Entrevista cinéfila con la autora de Anatomía de un corazón salvaje

Anatomía de un corazón salvaje es la explosiva autobiografía de la actriz, directora y cantante italiana Asia Argento (Roma, 1975). Pocos días después de su llegada a las librerías españolas, la autora presentó el libro en Málaga, en el marco de la Semana Internacional de Cine Fantástico Costa del Sol de 2021, donde también recibió el Premio Unicornio a toda su carrera. Fueron dos días intensos de entrevistas, encuentros y celebraciones en los que los discursos y las preguntas giraron en torno a las vivencias que cuenta en la obra, la vida de una niña que, con una vida difícil ya desde muy pequeña, se convirtió en una joven que vivió la peor cara del mundo del espectáculo. Además se recordó una rica trayectoria de más de 35 años con la que la intérprete de El síndrome de Stendhal (1996) o La tierra de los muertos vivientes (2005), y también realizadora de Scarlet Diva (2000) o El corazón es misterioso (2004), ha demostrado su condición de artista inquieta y muy singular. También encontramos un hueco para hablar con ella sobre las pasiones que la unen con la editorial, obviamente el cine y la música. He aquí lo que nos contó, sobre todo, acerca de su cinefilia y lo que opina de la actual narrativa audiovisual.

Asia, vamos a hablar un poco de cine, de esas películas y esos directores que te gustan, que tú consideras referencias personales. Empecemos con el cine internacional clásico.

Lo que el viento se llevó, Ciudadano Kane y Los 400 golpes.

¿Del cine internacional actual?

Mi director preferido, y también mejor amigo, pero que si no lo fuera, pensaría lo mismo de él, es Gaspar Noé. Nunca me ha decepcionado. Todas las películas que hace son siempre sorprendentes y me llegan profundamente. Me gustan las películas que me sacuden. Y, como con los escritores en la literatura, sigo completamente a un director si me encanta, viendo todas sus películas.

¿De cine clásico italiano?

Todos los «inis» y «onis». Pasolini, Fellini, Antonioni, Rossellini…

¿Del italiano actual?

Me gusta mucho el cine de Matteo Garrone. Más que el de las fábulas, prefiero el realista, como Dogman.

¿Y algo de cine español?

Alex de la Iglesia. Me encanta lo que hace. Es de veras un gran director, lo sigo mucho.

Dentro del cine de terror, después de tu padre, siempre dices que tu cineasta favorito es Tod Browning, aunque la plasmación que hace del miedo casi siempre se aleja del elemento fantástico. Ayer nos hablabas de La parada de los monstruos, pero también de toda su filmografía. Entonces, ¿por qué Tod Browning?

Era un inadaptado. Alguien que osaba y que usaba actores como Lon Chaney para hacer filmes realmente rompedores e innovadores, muy modernos para su época. El pobrecillo acabó sus días en la miseria por haber seguido ese instinto de contar historias diferentes que hablaban de personas diferentes, un poco horribles y un poco como la gente verdadera. Ese instinto de contar, sin miedo, el lado oscuro de la vida. Y pagó las consecuencias. Me entristece pensar en su recorrido vital, pero para mí es una inspiración porque es un director que nunca hizo concesiones. Por cierto, tengo todos los libros que se han publicado sobre él.

¿Qué piensas de los cambios del actual paradigma audiovisual? Por un lado está la apuesta productiva por las series.

Respecto a las series… Mira, el cortometraje es como un aforismo. El largometraje, como una poesía o como una novela. Y la serie, Guerra y paz o En busca del tiempo perdido. Es otro formato para relatar una historia, porque se tiene mucho tiempo para contar los detalles o el arco de los personajes. En la literatura ya existe eso, así que no estoy en contra. Alargar diálogos es algo que, por ejemplo, en el cine no podrías hacer, porque ahí tienes que darte prisa. Y en las series tienes la libertad de hacerlo sin sentirte culpable. También te digo que, aunque haya gente que hace películas de tres horas y media, a mí me gusta hacerlas breves, de 90 minutos.

Y, por otro lado, tenemos la tendencia de ver cada vez más cine en casa y menos en las salas.

Lo de las salas, desgraciadamente, es un poco como las iglesias. Se están vaciando y van solos los ancianos. Quien busca la espiritualidad dentro de sí mismo la puede encontrar en su casa. Por otro lado, seguramente estamos encariñados con este rito de comunión con los demás de sentir la misma emoción en el mismo momento, esa gran pantalla y esa oscuridad que te dominan. Repito la metáfora: la sala es como en la iglesia, un lugar con esa palabra que se dice y nos ilumina; mientras que después, ya en casa, uno puede rezar, o ver una película, solo.

Vayamos a la música, tu otra gran pasión. Si ahora bajara un extraterrestre y te preguntara qué canciones tiene que escuchar, quizás por género o por época, de década en década, desde los cincuenta por ejemplo.

Uf, no sé, es muy complicado, porque si dijéramos los sesenta le diría que escuchara todo de los Beatles. No, este juego no lo podemos hacer, ¡sobre todo porque a un extraterrestre le diría que escuchara a Mozart para quedarse contento! Si no ha escuchado antes un genio de la música, ahí lo tiene.

Hablemos, pues, de un solo artista. En el libro declaras tu amor absoluto por Bob Dylan, de quien coleccionas todos sus discos en vinilo

Sí, sí.

¿Qué piensas de lo que lleva haciendo las últimas décadas, eso de tocar en directo de manera a veces irreconocible sus canciones más famosas?

Bueno, quien conoce bien su música, sabe que esto, en realidad, lo ha hecho siempre. Incluso en aquel famoso concierto del Royal Albert Hall, en el que la música acústica se convirtió en eléctrica, y la gente se enfadó y lo llamó Judas. Sus canciones son poesías, así que se pueden leer y musicar de un modo u otro. Lo que veo muy generoso por parte de este gran artista es que, llegado un momento concreto de su vida, cuando estaba a punto de perder el uso de la mano y hasta de morir, hizo una promesa, no sé si a Dios o a la divinidad en la que él cree, de seguir siempre con la misma gira hasta el día de su muerte, el Never Ending Tour. Es de una generosidad inmensa, porque gente como yo que intentamos verlo una vez al año en concierto podemos conseguirlo. A diferencia de periodos en los que veías a Dylan cabreado con el público, en los últimos conciertos descubres que ahora está en un momento de paz, vestido así, con una mano en el bolsillo, con sombrero de vaquero, el bigotito. Es hermoso. Y aprecio el hecho de que no se puedan hacer en ellos fotos ni vídeos. Por eso los recuerdos los guardo en la cabeza, no necesito imágenes. Por cierto, lo de cambiar sus canciones denota que todavía es un persona con curiosidad y en busca de mejorar o de obtener un punto de vista diferente de una canción que quizá ha escrito cuarenta años atrás.

Nuestra amiga Asia

Es imposible resumir en un pequeño texto el cúmulo de sensaciones vividas por parte del Equipo Applehead durante el sábado y domingo del festival. Resultó muy emocionante compartir conversaciones, mesas en restaurantes y actos públicos con Asia Argento. De las dos cosas que más cabría destacar, la segunda es la satisfacción que sentimos cuando le preguntaban a la autora de Anatomía de un corazón salvaje por qué había elegido Applehead Team para publicar en España, y ella respondía que, cuando le llegó la propuesta por parte de la editorial, investigó sobre ella y pensó que era la más adecuada para cuidar y defender el libro, una decisión que, según estaba comprobando estos días, había sido acertada.

Fuera de los momentos promocionales, hemos tenido ocasión de hablar de ella sobre películas y directores; también de disfrutar juntos de una variada selección musical durante los desplazamientos en coche, que resultó una perfecta banda sonora para el fin de semana festivalero. Impresionaba estar delante de una persona que había trabajado codo con codo o conocido tantos grandes artistas, de quienes guarda recuerdos imborrables y anécdotas únicas. Habló, como no podía ser de otra manera, de su padre, Dario Argento. Esta orgullosísima de haber trabajado en su última película, Occhiali neri, que se estrenará el año próximo, donde ella ejerce de productora y aparece en un papel secundario. Contó que se trata de un proyecto basado en un viejo guion, escrito en los noventa por el autor de Rojo oscuro, que, cuando nadie lo imaginaba, cobró nueva vida con mucha fuerza. Lo mejor para ella ha sido comprobar cómo su padre volvía a estar en plena forma.

También salió el nombre de George A. Romero, con quien trabajó en su cuarta película zombi, La tierra de los muertos vivientes. Aquel fue un rodaje especial, realizado exclusivamente en horario nocturno, y siempre recordará cosas buenas del director, a quien nunca le faltaba un pitillo en la boca, aunque lamenta las circunstancias personales en las que este se encontraba durante ese periodo y que ya lo acompañaron hasta el final de sus días años después: el desánimo vital y la decepción con el mundo del cine. Igualmente, rememoró la figura de otro mito, Dennis Hopper, contando entre risas aquella vez que compartían hotel y una noche, de repente, saltó la alarma de incendios. Asia salió corriendo con su hija y resulta que había sido Hopper el responsable porque se había encendido un porro en su habitación. Por último, otro nombre que aparece a menudo en las conversaciones es el de su maestro y amigo Abel Ferrara, revelando que, como el cineasta estadounidense vive en Roma, llevan tiempo preparando un proyecto cinematográfico conjunto en la que ella será la protagonista.

Enormemente profesional cuando tocaba serlo, pero también cercana, amistosa, agradable y humilde con todos los que la acompañaban y durante todos los actos en los que participaba —donde, además, siempre mostraba pena y preocupación por los terribles incendios que, en ese momento, azotaban los montes cercanos a Estepona—, fue muy hermoso conocer a la persona que hay detrás de la artista. No nos hemos equivocado al principio del texto cuando hablábamos de las dos mejores cosas de ese fin de semana y hemos dicho solo la que creíamos la segunda. He aquí la primera: al despedirnos con tristeza el domingo por la tarde, nos parecía decir adiós a una buena amiga que ya conociéramos desde hace tiempo. Speriamo rivederti al più presto, Asia!!! Grazie di tutto!!!

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