Entrevista con el autor de ¡Más fuerte, muchachos! El cine de Bud Spencer y Terence Hill

Si hay un libro de cine que representa un auténtico acto de justicia, ese es ¡Más fuerte, muchachos! El cine de Bud Spencer y Terence Hill. En primer lugar, porque hasta la fecha de su publicación, hace poco más de un año, no existía en español ninguna obra dedicada a la mítica pareja cómica que formaron los actores italianos Carlo Pedersoli y Mario Girotti. Y, en segundo, porque nunca están de más ni la reivindicación de su filmografía, un episodio fundamental en la historia del cine no solo humorístico, sino también del de acción, ni un renovado vistazo crítico que analice pormenorizadamente el legado de dos (súper dos) héroes del cine de barrio y los videoclubs. La suya fue toda una aventura artística única que Daniel Lorenzo, el autor del libro, ha sabido contar y analizar de manera rigurosa, profunda y, a la vez, muy divertida. El placer de la lectura de ¡Más fuerte, muchachos! surge de nuevo cuando se charla con Daniel sobre su trabajo: se percibe desde el minuto uno que el entusiasmo que generan en él Spencer y Hill en él está vivo. En este caso, sucede lo mismo sucede en su interlocutor.

Tu libro, entre otras cuestiones, establece un espacio intergeneracional entre las personas que disfrutaron a Bud Spencer y Terence Hill en el cine y las que después lo hicieron en el videoclub y, un poco más adelante, en la televisión, a principios de los noventa. ¿A qué grupo perteneces? ¿Cuándo y cómo empezaste a disfrutar de su cine?

Es curioso, porque uno de mis primeros recuerdos cinematográficos se corresponde con …y si no, nos enfadamos. Recuerdo perfectamente verla en la televisión (y estoy hablando de la época en la que solo existían tres canales, así que supongo que sería en TVE1) y jugar al día siguiente con mis compañeros de parvulitos (así llamábamos entonces a la Educación Infantil) a recrear la pelea del final de la película. Yo debía tener cinco años, así que debemos estar hablando de mediados de los ochenta.

Enseguida llegaron los canales privados y en Telecinco pudimos disfrutar de las películas del dúo. Todos los fines de semana caía alguna, o de ellos dos como pareja o por separado. Recuerdo mucho verlas con mi padre, y eso es algo atípico, porque mi padre nunca ha sido especialmente cinéfilo. Pero eso es algo que también he descubierto con la publicación del libro, que estas películas representan para mucha gente un bonito recuerdo familiar, por haberlas visto acompañados de sus padres o abuelos.

El origen del libro fue un artículo que escribiste en Cinéfagos hace años. Comprobaste que no existía bibliografía en español sobre el cine de la pareja, y eso te animó a subsanar esa falta. Tengo entendido que ninguna editorial veía el proyecto hasta que Applehead llegó al rescate. ¿A qué atribuyes que hubiera hasta ahora esta laguna en el mercado español? Parece evidente que con otros géneros populares, mismamente el de terror, no sucede lo mismo. ¿Quizás se trata de prejuicios con todo lo relacionado con la comedia?

Pues, mira, lo cierto es que uno de mis mantras vitales es tratar de no hablar bien nunca de los jefes, pero cuando son verdad las cosas también hay que decirlas. Y menos mal que en España tenemos una editorial como Applehead Team para apostar por proyectos así. Y no lo digo solo por este libro, que también.

Investigando para aquel artículo, me pareció muy significativo que tanto en Alemania como en Italia la bibliografía sobre Spencer y Hill fuera tan completa. Y no estamos hablando de un libro ni de dos. Y cuando te ponías a buscar algo en español te encontrabas con la nada más absoluta.

¿Por qué sucede eso? Pues es que ni idea. Creo, eso sí, que en España tendemos a menospreciar aquello que funciona comercialmente, que gusta a mucha gente. Pasa con los cómicos, pasa con la música popular, pasa con la televisión y hasta antes de ayer pasaba con el fútbol, que creo que ya ha comenzado a dar sus primeros pasos hacia su puesta en valor desde lo intelectual. «Como gusta a tanta gente, debe ser propio de bobos». Pues, oiga, mire, no. Algo que alcanza un éxito popular sostenido en el tiempo, que es tan importante para varias generaciones, es indudable que tiene unos valores (artísticos, emocionales, llámalo como quieras) que hay que intentar descifrar. Lo que sería propio de tontos es ignorarlo.

Y también te digo que, por otro lado, prefiero que los ignoren o los desprecien a que hagan esta cosa tan posmoderna de reivindicarlo desde el distanciamiento irónico, que es algo que he intentado evitar en el libro. El «es tan malo que es bueno» tan propio de modernos y papanatas, valga la redundancia. Y es que mi miedo era que el cine de Spencer y Hill estuviera a punto de caer en sus garras. Es probable que con el tiempo esto suceda, pero, ahora, al menos, ni serán los primeros ni su discurso será el único.

¿Cómo te planteaste el objetivo del libro y su estructura? ¿El resultado corresponde a lo pretendías al principio o el proyecto ha sufrido alguna modificación sobre la marcha?

Pues lo cierto es que al ser mi primer libro pequé un poco de inconsciente y jamás pensé que el proyecto fuera a crecer tantísimo. En un principio mi idea pasaba por dedicar un capítulo a cada una de las dieciocho películas que habían rodado en conjunto, pero una vez que conté con el respaldo incondicional de Applehead, empezamos a barajar el analizar también, aunque de un modo más somero, el resto de la filmografía de ambos actores, y sus biografías, que son interesantísimas. Y hacer un pequeño recopilatorio con sus golpes más importantes. Y empezamos a sumar a gente tan interesante como Jesús Manuel Pérez Molina para el prólogo, o a Ismael Rubio para hacer un detalladísimo análisis sobre los imitadores de la pareja… y al final, lo que tenía pensado que fuera un libro pequeño y desenfadado, ha acabado siendo un análisis muy serio y completo.

¿Cuáles son, en tu opinión, los tres o cuatro rasgos definitorios de toda buena película de Bud Spencer y Terence Hill? Vamos, la clave de un éxito que traspasó las fronteras italianas.

Pues mira, en primer lugar, y como rasgo principal, la química entre ellos dos. La química entre dos actores no es algo que un estudio pueda comprar, ni predecir. La química es mágica, sucede o no sucede. Y, amigo, cuando sucede… no hay nada mejor. El público la detecta y la ama. Spencer mira a Hill, frunce un poco las cejas. En el contraplano, Hill se encoge de hombros. Y el público sonríe, ya está ahí, lo tienes y es muy difícil perderlo ya.

En segundo lugar te diría que las suyas son películas muy transversales. No son infantiles, pero tampoco adultas del todo. Y eso, que podría ser algo que restara, termina sumando. Puede verlas todo tipo de público. Los adultos disfrutan recuperando la inocencia de cuando eran niños y los niños se sienten fuera de su entorno habitual de dibujos animados y películas que les hablan demasiado directamente a ellos. Hay violencia, pero no sangre. Hay amor, pero no sexo. Hay eructos, pero no zafiedad. Es un entorno en el que todos se encuentran cómodos.

Y en tercer lugar, las películas de Spencer y Hill supieron adaptarse muy bien a las distintas corrientes comerciales existentes en cada momento. Revisar su filmografía es revisar los tropos más comunes en las películas exitosas de su tiempo. Tuvieron mucha habilidad para incorporarlas a su dinámica y sus historias. Y además fueron pioneros, ellos apuestan por el western cómico en un momento en el que era un género olvidado y crean la buddy movie moderna, que terminó triunfando en los años ochenta.

El bombazo que lo inició todo fue Le llamaban Trinidad, en mi opinión una película todavía infravalorada incluso por los aficionados del western a la italiana. Y aquí entra la figura de Enzo Barboni, uno de esos nombres fundamentales que todavía no se ha reconocido como se debe. Posiblemente es el tercer nombre propio fundamental en este capítulo fundamental del cine popular europeo. ¿Qué aportó a la carrera de la pareja?

El estreno de Le llamaban Trinidad fue un acontecimiento de una magnitud tal que, a fecha de hoy, la gente no es consciente de lo que supuso. Fue una película que en España llevó al cine a más espectadores de los que consiguió, en 2019, Vengadores Endgame, en estos momentos la película más taquillera de la historia. Y estamos hablando de una España con en torno a quince millones de habitantes menos.

Enzo Barboni fue el director que mejor entendió su dinámica de éxito. Estuvo detrás de todas sus mejores películas, si exceptuamos …y si no, nos enfadamos. Las dos de Trinidad, Dos superpolicías, Dos supersuperesbirros, Dos súper dos

Y si bien es cierto que ellos crecen como pareja y fijan sus características fundamentales en la trilogía de Cat Stevens, porque Colizzi tuvo la inteligencia de ver que ahí había algo y la cintura suficiente como para potenciarlo, no es hasta que llega Barboni que aquello explota.

Y es que la figura de Barboni es doblemente importante, porque no solo dirige Trinidad, sino que también el guion y la historia original son suyas. Y gracias a su labor, y a la de Spencer y Hill, el spaghetti, que con el cambio de década se estaba muriendo, logra sobrevivir cinco años más, ahora con una mirada mucho más cómica y ligera. Lo que hace Barboni con el spaghetti en Trinidad es lo mismo que hizo Cervantes con la novela de caballerías, una obra maestra que reinventa el género desde la parodia. Si luego resulta que el aficionado más canónico no sabe verlo o no quiere aceptarlo, pues es una pena, pero su valor no depende de lo que acaben pensando aquellos espectadores más inmovilistas.

Hay una cosa de tu libro que hará las delicias del lector, y es la clasificación detallada de porrazos y hostiejas exhibidas por los dos actores en sus películas. Y además vienen con ilustraciones, que son obra de Alberto Peral. ¿Cómo surgió la idea?

Al final, si de algo disfruta especialmente el aficionado al cine de Bud Spencer y Terence Hill, es de estos interludios de peleas circenses, divertidísimas y descabelladas. Y no podíamos privar al lector de un pequeño recopilatorio, aunque fuera por escrito, de los principales golpes de los actores. Digamos que fue una forma de plasmar por escrito aquello que hacíamos de críos, de emular en el patio del colegio los principales golpes que se nos habían quedado grabados en la memoria de las peleas que habíamos visto en las películas el día anterior.

Y, en fin, si de algo me siento especialmente orgulloso es de los dibujos de Alberto Peral. Fue muy gratificante trabajar con él y realmente emocionante el primer día que pude verlos. Él eleva esa sección del libro a unas cotas que no hubiera podido alcanzar solo con mis textos.

A la hora de revisar la filmografía de Spencer y Hill, ¿has tenido difícil encontrar todas las películas en las que trabajaron juntos? Y, aparte de la fácil o difícil disponibilidad de estos títulos, ¿crees que se está cuidando el legado fílmico de la pareja? Me refiero a si las copias en DVD están remasterizadas o si son ediciones cuidadas. Supongo que las españolas no mucho…

A lo largo de las primeras fases de preparación del libro fue muy frustrante el darme cuenta de las dificultades que tenía para acceder de un modo legal a gran parte de sus películas. Yo ya tenía varias en formato físico, pero de entre aquellas que comencé a comprar había más de una edición de procedencia dudosa y, desde luego, prácticamente ninguna tenía una calidad de imagen o sonido mínimamente aceptable en estos tiempos. Muchas no estaban disponibles en formato físico, pero también me resistía a acceder a ellas mediante descargas ilegales, porque me generaba un cargo de conciencia asentar en la piratería los cimientos de este homenaje que pretendía rendirles.

Por suerte, acabé recalando en FlixOlé, la plataforma de Enrique Cerezo, que tiene los derechos de gran parte de sus películas conjuntas y por separado. Todo fue bastante más fácil una vez empecé a visionar las películas allí, y a una calidad tal vez no del todo óptima, pero desde luego sí que mucho más aceptable que en gran parte de los DVD o Blu-ray disponibles en el mercado.

¿Que si en España se está cuidando el legado fílmico de la pareja? Desde luego que no, pero es que en España el estado del mercado doméstico de películas en formato físico es casi terminal. La piratería y el VOD lo han desmantelado. Tengo mucha curiosidad por ver cómo son las ediciones de estas películas en Alemania e Italia, donde incluso hay cofres con las colecciones de todas sus películas en conjunto (en España lo más parecido es una colección de varios DVD que se podían adquirir con el diario Marca hace más de una década). Pensé en comprarme alguno en su momento, pero el que no ofertaran subtítulos en castellano me echó para atrás.

Y, solo por curiosidad, ¿sabes algo sobre la conservación en 35 mm?

Pues la verdad es que no tengo ni idea. Tengo mis esperanzas depositadas en que en Italia estén haciendo los deberes al respecto, pero no sé cómo estará la cosa con las copias españolas. Su presencia en FlixOlé me hace pensar que los derechos los tiene Cerezo, y me consta que sus empresas están llevando a cabo una gran labor de restauración con muchos de los títulos de su catálogo, pero no podría decir en qué estado estarán las copias de las películas de Spencer y Hill.

Parece ser, y creo que se trata de una cuestión bastante bonita, que fuera del plató ambos actores se llevaban bastante bien. Conociendo la intrahistoria de otras parejas artísticas, casi hasta sorprende, ¿no?

Pues, mira, no te voy a mentir: cuando empecé a escribir este libro soñaba con descubrir algún trapo oculto en la historia de estos dos actores, pero tras más de un año de investigación y varias entrevistas con personas muy cercanas a ambos, no he conseguido encontrar nada. Ni drogas, ni escándalos, ni líos de faldas, ni, tampoco, peleas entre ellos.

Ambos estuvieron casados más de cincuenta años con sus respectivas parejas, siempre fueron amables con sus equipos de filmación, no mostraban ningún capricho estrafalario… y, además, fueron muy amigos. Se respetaban, se apreciaban, se querían. Incluso cuando llevaban años sin trabajar juntos, seguían quedando para comer o cenar siempre que podían.

Bud Spencer era una persona con tan poco ego que insistía en que el primer nombre que debía salir en los créditos era el de Hill, porque era el único de los dos que debía ser considerado como actor. ¿Cómo diablos iban a discutir por nada si algo tan trascendental como esto lo solucionaban con semejante naturalidad? Por eso su colaboración artística se mantuvo durante cuatro décadas sin agotarse hasta que el mercado terminó retirándolos.

Te voy a pedir que me señales tus siete películas favoritas de Bud Spencer y Terence Hill, razonándolo en cada caso con un par de líneas.

Los cuatro truhanes: Es mi favorita de la trilogía de Cat Stevens. Su inicio define lo que sería la buddy movie de los ochenta. Eli Wallach está maravilloso. Y al final hay un robo en un casino. ¿Hacen falta más razones?

Le llamaban Trinidad: La película que les convierte en lo que son. Hill durmiendo mientras su caballo le arrastra por el desierto es historia del cine. El primer enfrentamiento de Trinidad y Bambino con los pistoleros mexicanos es la secuencia que más carcajadas me arranca de toda su filmografía.

…y si no, nos enfadamos: Mi favorita de entre todas sus películas. La pelea del gimnasio es la mejor de toda su filmografía. Dune Buggy e Il coro dei pompieri son dos canciones espectaculares. Y qué decir de Emilio Laguna como director de coro. Es perfecta.

Dos superpolicías: Su primera película ambientada en unos Estados Unidos contemporáneos es una gran comedia y un dignísimo policiaco. Shane Black la hubiera firmado orgulloso.

Dos supersuperesbirros: Película de espionaje y confusión de identidades. Su Con la muerte en los talones. Es absurda, divertidísima y la fórmula estaba ya tan engrasada que a ratos da la sensación de que se rodó sola.

Dos súper dos: Siento debilidad por las comedias de gemelos, y esta película tiene lo mejor del género. Ellos están fabulosos en sus dobles papeles, y la ambientación en Brasil siempre suma.

Y en Nochebuena… ¡se armó el belén!: Su despedida. La primera vez que se permitieron rodar en Monument Valley. Para mí, perfecto cierre apócrifo de la trilogía de Trinidad. Una película tierna, crepuscular, bella y muy divertida. Se fueron por la puerta grande.

Dime una cosa que, en tu opinión, le falta y otra que le sobra a su filmografía en común.

Les falta un musical. Me hubiera encantado verlos en un proyecto de ese género teniendo a los Oliver Onions al mando de las canciones. Spencer cantaba (llegó a publicar discos) y en Hill hay un bailarín en potencia que nadie supo aprovechar. No hay que olvidar que sus escenas de peleas eran grandes coreografías y que los hermanos De Angelis compusieron muchísimas canciones inolvidables para sus películas. Y las pocas veces que abrazaron el género (pienso en la escena en el club de salsa de …y si no, nos enfadamos) el resultado fue hilarante.

Sin lugar a dudas les sobraron algunas películas. Me atrevería a mencionar tres que no estuvieron a la altura de los estándares que ellos mismos marcaron: El corsario negro, Dos misioneros y Dos súper policías en Miami.

También haces un repaso a la obra de ambos en solitario. ¿Hay algo que te haya llamado la atención?

Más que llamar la atención, quiero señalar que ambos funcionaron a la perfección cuando se les exigió cumplir como actores «serios» en proyectos de prestigio. Pienso en el Spencer de Turín negro, una muestra de cine italiano de los setenta de marcado cariz político. O, ya en el final de su carrera, y a las órdenes de Ermanno Olmi, en Cantando dietro i paraventi.

Y tres cuartos de lo mismo con Hill, solo que en su caso sus papeles más destacados se dieron al principio de su carrera. Está estupendo en El gatopardo, incluso en Pecado de amor, como galán inesperado en una película protagonizada por Sara Montiel. Y tengo una debilidad por una versión alemana de Los nibelungos rodada en 1966, en la que hacía el papel de Giselher. Por desgracia, no estuvo tan bien en dos películas fundamentales para su carrera, El heredero del billón de dólares y Marchar o morir, con las que intentó infructuosamente dar el salto al cine americano a finales de los setenta.

Por cierto, me gustaría saber tu opinión sobre dos películas en concreto, dentro de este último grupo. La primera es uno de mis spaghetti western favoritos, Mi nombre es Ninguno, con Terence Hill, que no deja de ser un extrañísima mezcla entre spaghetti, spaghetti cómico y western crepuscular serio. La segunda es Cuatro moscas sobre terciopelo gris, donde Bud Spencer hace una aparición inolvidable interpretando a un tipo muy extraño que vive en una barraca… ¡y a quien llaman Dios! Es imposible que el recuerdo de sus personajes cómicos no interfiera en la atención, pese a tratarse de un giallo.

Tengo una relación complicada con Mi nombre es Ninguno. La primera vez que la vi, no sé si por un tema de expectativas imposibles de cumplir, me decepcionó hasta el punto de no ya resultarme indiferente, sino, directamente, no gustarme en absoluto. Desde entonces he vuelto varias veces a ella y cada vez me gusta más. Si la evolución es progresiva sospecho que si la veo cinco veces más terminará por convertirse en mi western favorito. Es una obra imperfecta: da la impresión de que ni Leone, ni Morricone, ni Fonda estaban especialmente motivados. Pero Valerii da lo mejor de sí detrás de las cámaras y Hill está arrebatador. Luego tiene ese problema con el tono que tan bien indicas en la pregunta. Siempre me hace sentir incómodo, porque no sé qué actitud espera de mi como espectador esta película. Desde luego, no es un western que se pueda despachar a la ligera. Es una película atípica y, como tal, merece varios visionados.

Por otro lado, Cuatro moscas sobre terciopelo gris me parece una maravilla. Adoro esa trilogía de los animales del primer Argento (El pájaro de las plumas de cristal, El gato de las nueve colas y Cuatro moscas sobre terciopelo gris). Son películas que tienen algo como de soñado… Estoy convencido de que a David Lynch también le encantarían. Está claro que Argento buscaba una presencia poderosa y eso te lo aporta Spencer, una vez ves esa película es imposible olvidar a su personaje.

También otra curiosidad. ¿Qué opinas de Paul L. Smith y Michael Coby, los dos actores que les imitaron?

Pues que funcionaron como suelen funcionar las falsificaciones. Aparentemente, y desde una perspectiva superficial, eran exactamente lo mismo, pero a poco que te sentaras a intentar disfrutarlos no hacía falta que prestaras demasiada atención para verles las costuras y los remates poco trabajados.

El éxito de Spencer y Hill no se basaba en su físico, ni siquiera en sus guiones o en su talento para la interpretación. Todo eso podía imitarse. Su éxito se basaba en ese intangible llamado química. O se tiene o no se tiene. Eso no se puede imitar, no se puede aprender ni replicar. Smith y Coby hicieron un trabajo digno dentro de sus posibilidades, pero es una pena que se vieran limitados a intentar imitar en vez de tener sus propias oportunidades.

¿Qué lugar ocupa el cine de Bud Spencer y Terence Hill en el género cómico mundial? Lo mismo te pregunto en lo que respecta al género de acción, porque no hay que olvidar el componente físico y de espectacularidad que había en sus largometrajes. ¿Hay, en uno u otro sentido, herederos o algún rasgo heredado de ellos en el cine siguiente a ellos o en el actual?

Pues te diría que, objetivamente, un lugar muy importante. Fueron la pareja cómica europea más taquillera durante dos décadas. Y no fueron un fenómeno exclusivamente local, como Pajares y Esteso en España, o Álvaro Vitali en Italia. Fueron estrellas hasta en tres mercados distintos: Italia, España y Alemania. Por no hablar de Sudamérica, donde sus películas también fueron muy bien recibidas. Además, los posteriores pases televisivos de sus películas, lograron que su éxito abarcara a una tercera generación de espectadores. En la actualidad, su rostro está presente en todo tipo de merchandising: ropa, snacks, cuadros, pegatinas, chapas… lo que nos habla de la buena salud de su éxito.

Su huella estuvo presente en tres géneros de los que fueron precursores: el western cómico, las películas de peleas o las buddy movies. Y, personalmente, creo que su obra sigue presente en las películas de muchos autores que, puntualmente, les homenajean de un modo u otro. Pienso en Tarantino empleando el tema musical de Trinidad en Django desencadenado, o en Shane Black homenajeándoles en las figuras de Ryan Gosling y Russell Crowe en Dos buenos tipos.

Tu libro es un canto a la alegría de vivir y los placeres de la infancia. Si conseguimos que las nuevas generaciones se enganchen a Bud Spencer y Terence Hill, ¿habrá entonces futuro para la humanidad?

Para engancharse al cine de Spencer y Hill, lo único que necesitan las nuevas generaciones es que les pongamos sus películas y dejemos que hagan su magia. En el año y medio que estuve preparando este libro, en mi casa se vieron muchísimas veces las películas del dúo. Y por ahí andaba Groucho, mi hijo, que por aquel entonces tenía cuatro años. En cuanto veía una de esas peleas multitudinarias se quedaba enganchado a la pantalla. Y se reía del mismo modo que yo lo hacía treinta años antes.

Bien es verdad que los tiempos han cambiado, que los ritmos y la gramática cinematográfica que ahora se estilan son otros, que muchos padres jamás les pondrían estas películas a sus hijos por considerarlas violentas. Pero siguen funcionando, independiente de lo que opinen los padres más papanatas, porque tienen algo de clásico, incluso de elegancia en sus formas. La gracia de una buena hostia es transversal, atemporal e intergeneracional.

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