Por Jesús Félix Sacristán

El 9 de mayo marca el 40º aniversario del estreno de Viernes 13 en EEUU, película que recogió las influencias de varios títulos previos pero que fue, a su vez, la que realmente impulsó la explosión del slasher que se vivió durante la primera mitad de la década de los 80. Todo ello será explicado en el libro “Vacaciones en Crystal Lake. La saga de Viernes 13”, de Jesús Félix Sacristán, que próximamente pondremos a la venta. De momento, vamos a celebrar este 40º aniversario de Viernes 13 no hablando de la película en sí, sino del impactó que causó y cómo generó una serie de variantes que recogían el testigo de la familia Voorhees para llenar los bosques y las cabañas de muerte. Aquí va un paseo por otros campamentos sangrientos.

LA QUEMA (THE BURNING, 1981, TOMY MAYLAND)

Consecuencia directa del éxito de la primera entrega de la saga de Jason Voorhees resultó La quema, que además contó con la colaboración de Tom Savini, uno de los artífices de Viernes 13. Fruto de una broma pesada, convertida en desgraciado accidente, el cuidador del Camp Blackfoot sufre graves quemaduras pero no tardará en cobrarse su venganza… La quema podría pasar por una película de la serie Viernes 13 con muchas secuencias similares: un grupo de adolescentes en celo, que trafican con revistas Playboy y preservativos, escuchan historias de terror alrededor de un fuego o se bañan desnudos en el lago. El asesino, Cropsy, se muestra muy habilidoso con las tijeras de podar: corta cuellos o dedos, apuñala y practica quirúgicos tajos capaces de dejar sin sentido, permitiendo que Savini se luzca con sangrientos resultados. Entre las víctimas, una jovencita Holly Hunter y un irreconocible Jason Alexander (George Constanza en Senfield) aún con pelo en la cabeza. Música de Rick Wakeman, antiguo teclista de Yes, en una de las primeras películas de Miramax y basada en una leyenda urbana que se narraba en los campamentos durante los años 60 y 70.

MADMAN, EL LOCO (MADMAN, 1982, JOE GIANNONE)

Durante un casting para una producción titulada Madman, el loco una actriz comentó que su novio tenía un papel en la película La quema basada en la leyenda de Cropsy, así que hubo que hacer cambios en Madman, y retrasar el rodaje, que partía de la misma premisa. La trama quedó así: en un fuego de campamento se narra la historia de un hombre que se volvió loco y mató a su familia. Si pronuncias su nombre, aunque sea susurrándolo en el bosque, él lo escuchará. Y si escucha que dices su nombre, vendrá a por ti, como Candyman. Obviamente, alguien se salta la norma a evitar y el hombre, Madman Marz, cumplidor, se persona en el lugar y comienza a matar monitores. Con una horrible prótesis de maquillaje, el hombre con garras liquida a zarpazos o usa el capó de un coche para decapitar aunque también comete crímenes tan alejados de la filosofía slasher como un ahorcamiento y tiene una casita decorada al estilo Ed Gein.

SAGA SLEEPAWAY CAMP (1983-2012)

Mucho más recordada que la anterior es Campamento de verano (Sleepaway Camp, 1983, Robert Hiltzik), que ha sido convertida en una película de culto por su punto desquiciado. Entre los personajes imbéciles y los diálogos ridículos, un final para el recuerdo: Ángela, la tímida chica protagonista interpretada por Felissa Rose es, en realidad, un niño.

En la segunda entrega Campamento sangriento II: Infelices campistas (Sleepaway Camp II: Unhappy Campers, 1988, Michael A. Simpson), Ángela (ahora interpretada por Pamela Springsteen, la hermana pequeña de Bruce) se ha sometido a una operación de sexo y se ha convertido en una monitora del campamento Rolling Hills y en una puritana extrema que acuchilla, quema, taladra, decapita o rocía con ácido de batería a un gran número de campistas; y oculta las muertes diciendo que los ha expulsado. Un momento divertido, digno de Scary Movie, escuando busca un objeto para asesinar a quien ha descubierto parte del secreto; también marcan ese tono de humor la aparición de unos disfraces cutres de Freddy, Leatherface y Jason; o un rótulo final que da las gracias al espectador por leer los títulos de crédito.

Con un comienzo que incluye música heavy y tetas tatuadas —eso es tener definido tu target— en Campamento Sangriento 3 (Sleepaway Camp: III: Teenage Wasteland, 1989, Michael A. Simpson), esta entrega narra el experimento que se va a realizar en el campamento New Horizon, consistente en mezclar chicos y chicas de diferentes clases sociales. Repite Pamela como Ángela Baker, de nuevo como campista, y tenemos algunas referencias a la franquicia de Jason: la historia ocurre un sábado 14 y los personajes pescan una máscara de hockey. Pero, en general, la película se basa en una tontería tras otra y un crimen tras otro. En la variedad está la diversión, aunque se base en cosas tan improbables como el hecho de que la villana llegue a grabar un rap para que una de sus víctimas, aficionada a esa música, lo escuche antes de morir. ¿A qué guionista se le ocurre algo así?

Sleepaway Camp IV: The Survivor (2012) fue un proyecto de un webmaster australiano, un “producto” para fans que se acerca peligrosamente a la tomadura de pelo y que haría enrojecer de vergüenza al mismísimo Roger Corman. Toda la supuesta trama aparece narrada con una voz en off y un texto superpuesto tras los créditos, porque el resto consiste en unos planos de una chica en bikini, a veces vestida, que casi sufre una violación, es perseguida por los bosques y poquito más… Utiliza los brutos de rodaje de 1992, una secuela que no se completó por la quiebra de la productora. El tiempo restante, hasta 70 minutos, se ocupa con cortes de las tres películas anteriores. La web slepawaycamp.fandom.com sitúa en 34 minutos el material nuevo, pero la sensación, sin cronómetro en mano, es que el 95% de la cinta es reciclada.

Y en 2008 se estrenó una secuela-reboot, Campamento sangriento: El regreso (Return to Sleepaway Camp, Robert Hiltzik) que se completó en 2003 pero no se estrenó antes por lo insatisfactorio de sus efectos especiales. Regresó el director y la actriz principal de la película original, pero el resultado es un buen ejemplo de lo difícil que es mantener el encanto de los slashers ochenteros…

ANIMADORAS ASESINAS (CHEERLEADERS CAMP, 1988, JOHN QUINN)

Híbrido entre una comedia de brocha gorda, estilo Porky’s, y un slasher al uso, que se recrea en el gore a pesar de no mostrar demasiado de los crímenes, probablemente por motivos presupuestarios. Hay algo de inspiración en Pesadilla en Elm Street —las secuencias oníricas de la protagonista con problemas de ansiedad rodadas entre dutch shots y cámara en mano— y un misterio en torno al asesino que muchos, muchos espectadores, descubrirán antes de tiempo. Probablemente sea la película no pornográfica más orientada al género masculino que se recuerde y que explora el mito sexual de las animadoras. ¿Quizá una crítica o sátira sobre la competitividad basada en el hecho de ser popular? No, dudo que hubiera ninguna idea similar en la cabeza del guionista. En el reparto, un Leiff Garret en horas bajas, aunque aún caería más hondo…

CABIN FEVER (2002, Eli Roth)

El que fuera nuevo director estrella del cine de terror durante un tiempo, Eli Roth, debutó con una película que evoca el espíritu de los campamentos slasher y todas sus imágenes más icónicas: una cabaña alquilada por cinco jóvenes que cuentan historias de terror alrededor del fuego, fuman marihuana, practican sexo (fist fucking incluido) … hasta que una enfermedad contagiosa los hace caer uno a uno. Algún exceso retórico como la cámara lenta, unos puntitos de humor y la música de Angelo Baladamenti completan una muy entretenida película. Tuvo una secuela (Cabin Fever 2) ambientada lejos de cabañas y bosques, pero con un escenario muy del género: un baile de graduación.

CAMP DAZE(A.K.A. CAMP SLAUGHTER, 2005, ALEX PUCCI)

Una película no muy conocida y poco valorada, pero una debilidad personal por su deliciosa e improbable mezcla entre Viernes 13 y Atrapado en el tiempo. El coche de cuatro jóvenes se queda sin gasolina en medio de un bosque. Cuando despiertan, se encuentran con un grupo de campistas y monitores que parecen extraídos de los 80. Pasan el día en el campamento Hiawatha entre extrañados y divertidos por los anacronismos. Cuando cae la noche se produce una auténtica carnicería en el lugar con decenas de muertos. Pero al día siguiente, nada parece haber sucedido… La película imita los títulos de crédito de Viernes 13 y realiza constantes referencias en los diálogos: «¿Has oído hablar de Jason?», «Por favor, decidme que hoy no es viernes 13». Aunque quizá abusa del gimmick del bucle temporal, se trata de una divertida vuelta de tuerca a los campamentos sangrientos.

LAS ÚLTIMAS SUPERVIVIENTES (THE FINAL GIRLS, 2015, TODD STRAUSS-SCHULSON)

Una actriz que participó en la ficticia película “Camp Bloodbath” está atravesando problemas económicos, nadie la quiere contratar porque la recuerdan de aquella película de terror. Al regresar de una audición junto a su hija, ambas sufren un accidente de coche y la madre fallece. Tres años después, Max sigue lidiando con la muerte de su progenitora, aunque acepta asistir a una convención sobre “Camp Blootbath”, que se ha convertido en una película de culto. El cine en el que se proyecta se prende en llamas por una serie de casualidades dignas de la saga Destino final. Max y sus amigos atraviesan la pantalla en su huida y aparecen en la propia película, “Camp Bloodbath”. Premisa parecida a la anterior (con un pequeño aporte de La rosa púrpura de El Cairo) aunque tono diferente, The Final Girls es un homenaje a los slashers de campamentos en general, y a la franquicia Viernes 13 en particular. Así, hay ironía sobre el anacrónico sexismo u homofobia; mantiene el tópico sobre la virginidad de las final girls y se burla de las convenciones narrativas del género (la invulnerabilidad del monstruo en esa hiperbólica confrontación final) y de las estilísticas (la cámara lenta).

No están todas las que son, la cantidad de películas que existen sobre campamentos sangrientos daría para un tomo completo de la colección Noche de lobos. Dejamos pues para una segunda parte de este artículo Camping del terrore (1986)del maestro exploitation Ruggero Deodato, las pantanosas aguas del direct-to-video de la serie Camp Blood, iniciada por Brad Sykes en 1999, o el mainstream American Horror Story: 1984.

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