—¡Don Luís! Ya he visto el vídeo tres veces ¡y todavía no he dado con usted!
—Hola, Susana. ¿De qué hablas? ¿El vídeo?
—¡El de David Bowie!
—¡Ah, vale, vale! ¿No me has encontrado?
—¡Qué va! Y eso que me he fijado bien. Sale por ahí mucha gente.
—También es que ha pasado un montón de tiempo, hija. Año 87, ¿no? ¡Hasta a mí me costó reconocerme!
—Lo que yo no reconocía era Madrid. Como dirían en un wéstern a la italiana: «¡Madre de Dios!». ¡Qué cambio! Más viendo la versión larga del video, casi quince minutos…
—Sí, merece la pena ver la pieza completa de la MTV que te pasé y no la versión corta que me enseñaste el otro día.
—David Bowie, acompañado por Peter Frampton, dándose un garbeo una mañana por Madrid. Alucinante.
—Alucinante. Sí.
—Primero por la naturalidad de todo, en serio. Dos estrellas del rock que pasean por la ciudad como si tal cosa. Ejerciendo de inglesotes con sus chistes malos y sus chorradillas, sabiéndose que son gente famosa, pero sin un atisbo de arrogancia por ningún lado. Y derrochando magnetismo a raudales. Y siendo amables. De acuerdo, será un acto promocional y se sabrán grabados por la telecámara; les acompañarán gente de prensa y habrá cierta preparación… Sin embargo, reconozco que me emociona. Por un lado, joder, se respira un algo de verdad que no sé explicar, una verdad que resulta muy rara de ver hoy día en el mundo de la música y el espectáculo. Por otro lado, me encuentro con un Madrid que no he conocido pero, extrañamente, echo de menos. Aunque, bueno, tampoco encuentro ya rastro del de hace quince, cuando vine a vivir aquí…
—Ese era mi Madrid, el que conocí y ya no existe. No veas mi emoción también verlo renacer en pantalla, ahora que se nos está expulsando de la ciudad a sus ciudadanos, ahora que se está dejando un Madrid exclusivamente para los no madrileños… O solo para los que tienen la cartera llena.
—Y para los turistas… Solo ricos neoliberales y turistas. No hay cabida para el resto en la versión siglo XXI del centro de las principales ciudades europeas… Entonces, ¿no había visto usted el vídeo hasta ahora?
—Qué va, para mi supuso una gran sorpresa. Eso lo sacó hace poco MTV en internet y no sé si saldría en su época en Estados Unidos, claro. En España no se vieron esas imágenes. Pero sí emitieron una entrevista que le hizo Joaquín Luqui a Bowie en esos mismos días, coincidiendo con la gira, que pasaba por aquí. ¡Lleva el mismo peinado! ¡El Glass Spider Tour si no me equivoco! La encontré trasteando en YouTube…
—¿Pero se acuerda de ese día? El del paseo.
—Imagínate.
—Lo habrá usted revivido a lo bestia, ¿no, don Luis?
—Ya te digo… No se puede olvidar. Vas tan tranquilo por la calle una mañana para hacer tus gestiones y te encuentras con ¡David Bowie! Bueno, y con Frampton, que me gustaba mucho. Más que en solitario y el Frampton Comes Alive!, que estaba muy bien, lo prefería como guitarrista con Humble Pie. «¡¡I-dont-neeeed no-doctor…!!».
—¿¿No sé será usted el chico que se acerca, pregunta si ese ese Frampton?? ¿¿Al que David le engaña respondiendo que no?? Que se le parece, dice, o algo así, pero nada más.
—No, no. Ese no soy yo. David, genio y figura.
—Genio y figura total.
—¿Y qué me dices de cuando cruzan por el callejón del Gato y le piden un boli a una chavala? David se queda con el boli ¡y ella quiere que se lo devuelva!
—«David! It´s mine!». ¡Fantástica la chica!
—Estupenda… ¿Te imaginas a un Valle-Inclán redivivo contando un nuevo Luces de Bohemia ese día? «Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato». Aunque también: «Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada».
—Afortunadamente Bowie ni cayó en el esperpento, como sí hicieron otros rockeros al final de sus carreras, ni tampoco era español. Jo, ¡cómo se le echa de menos!
—Mucho.
—Me pasa un poco con ciertos artistas ya muertos, con gente como George Harrison, no sé. Una a veces se acuerda de ellos y se apena haberlos visto morir. Ya sabe lo que quiero decir.
—Pues volviendo al video, ahora lo he comprobado viéndolo, pero te puedo asegurar que es la misma sensación que tuve entonces: la falta de mal rollo, el derroche sincero de carisma, las ganas de divertirse. Bueno, y no sé si había gente de seguridad. Sí iba un pequeño séquito, pero no parece que hubiera guardaespaldas. Cómo ha cambiado el mundo. Qué feo es ahora. Perdona, Susana, que ya empieza a hablar el cascarrabias…
—Vamos, ¡si hasta yo con treinta y pico ya lo soy!
—En fin, que hoy nadie concibe ver a alguien de la categoría de Bowie, por entonces aún en la cima de su popularidad, ir caminando desde la plaza de Santa Ana…
—Por cierto, una plaza irreconocible…
—Irreconocible, sí… caminando desde Santa Ana hasta la Plaza la Mayor y sentarse en una mesa para tomar una caña.
—Y si se hiciera eso se montaría la de Dios.
—Logísticamente sería imposible.
—Y desde el punto de la realización. ¡Podríamos decir que es un plano secuencia en toda regla! Un paseo sin cortes por las callejuelas del centro. Pese a lo improvisado que parece, les salió de maravilla, también técnicamente hablando.
—Si hubiera sido con otro, no habría salido igual. O no habría salido. Ni siquiera Mick Jagger, mira lo que te digo. David tenía un algo a todas luces irrepetible.
—Qué poder de atracción: eso sí que es magnetismo en estado puro.
—Hay gente que tiene ángel y gente que no. Simple y llanamente.
—Qué sonrisa, qué figura y qué todo. Y la música, claro. El otro día, por ejemplo, estuve escuchando «Sound and Vision» y sorprende comprobar su modernidad. Funciona como una canción perfecta de los ochenta, ¡pero salió en 1977!
—En los setenta su trayectoria solo fue hallazgo tras hallazgo tras hallazgo.
—Pues la semana pasada, que vino mi hermana mayor con mi sobrinilla, que apenas tiene cuatro añitos, pusimos Dentro del laberinto.
—La tengo que revisar porque hace un montón que no la veo. No sé yo si desde los ochenta.
—Pues no ha perdido nada, ¡una preciosidad absoluta! Cuando se marcharon, continúe con la sesión bowieviana, o como se diga. Vi Principiantes. Él estupendo, pero la peli no me convenció. Y eso que es de Julian Temple.
—Posiblemente no le salió particularmente bien al Temple, es la sensación que tuve también.
—David actuó en un montón de películas, ¿no? ¡Me apetece verlas todas!
—Sí, puede decirse que desarrolló una carrera en la actuación casi en plena regla.
—Don Luis, tenemos que hacernos un ciclo del David actor.
—¡Eso está hecho, Susana! Un fin de semana lo organizamos.
—Bueno, ¿y no me va a decir en qué parte de la grabación sale usted?
—Si no lo descubres antes, te lo enseño el día del ciclo.
—¿Prometido?
—¡Prometido!
(De la serie Susana Polvo y don Luis, buenos vecinos)

