por John Tones

Si eres fan del cine de serie B y de género de los ochenta, las posibilidades de que hayas visto alguna película de la Empire son altísimas. Re-Animator, Ghoulies, Troll… las emblemáticas criaturas de la productora de Charles Band se ocuparon de plagar los videoclubs, de forma casualmente simbólica, entre 1981 y 1989. Su táctica comercial era saturar las baldas con todo tipo de lanzamientos, para todos los públicos y de todos los géneros.               

Cabe la posibilidad, sin embargo, de que algunas de sus producciones te pasaran desapercibidas. Hay autores, títulos y sagas al margen de los productos más exitosos de Empire que también merecen tu atención (aunque quizás no siempre por las razones que le habrían gustado a Band). Para cubrir esos huecos hoy te traemos una buena muestra de películas que no son tan conocidas como las más populares de la compañía… aunque lo merecían. Estos son los no-éxitos de la Empire que te conviene revisar.

Y recuerda: si la selección te despierta el apetito, tienes un análisis exhaustivo de absolutamente todas las películas Empire en Empire: El cine de Charles Band Vol. 1, editado por Applehead.

LA OTRA CENICIENTA (Cinderella, Michael Pataki, 1977)

Antes del bombazo de Ghoulies, que determinó la orientación temática de Empire, Charles Band tanteó con muchos otros géneros y estilos. Uno de ellos, antes de la fundación propiamente dicha de Empire, fue el de los musicales eróticos, un género no tan extraño como cabría pensar y que tuvo representantes tan notables como la tronchante Alicia en el País de las Pornomaravillas. Dentro del género, Band firmaría esta La otra Cenicienta y la algo inferior pero también muy curiosa Fairy Tales. La otra Cenicienta tiene, contra todo pronóstico, temas de genuino musical cuya calidad contrasta con la aparente casposidad de la producción, así como algún secundario hoy incorrectísimo pero decididamente graciosísimo —como el Hada Madrina afroamericano Sy Richardson—. Pero, sobre todo, tiene a la llorada —falleció a los 45 años tras una terrible adicción a la heroína— Cheryl ‘Rainbeaux’ Smith como la antiprincesa Disney del título, que inyecta al personaje una ingenuidad espontánea y camp que le sienta como un guante a la ambientación de cuento de hadas de la película.   

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EL AMO DEL CALABOZO (Ragewar, varios directores, 1984)

Una de las mejores pero más extrañas películas de la primera Empire, que bebe tanto de las producciones episódicas de moda en la época (Creepshow es solo dos años anterior) como del concepto de los Universos Compartidos: obras de distintos autores con nexos argumentales en común y que dan forma a un todo coherente y mutante. En esta ocasión, el avispado Band puso a trabajar a algunos jóvenes miembros de su compañía para que dieran forma a una historia tan banal (rescate de una doncella a manos de un terrible hechicero) como estrafalaria en su formato: nada menos que siete episodios y pico (hay hasta una pieza onírica) rubricados por gente tan competente como Ted Nicolau (que se saca de la manga una furiosa persecución a lo Mad Max), el recientemente fallecido John Carl Buechler o David Allen (con una de sus acostumbradas piezas maestras de animación stop-motion). El resultado es, cómo no, altamente irregular, pero tremendamente gozoso, con esos aires de Dungeons & Dragons de saldo, videoclip random de WASP incluido y la siempre imponente presencia de Richard Moll.

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ZONE TROOPERS (Zone Troopers, Danny Bilson, 1986)

Danny Bilson y Paul De Meo fueron una pareja de guionistas que dio pie a algunas de las mejores y más populares películas de Empire. Entre sus hallazgos para la compañía estuvieron Trancers, indiscutiblemente uno de los grandes clásicos de la productora, y las divertidas pero parcialmente fallidas Eliminators y Arena, el ring de las galaxias. Fuera de Empire fueron responsables de hallazgos superheroicos como la magnífica Rocketeer y la primera serie de The Flash. Pero junto con Trancers, su mejor película Empire fue, indudablemente, Zone Troopers, una producción que, como aquella, parte de un monumental high-concept: un extraterrestre perdido cae, en plena Segunda Guerra Mundial, en una zona donde hay un pelotón aliado y unos cuantos nazis. Tan delirante y entrañable como suena, la película se beneficia del conocimiento de Bilson y De Meo de los tropos de la serie B, y la falta de prejuicios de estos a la hora de citar a clásicos de la cultura pop como el Capitán América, reproduciendo su mítico derechazo al mismísimo Hitler. Con la colaboración de un Tim Thomerson entonadísimo y buenos efectos de John Carl Buechler, Zone Troopers figura como una de las últimas producciones Empire que ostentaría un acabado de serie B-mediana tan vistoso.

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LA MUERTE ATACA EN NEW YORK (Breeders, Tim Kincaid, 1986)

Tim Kincaid es uno de los directores más inclasificables que nunca trabajó para Empire. De hecho, no encaja ni siquiera con la considerable variedad de estilos y acercamientos al cine fantástico de la Empire, ya que sus películas parecen más bien una mezcla de la parte más sucia de la Troma, cierta área oscura de las explotaciones italianas y los alcantarillados del softcore gay. Casi simultáneamente, Kincaid rodó esta Breeders, Robot Holocaust y Mutant Hunt, siendo esta la única que se mantiene a unos niveles mínimos de visibilidad… sin dejar de ser una de las producciones más aberrantes y extremas de Empire. Relata la historia de una criatura alienígena que masacra mujeres vírgenes en Nueva York adoptando la forma de hombres aparentemente inocentes. Lo más curioso y perturbador del conjunto es una visión abiertamente misógina del sexo, con las mujeres convertidas en úteros andantes y un acercamiento a la sexualidad femenina que conecta con criaturas extraterrestres viscosas y muy poco sensuales (como los desnudos de esta película, quizás los menos eróticos del cine de los ochenta). Perfecta para organizar un maratón de ultraviolencia neoyorquina junto a Despedazator y Street Trash, si se tiene cuajo suficiente para aguantar su estomagante visión de las mujeres.

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CRAWLSPACE (EL ÁTICO) (Crawlspace, David Schmoeller, 1986)

Una singularísima producción Empire dirigida por uno de sus directores más singulares, David Schmoeller, que debutó con Trampa para turistas y proporcionaría a la venidera Full Moon uno de sus mayores éxitos: la primera Puppet Master. El ático es recordada sobre todo por la zumbadísima interpretación de Klaus Kinski, que en la segunda mitad de los ochenta ya empezaba a dejar atrás el prestigio que le reportaron en los setenta sus colaboraciones con Werner Herzog y se dejaba ver por producciones cada vez más demenciales, como la secuela de su clásico con el director alemán Nosferatu, príncipe de las tinieblas (¡cinco directores acreditados, cinco!) o su propia Paganini. Kinski, endiosado e intratable, convirtió el rodaje en un infierno, e incluso generó un jugoso cortometraje, Please Kill Mr. Kinski, dirigido por el propio Schmoeller en 1999 a modo de making of demente contando todo lo que tuvo que sufrir. La película, sin embargo, es muy notable, con Kinski dando vida a un ex-oficial nazi que alquila un piso a una desprevenida muchacha, a la que acosará y torturará aprovechando los conductos de la ventilación del viejo edificio. Rebosante de una atmósfera demencial a la que contribuye un Kinski completamente fuera de sí, que se traviste, se viste de nazi y se automutila, es un ejemplo perfecto de hasta qué punto Empire podía poner en pie series B muy competentes y vistosas con elementos mínimos. El secreto, una ralea de colaboradores de excepción: fotografía del habitual de Lucio Fulci Sergio Salvati y banda sonora de Pino Donaggio.   

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ZOMBIETHON (Zombiethon, Ken Dixon, 1986)

Durante un tiempo, y antes de sus primeros éxitos, el catálogo de Empire su nutrió de películas temáticas que recopilaban clips de producciones ajenas de las que tenía derechos de distribución (y alguna propia). En los inicios de la compañía se tiró por el lado picantón en títulos como The Best of Sex & Violence o Famous T&A, pero incluso cuando Band había facturado ya casi todos sus grandes éxitos, siguió acudiendo a esta rentable fórmula. A esta época pertenece una de sus películas-batiburrillo más notables, Zombiethon, centrada obviamente en las películas de muertos vivientes. Por entonces Band distribuía mucho cine de terror europeo, y eso le da un aire peculiar a la recopilación, con piezas procedentes del onírico y brutal cine de zombis del viejo continente como Nueva York bajo el terror de los zombies, El lago de los muertos vivientes, Virgen entre los muertos vivientes, Follia Omicida y otras. Además, la cinta se completa con unas deliciosas piezas de ficción a veces mudas, a veces en plan videoclip, a veces con incomprensibles e hilarantes voces en off muy a lo eurohorror también, que sirven de curioso pegamento para el conjunto.

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TERRITORIO ENEMIGO (Enemy Territory, Peter Manoogian, 1987)

Partiendo del clásico tropo del thriller urbano de la gente encerrada en un espacio reducido y claustrofóbico (Asalto en la comisaría del distrito 13 en cabeza), Territorio enemigo plantea una película de acción modesta y encantadora, que hace al fan preguntarse qué habría pasado si Charles Band se hubiera prodigado más en la producción de este tipo de películas. En esta ocasión tenemos a un apocado agente de seguros (Gary Frank) que queda atrapado en un peligroso edificio de los barrios bajos cuando cae la noche en compañía de un técnico telefónico (Ray Parker Jr, en efecto, el de la banda sonora de Los Cazafantasmas). Una banda de delincuentes apodada Los Vampiros y liderada por el gran Tony Todd (Candyman) los perseguirán por todo el bloque de viviendas, en una dinámica que recuerda a películas posteriores ya sumergidas en lo irreal como Dredd o Attack the Block. Aquí ese toque fantástico definitivo nunca llega, pero empapa la atmósfera, lo que incluye la idea de aguantar hasta el amanecer como meta salvadora. Una sorpresa menor, pero muy recuperable.

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ESCLAVAS EN EL ESPACIO (Slave Girls from Beyond Infinity, Ken Dixon, 1987)

Es sencillo ningunear el tramo final de películas de la Empire, rebosante de cintas que llegan a la categoría de serie B por los pelos, con mucha damisela en bikini y no demasiado fuste. Pero hay pequeñas joyitas desprejuiciadas y más jugosas de lo que parece en un primer vistazo que vale la pena recuperar. Es el caso de la loca comedia Planeta de placer, el plagio de Alien titulado Creepozoides o esta Esclavas en el espacio, un refrito del argumento de El malvado Zaroff inyectándole ambientación galáctica y que ofrece una buena dosis de diversión sin complejos. A una prisión espacial que parece una pirámide maya llegan dos esclavas espaciales (a las que se sumará una tercera, interpretada por la entonces aún incipiente scream-queen Brinke Stevens) que tendrán que participar en un juego de caza por una jungla de plástico en ropa interior. Con escenas eróticas de sainete (literal, con puertas que se abren y cierran y gente casi escondida en armarios), un par de robots salidos y una estética conscientemente pulp y añeja, Esclavas en el espacio sabe bien que maneja material de derribo, y se tira en plancha a ese lodazal. Guiños al cine de cavernícolas, alienígenas bien diseñados y una escena violenta inicial que se sabe ridiculísima son las grandes bazas de un producto Empire que es perfectamente consciente de lo que se trae entre manos y solo quiere hacer partícipe al espectador del despendole.   

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PRESIDIO (Prison, Renny Harlin, 1987)

Uno de los últimos estertores de la Empire en su coqueteo con los presupuestos medianos (entre 2,5 y 4 millones de dólares), sobre todo porque su fracaso en taquilla se sumó al de Ghoulies II, otra cara excentricidad, y disparó el principio del fin para la compañía. Las consecuencias fueron, entre otras cosas, que Presidio no se distribuyó hasta 1988, ya con Empire expoliada por otras productoras. Algo completamente injusto, porque el efectivo, fantasmagórico guion de C. Courtney Joyner encuentra una plasmación perfecta en el salvajismo visual del debutante en el cine norteamericano Renny Harlin. El vikingo salvaje que nos brindaría Pesadilla en Elm Street 4 pocos meses después está desatado en esta historia de una cárcel encantada por el espectro de su último condenado a muerte, que va matando a guardias y presos y desentrañando una venganza terrible que se ejecuta con asesinatos increíblemente gore a manos de John Carl Buechler. Suya es la secuencia más icónica de la película: el claustrofóbico asesinato con barras de hierro de un preso que acaba hecho un guiñapo. Rodado en condiciones muy precarias que hicieron saltar chispas (los actores y el equipo se instalaron en una cárcel abandonada real), Presidio es una irregular pero efectiva película de cárceles fantasmales que se anticiparía a éxitos menores de finales de los ochenta y primeros noventa como Encerrado o Libertad para morir.

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CATACOMBS (Catacombs, David Schmoeller, 1988)

Otra joyita oculta que, pese a pertenecer ya a los últimos años de la casa, demostró que David Schmoeller era uno de los talentos visuales más indómitos de la productora, rivalizando con otros habituales como Stuart Gordon. En este caso, la película tampoco tuvo la suerte merecida y padeció una errática distribución, llegando a venderse como cuarta entrega de la saga Curse en Estados Unidos. Schmoeller recaló aquí tras abandonar la dirección de la también estimable y caótica Ciudad fantasma. Adelantándose al estilo y la estética de lo que serían las futuras producciones Full Moon, Catacombs cuenta cómo una estudiante se aloja en una abadía italiana en cuyas catacumbas habita una criatura diabólica. Y aunque ésta no se manifiesta hasta el final, Schmoeller pasa el resto del tiempo cimentando una atmósfera perturbadora y oscura (dentro de las enormes limitaciones presupuestarias) que hacen que la criatura posterior sea auténticamente temible. Así, esas limitaciones se convierten en su mejor arma, optando por la sutilidad en las manifestaciones del mal: cristales de gafas que se agrietan, perturbadores planos subjetivos, fosos que se llenan solos de tierra… Una película impía y turbadora que revela una de las armas secretas predilectas de la Empire: cuando falta el dinero, la imaginación más negra llega al asalto.

John Tones es el autor del libro EMPIRE: EL CINE DE CHARLES BAND VOL. 1, el estudio más completo publicado en castellano sobre la productora de Charles Band, donde encontrarás amplias reseñas de todas las películas citadas en este artículo y del resto de la filmografía de la Empire.
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