¿Qué ocurriría si una mujer abriera un perfil en Tinder mostrando una identidad abiertamente gamer? En otro mundo diferente al nuestro, en uno mejor, donde el machismo y la misoginia no camparan a sus anchas, la contestación sería normal, por el simple hecho de que la pregunta también sería eso mismo, normal, una simple pregunta como cualquier otra. Pero las respuestas dadas en Un mes en Tinder siendo mujer gamer revelan que estamos muy lejos de vivir en ese mundo que no debería resultar excepcional. Los autores Marina Amores y Daniel Muriel demuestran con este estudio sociológico que también en la famosa plataforma para ligar y entre los apasionados de los videojuegos se reproducen los mismos patrones de conducta y mismos los discursos del heteropatriarcado (con sus violencias cotidianas) que se hallan arraigados en tantos otros ámbitos. Conversamos con los dos sobre su ensayo, que viene profusamente ilustrado con la reproducción de las conversaciones reales llevadas a cabo en el chat de la aplicación con decenas de usuarios, y ahondamos en las ideas que han guiado un trabajo atractivo y revelador. Es un libro necesario para todo aquel que quiera conocer y, sobre todo, cambiar la sociedad en la que vivimos.

Habéis escrito un ensayo que está basado en un experimento sociológico «de guerrilla», tal y como lo denomináis. Explicáis con detalle el método y los pasos que habéis seguido, pero ¿cómo surgió la idea? ¿Está basada en alguna experiencia personal o, quizás, es un tema recurrente que las jugadoras están tristemente acostumbradas a hablar entre ellas?

MARINA: La idea surgió de juntarse varias casualidades en mi consumo de redes y de información diaria. Por una parte, coincidió que acabé en una entrevista, que me pareció interesantísima, a Judith Duportail sobre su último libro, titulado El algoritmo del amor, donde hablaba del algoritmo patriarcal de Tinder y de su puntuación de deseabilidad, entre otras muchas cosas. A esto se le sumó que por la misma época estuve leyendo testimonios anónimos de usuarias de Tinder en plataformas feministas a modo de denuncia, por lo que mi interés por la plataforma como feminista creció exponencialmente, sobre todo teniendo en cuenta lo mucho que me interesa la sociología y la tecnología, viniendo mi experiencia del sector de videojuegos. Pensé en Daniel a la hora de proponerle lo que en su momento creía que podría ser solo un artículo: hablar de Tinder con una perspectiva feminista e incluir la identidad gamer y, por tanto, también la sociología en toda esta ecuación. Daniel no supo decirme que no y empezamos entonces a confeccionar mentalmente el experimento que acabaría siendo el tronco del libro.

Sabiendo cómo está hecho el mundo, no extraña encontrarse de entrada ciertos comportamientos en una aplicación como Tinder. Pero sí resulta descorazonador del todo que dentro de una experiencia lúdica, tan general y desprovista de connotaciones sexistas, os hayáis encontrado tanto machismo y misoginia.

DANIEL: La cuestión es que el ámbito del videojuego dista mucho de ser una experiencia simplemente lúdica. En ciertos sectores del videojuego existen pronunciados comportamientos y discursos abiertamente machistas y muy hostiles contra mujeres, personas racializadas y del colectivo LGBTI. A veces resulta complicado distinguir qué aspectos misóginos son propios de aplicaciones de ligue como Tinder y cuáles proceden del universo gamer, pero está claro que se producen cruces entre esos dos ámbitos y que forman y que se enmarcan en contextos heteropatriarcales más amplios. En este sentido, siempre tuvimos muy claro que queríamos estudiar esta particular confluencia.

¿Cuánto habéis tardado en levantar y concluir esta aventura? ¿Ha habido problemas de algún tipo para llevarla a cabo?

DANIEL: Este experimento nació con propósitos más modestos. De entrada iba a ser un artículo, pero pronto nos dimos cuenta de que había material para mucho más. El diseño del experimento y su ejecución fue bastante rápido, así como la interpretación de los datos y la posterior redacción inicial del texto. Todo funcionó mucho mejor de lo esperado. A principios del 2020 estaba todo más o menos listo, pero ahí apareció el famoso coronavirus y trastocó muchos de nuestros planes (supongo que es una historia que, por desgracia, le suena a mucha gente). Eso hizo que el proyecto estuviera mucho tiempo parado, con numerosas dificultades para salir adelante. Además, la naturaleza del experimento y sus especificidades a la hora de poder presentar adecuadamente los resultados (que requería de un uso más visual que otras obras más convencionales) dificultó aún más el proceso. Hubo interés por nuestro libro, pero fue finalmente la determinación de Applehead Team y su disposición a trabajar con nosotros lo que decantó la balanza a su favor.

Primero hacéis un análisis muy revelador de cómo funciona Tinder y todo lo relacionado con el entramado de la puntuación secreta de deseabilidad. ¿Pensáis que descendería el número de usuarios si la gente supiera lo que contáis?

MARINA: No creo que descendiera mucho el número de usuarios que usan Tinder de tener un mayor conocimiento de la aplicación, especialmente por parte de los hombres. Además, todo el tema del big data y cómo regalamos nuestros datos a la ligera de múltiples formas no creo que interese hoy en día a la sociedad en general. En todo caso podría variar ligeramente el uso que se le da a Tinder, aunque simplemente sea desde la conciencia de cómo funciona por dentro lo que están usando las personas. Por ejemplo: no vincular Instagram, no vincular Spotify o no usar palabras clave de algo que no quieren o no buscan porque el algoritmo lo va a interpretar como algo en positivo. Quizá también lo usarían en positivo, tanto con el uso en la bio de palabras clave para encontrar a gente afín, según aficiones o intereses, como en las fotos, apareciendo con objetos o en actividades con las que disfrutan. Y, por supuesto, siendo conscientes de que no hay nada de casual o del destino dentro de esa aplicación.

A continuación, en el libro, explicáis como «montasteis el experimento», empezando por la creación del personaje de Bea y los requisitos que necesitaba su perfil gamer. Me ha llamado la atención la de edad. ¿Cuál fue la razón de que tuviera menos de treinta años?

DANIEL: La construcción del perfil tenía tres capas. La primera: las fotografías. Era importante dar una determinada imagen de Bea, donde se viera que su afición principal eran los videojuegos. Segunda: la descripción del perfil. Ahí iban los datos fundamentales que necesita Tinder, como una breve descripción de texto y la propia edad. Tercera: una breve historia «interna» de Bea. Esto es algo que no se vuelca en la aplicación, pero que creíamos necesario hacer por si surgía en las conversaciones (dónde trabaja, cuál había sido su formación, etc.). Para construir este perfil tuvimos en cuenta varios factores que alimentaran de algún modo al algoritmo de Tinder, entre ellos, la edad. La «deseabilidad» (según el algoritmo) de una mujer también viene determinado por su edad y, generalmente, va a facilitar encuentros entre hombres más mayores y mujeres más jóvenes. Por debajo de treinta años nos asegurábamos que Tinder fuera a facilitar un número alto de ocasiones en las que presentaría ese perfil a nuestros pretendientes potenciales.

¿Recordáis la primera interactuación con el primer usuario? ¿Cómo fue?

MARINA: No recuerdo concretamente la primera, pero sí recuerdo el momento de empezar a tener los primeros matches, ver cómo ellos iban abriendo las conversaciones y que eso iba creciendo bastante rápidamente. Recuerdo la momentánea sensación de agobio y de ser consciente de que el experimento había empezado ya en serio. Mirando las capturas, que tenemos también las fechas de cada una, me gusta comprobar cómo una de las primeras conversaciones ya auguraba lo que nos íbamos a encontrar: nos dijeron que el perfil de Bea era «único», que era diferente: «Parece un anuncio de la tienda Game».

Como no conozco la aplicación, quizás la pregunta os resulte rara, pero 501 matches y 303 conversaciones abiertas en un mes, ¿es algo habitual?

MARINA: No, la verdad es que un ratio bastante alto, aunque sea para una mujer, y aunque estas, a la vez, acostumbren a ser más selectivas que ellos. En parte se debe a que inicialmente no hicimos swipe a la izquierda (dar que no) a casi nadie (solo a extranjeros), por lo que el filtro fue casi inexistente, porque nos interesaban el mayor número de interacciones posibles. Y que más de la mitad de matches nos abrieran conversación (nosotros como Bea nunca empezamos ninguna conversación), es también una cifra muy, muy alta. Podemos decir sin miedo que el perfil de Bea causó auténtico furor en Tinder.

Es muy reveladora la organización de las conversaciones en la estructura del libro. Una organización gradual y, digamos, descendente: se va deslizando el hecho de la sorpresa de los tíos por encontrarse una jugadora en la plataforma, hacia, en la última parte del ensayo, una serie de manifestaciones desagradables, violentas y que dan miedo. ¿Ha sido una sorpresa todo este abanico que va de mal en peor?

DANIEL: Hay ciertos aspectos de las interacciones que, obviamente, comparten con muchos machismos cotidianos y estructurales que, por desgracia, es común a la experiencia de la gran mayoría de mujeres. Sin embargo, sí que nos sorprendieron la frecuencia y magnitud de algunos los comportamientos y discursos durante el experimento. Además, hay que añadir que, si se trata de una aplicación para ligar, ¿no deberían estar algunos de estos comportamientos minimizados o, al menos, edulcorados si el objetivo final es ligar con otra persona? Pues para nuestra sorpresa, no. Prevaleció la hegemonía heteropatriarcal sobre el teórico objetivo instrumental de tener una cita o relaciones sexuales.

Aunque ibais preparados, ¿qué ha sido lo que más os ha descolocado, asustado o sorprendido?

MARINA: Ni Daniel ni  yo teníamos experiencia personal previa en Tinder, por lo que por una parte íbamos a ciegas, aunque la parte teórica la manejábamos bastante bien gracias a la bibliografía principal de Duportail y diferentes artículos tras nuestra pequeña investigación del tema. Sabíamos por testimonios ajenos y por nuestras experiencias en redes sociales que íbamos a encontrar misoginia, pero creo que ambos nos quedamos más que sorprendidos ante la hostilidad explícita y directa que nos encontramos en la mayoría de interacciones de, recordemos, una aplicación cuyo objetivo último es ligar, conseguir pareja o tener encuentros sexuales.

¿Qué repercusión está teniendo la publicación del libro? ¿Qué comentarios, opiniones o críticas os están llegando?

DANIEL: Los comentarios que nos están llegando son muy positivos. Todo el mundo coincide en que es una obra muy bien editada y llamativa, y que una vez que se empieza se lee del tirón. Además, también es generalizado el sentimiento de sorpresa ante muchas de las interacciones que describimos en el libro. Creemos que está sirviendo para reflexionar sobre una serie de temas que es importante que la sociedad aborde en su conjunto (y no sólo en el ámbito de las aplicaciones de ligue o de la cultura gamer). Por desgracia, también han llegado individuos que, sin haberse leído el libro, lo están criticando desde posiciones abiertamente machistas. Se centran directamente en Marina, ignorando que es un libro escrito por dos personas. En realidad, con sus comentarios y actitudes están validando cada una de las tesis expuestas en el libro.

¿Qué consejos les daríais a la chicas que les guste jugar y se encuentren con estos problemas, ya no solo si se tienen una aplicación de estas, sino directamente en los círculos destinados a los aficionados a los videojuegos?

MARINA: En general, que se rodeen de mujeres con sus mismas aficiones o de su mismo ámbito profesional. Eso ayuda muchísimo. En cuanto a Tinder, mi consejo puede no ser muy popular, pero, para evitar gran parte de esa hostilidad, yo recomendaría no mostrar ningún atisbo de identidad gamer si eres una mujer y estás en una aplicación de ligue. Entiendo que no habría que ocultar una parte importante de tu identidad si especialmente quieres encontrar a gente afín, pero tras la experiencia del libro creo que cualquier mujer se lo pensará dos veces y valorará seriamente si vale la pena mostrar esa parte de ella en la aplicación.

Al acabar el libro dais la desoladora cifra de que solo hubo tres interlocutores normales en este proceso. ¡Contadnos algo positivo sobre alguno de ellos!

MARINA: Hay que darles el mérito de que tuvieron mucha paciencia. Por motivos evidentes yo no podía darles un número de teléfono ni mucho menos quedar con ellos, y lo aceptaron amablemente y quisieron seguir charlando durante ese mes con el objetivo de conocer a Bea y hablar sobre videojuegos, sin hostilidades ni paternalismos. Gracias, nuevamente, desde aquí.

¿Serán posibles en el futuro «otros» algoritmos?

DANIEL: Los algoritmos no son entidades desprovistas de ideología ni son meros instrumentos. Ningún desarrollo tecnológico es neutral. Por lo tanto, está claro que otros algoritmos son posibles tanto en el futuro como ahora. Otra cuestión es cómo articulamos esos algoritmos, cómo los alimentamos, para qué los usamos, cómo les damos salida en una u otra dirección. Incluso también es posible pensar una realidad y un futuro que no estén marcados por la lógica algorítmica, que en sí mismo tiende a presentarnos una realidad gobernada de manera automática, sin ningún tipo de intervención social. Romper con esa lógica también nos puede permitir introducir otras formas de pensar nuestra realidad y actuar sobre ella.

¿Y «otra» comunidad de jugadores?

MARINA: Me cuesta visualizarla, pero creo que es evidente que el activismo de los últimos años ha calado lo suficiente como para ver una mayor visibilidad de mujeres dentro de la comunidad, ya sea reivindicando o simplemente no «escondiéndose». Lo que está claro es que cada vez las actitudes misóginas en estas redes sociales quedan menos impunes y hay mayor conciencia social de que hay que erradicarlas.

El libro forma parte, como si fuera una pieza más, de vuestras respectivas trayectorias como investigadores  en temas de identidad, perspectiva de género y cultura de los videojuegos, Marina desde una faceta de la creación audiovisual y Daniel como sociólogo. Si podéis adelantarlo, ¿cuál será el siguiente paso? ¿O qué campos os gustaría indagar, o en cuáles profundizar, a partir de ahora?

MARINA: La verdad es que hablando con Dani estamos de acuerdo en que nos fascinaría tener recursos para indagar y profundizar mucho más en toda esta convergencia de identidad gamer, aplicaciones de ligar y feminismo. No sabemos si una segunda parte con otros perfiles diferentes y más extendido en el tiempo, o en otras aplicaciones, o bien algo más alejado de esto. Lo que sí que nos encantaría sería volver a trabajar juntos en otro proyecto. Nos hemos compenetrado muy bien con este libro y creo que podríamos seguir haciendo sinergias de feminismo, sociología y videojuegos muy interesantes.

DANIEL: Poco más que añadir a lo que ha dicho Marina. Ojalá pudiéramos tener más tiempo y recursos para ahondar en esta línea de investigación y trabajo. Si surge la oportunidad nos encantaría poder volver a trabajar juntos en algún proyecto similar o que cruce estos temas de interés. ¡Hacemos un gran equipo!

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