toda clase y condición productiva, desde las estrenadas en salas (siendo la primera y más famosa Terror en Amityville de Stuart Rosenberg) hasta las que han salido directamente a video, pasando incluso por un telefilme. Ante tanto manoseo y aprovechamiento descarado de lo sucedido en Ocean Avenue 112, y con la ausencia de alguien detrás que hubiera intentado seguir un plan narrativo, no podemos hablar de una saga propiamente dicha, sino de una serie de estrenos a lo largo de las últimas cuatro décadas, sin orden ni concierto, en los cuales encontramos peregrinas premisas para justificar la historia, como la de personajes que compran una lámpara o una reloj que provienen de… ya sabemos qué amenazante casa colonial de estilo danés con unas ventanas que parecen ojos que miran. Echemos un vistazo a varias de estas producciones, destacadas por una u otra razón (no necesariamente cinematográfica).

Terror en Amityville (1979)

A diferencia de otros largometrajes que renovaron el cine de terror durante los años setenta y principios de los ochenta, el de Rosenberg venía con una información que lo hacía particular y provocaba un miedo diferente: era una historia real, algo de lo que se había hecho eco hasta la prensa. Tiempo después se descubrió lo muy matizable de este supuesto, pero está claro que fue decisivo para convertir del todo a las familias DeFeo y Lutz, a través de Hollywood, en referencias de la cultura popular en su vertiente más morbosa.

Amityville II: La posesión (1982)

La única joya de una discutible corona. Quién sabe cómo acabó a los mandos de esta producción el gran director italiano Damiano Damiani, un director especializado en cine político-civil y en relatos sobre la mafia que nunca había tenido relación con el género de terror. Pero hizo un trabajo increíble rodando una especie de precuela centrada en la historia de los DeFeo. Aunque retomaba un poco los tópicos del cine de tema diabólico, acertaba plenamente al plantear la historia dentro de un contexto de violencia familiar e incesto, cuestiones atenuadas en el montaje final para el estreno. Una puesta en escena formidable y con una de las mejores secuencias de posesión jamás rodadas.

Amityville III: El pozo del infierno (1983)

Siguiendo otra estrategia típica de principios de los ochenta (lo mismo pasó con Tiburón y Viernes 13), una tercera parte tenía que, sí, sí, rodarse en 3-D. Por lo demás, evidenciaba que la primera y segunda parte ya habían contado, mejor o peor, casi todo lo interesante. Solo cabía empezar con el despendole. Hoy día se recuerda por la escena de la ouija que protagoniza una joven Meg Ryan, más que nada porque está ella, no por otra cosa.

La morada del miedo (2005)

La cinta de 1979 no pudo huir de la oleada de remakes que inundó las pantallas a principios de los 2000. Con producción de Michael Bay, el intento de reflotar una serie cinematográfica que en realidad nunca existió ofrecía la ración típica del cine sobrenatural estandarizado de su época, previo a la llegada del James Wan de Insidious y Expediente Warren. Pues eso, mucho efecto digital y estruendo sonoro como recursos principales.

The Amityville Haunting (2011)

Puestos a experimentar y a preparar combinados, ¿por qué no una de grabaciones encontradas? Allá vamos con The Amityville Haunting, la casa infernal más famosa de Estados Unidos pasando por el filtro de Paranormal Activity. ¿El problema? El coctelero: The Asylum. Muchos críticos la ponen como una de las peores producciones de la compañía. Con eso probablemente está dicho todo.

Amityville: El despertar (2017)

Tras el fiasco de La morada del miedo, el segundo intento de reiniciar la historia fuera de las divisiones de segunda regional se dio quince años después, con una alianza entre Blumhouse y Dimension Films. Resultaba a ratos irregular y pagaba el peaje actual de hacer el chiste autorreferencial (¡a que nadie tiene un plan más chulo que ver Terror en Amityville en la mismísima casa donde sucedieron los hechos reales!); sin embargo, este filme dirigido por el francés Franck Khalfoun (responsable del remake de Maniac), tenía algo no tan habitual últimamente en el género: se percibía el mal rollo, el dolor y, en general, un fuerte aire malsano, sobre todo debido a la subtrama del hermano tetrapléjico y el ensañamiento terapéutico al que se ve sometido.

The Amityville Murders (2019)

Es uno de los últimos estrenos (que no el último) con el nombre de Amityville en el título. Como puede apreciarse en el tráiler es una especie de remake no oficial de Amityville II, no solo porque vuelve a los luctuosos sucesos protagonizados por DeFeo y su familia, sino porque intenta dar una dimensión psicológica a la historia de violencia doméstica que se cuenta. Dos sorpresas en el reparto, el mítico Burt Young y Diane Franklin, quienes protagonizaron la película de Damiani.  Al menos nos sirve para señalar que la de 1982 era una cinta que merece mucho la pena: desde estas líneas insistimos en reivindicarla.

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