Todo comenzó cuando Danny Rubin, un escritor que se había trasladado a finales de los años ochenta para triunfar como guionista en Hollywood, se planteó qué argumento debía presentar a los productores que quisieran reunirse con él. Quería partir de una idea que le había inspirado la lectura de una novela de Anne Rice perteneciente a la saga protagonizada por el vampiro Lestat de Lioncourt: «Si una persona pudiera vivir para siempre, ¿cómo cambiaría con el paso del tiempo?» La cuestión era cómo desarrollar un tema que irremediable induce a reflexionar sobre las consecuencias que conlleva una aburrida existencia eterna, algo que, por cierto, ya trató una de las cumbres de la novela gótica decimonónica, Melmoth el errabundo de Charles R. Maturin. La solución la encontró Rubin al acordarse de un cuento que había escrito años atrás y que trataba de un hombre que, cuando habría se despertaba por las mañanas, descubría que lo hacía siempre en el mismo día, justo el anterior y no el que debía ser el siguiente. ¿Y si este hombre dedicaba su vida en bucle a ligar con una mujer? Uno más uno más uno. ¡Bingo! Así nació el argumento de la que habría de ser de las comedias cinematográficas, ya convertida en clásico absoluto, más apreciadas de las últimas tres décadas.
El desarrollo y las distintas reescrituras del guion que firmó Rubin junto con el que finalmente iba a ser el director del film, Harold Ramis (quien condujo la trama más hacia la comedia), amén de las discusiones que este último tuvo con el actor protagonista, Bill Murray (que prefería ahondar en los aspectos filosóficos y no tanto en la redención del personaje: de hecho la disputa fue el principio de una serie de conflictos que acabaron con la amistad entre ambos), dieron como resultado Atrapado en el tiempo (1993). Este largometraje no solo fue un éxito de público y crítica, sino que acabó convirtiéndose en un hito cultural. Lo que podría llamarse «Efecto del Día de la Marmota» nos mete de cabeza en terrenos del existencialismo, el pesimismo filosófico y hasta la filosofía budista: cualquier cautivo en el tiempo debe reexaminar su propia existencia y, lo quiera o no, cuestionarse las motivaciones humanas, el libre albedrío y la prioridades para poder (sobre)vivir a esa repetición que puede ser desesperante y certifica el absurdo de la vida humana. Además, y he aquí, el motivo de las próximas líneas, Atrapado en el tiempo ha abierto la puerta a otra especie de bucle ante el cual, cuando vemos obras que han tomado prestadas las reglas establecidas por Rubin y Ramis, los espectadores exclamamos: ¡Esta película más o menos ya la hemos visto! Llámense versiones encubiertas u homenajes (más o menos declarados), no han sido pocos los títulos realizados. Desde la misma base del personaje que no consigue salir del bucle (tras el desconcierto inicial de haber descubierto su caída en él), las siguientes propuestas han explorado varios caminos, bien entrando plenamente en la ciencia ficción, bien apostando por la comedia y su derivación romántica, bien agitando en la coctelera otros ingredientes genéricos. Hay más, pero quizás estas son las más interesantes y meritorias:
Un día sin fin (Giulio Manfredonia, 2004)
Antes que nada, un remake oficial pero trasplantado a otras latitudes. ¿A que muy pocas personas se acuerdan de él? Es una pena, porque se trata de un trabajo más que meritorio, con un gran elenco de actores además. Una coproducción italoespañola en la que un conocido y muy poco simpático presentador del país de la bota se trasladaba a Tenerife para grabar un reportaje sobre las cigüeñas locales, y pasa lo que ya sabemos que pasa. Al lado del gran cómico Antonio Albanese aparecen intérpretes nacionales como Goya Toledo, Asunción Balaguer, Pepón Nieto, Pilar Punzano…
Código fuente (Duncan Jones, 2011)
Tras su magnífico debut Moon (2009), Jones revalidó con su segunda película las credenciales como autor de ciencia ficción que buscaba ser consistente antes que efectista o revolucionario. Aquí no había Día de la Marmota ni castigo fantástico, sino un militar (Jake Gyllenhaal) que, gracias a un sofisticado programa de realidades paralelas que permite a una persona experimentar los últimos ocho de vida de otra, se mete en la piel de una de las víctimas de un atentado terrorista en un tren. ¿El objetivo? Descubrir quien ha sido el responsable (y tal vez impedirlo), Claro, no lo consigue ni a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera…
Al filo del mañana (Doug Liman, 2013)
El Día Que Los Feroces Invasores Alienígenas Vapulean A Las Tropas Terrestres. En la batalla muere el oficial Tom Cruise, pero vuelve repetidamente a la casilla de salida. Lo dice el título original alternativo de la cinta: Live. Die. Repeat. Tom descubre, porque se lo indica la guerrera Emily Blunt, que esa circunstancia puede ayudarles a cambiar las tornas de la guerra y ganarla. Si todos los blockbusters fueran así, otro gallo cantaría en la industria.
Feliz día de tu muerte (Christopher Landon, 2017)
La combinación con el canónico slasher de campus universitario. La protagonista (Jessica Rothe), más que la «chica final», no pasaría de ser una de las varias víctimas anteriores del acuchillador de turno. Su papel ocuparía seis o siete minutos en esa hipotética película… hasta que el momento de cerrar postreramente los ojos la conduce a la apertura de los mismos varias horas antes. A partir de ahí el argumento se convierte en un whostilldunit, es decir, un «¿quién sigue matándome?». Y el filme cumple con creces. Es más, haciendo sus responsables una sorprendente pirueta, se filmó una secuela un año después que era mejor todavía, esta vez sumando otro homenaje con solera: Regreso al futuro.
El increíble finde menguante (Jon Mikel Caballero, 2019)
Otra aportación española, esta vez al cien por cien. El debut en el largometraje de Caballero es la producción más modesta desde el punto de vista presupuestario que hay en esta lista, lo que no quiere decir que lo sea desde el conceptual ni, por supuesto, en términos de resultado artístico. Sin abandonar la subtrama romántica, y moderando un tanto la comicidad, se suma el elemento angustioso que ya anuncia el título: ¡glups!, el bucle es cada vez más corto. Atención al recurso formal empleado para intensificar este hecho. La película funciona sobre todo por lo bien que se construye al complejo personaje principal, así como por la actriz que lo interpreta, Iria del Río. La resolución da para debate.
Boda sin fin (Maggie Peren, 2020)
Nos vamos de boda, a una de esas en las que la protagonista de la película es una invitada que comete estropicios. Aunque se trata de una narración arquetípica sobre amores verdaderos y personas equivocadas, la condena de la repetición de la ceremonia nupcial a la que se ve sometida dicha protagonista se sazona con reflexiones de, nada más y nada menos, Arthur Schopenhauer, aumentando así su poso filosófico. El mundo como voluntad y representación, evidentemente. Por cierto, como se trata de repetir y repetir a la vez que se cambian las reglas, la banda sonora consiste exclusivamente en versiones, alguna muy estimulante, de la canción «Mr. Sandman».
Palm Springs (Max Barbakow, 2020)
Otra boda, pero con un elemento diferenciador que, sin embargo, ya aparecía en la coreana A Day (2017): ¿y si el atrapado en el tiempo descubre que no es el único y encuentra a otro condenado más? Llegados a este punto del repaso cinéfilo, nosotros nos preguntamos: ¿es posible revisar de nuevo con gracia y sentido el argumento de Atrapado en el tiempo cuando ya lo hemos visto tantas veces? Después de disfrutar de Palm Springs, nos atrevemos a responder: va a resultar demasiado difícil. Con unos porcentajes de 80% comedia y 20% ciencia ficción, recogiendo además gran parte de las ideas y los planteamientos que se han expuesto en estas líneas, esta cinta bien podría definirse como un compendio definitivo (con hermosos dinosaurios en su desértico fondo…). Con sus personajes y las alocadas aventuras que viven, Andy Samberg y Cristin Milioti están al frente del cierre perfecto del círculo que empezó hace casi treinta años el trabajo dirigido por Harold Ramis. Y, como aquel, cabe considerar Palm Springs como una de las comedias estadounidenses más brillante de su época. Estupenda.
Tráiler extra: Así empezó todo
Atrapado en el tiempo (1993)


