En las páginas de Mel Gibson: El bueno, el malo y el creyente de David Da Silva se revisan paso a paso todas las etapas profesionales del intérprete, y después director, con el objetivo de explicar la evolución de uno de los nombres clave de Hollywood durante las últimas cuatro décadas. El periodo inicial, que va desde Mad Max hasta Arma letal es fundamental para comprender las obsesiones principales que aparecen una y otra vez a lo largo de la filmografía del artista. Hablamos, en concreto, de su carrera australiana, que desarrolló de la mano de los cineastas George Miller y Peter Weir, así como de su posterior salto al país donde nació, Estados Unidos, donde empezó a rodar películas desiguales pero a menudo cautivadoras. A continuación, señalamos los siete largometrajes más importantes en el camino de Gibson hacia un estrellato como reconocido protagonista, sobre todo (pero no solo), en el cine de acción de los años ochenta y noventa.

Mad Max – Salvajes de la autopista (1979)

«Max Rockatansky deja de creer en las instituciones de su país. Esta observación sobre la ineficacia de su trabajo, asociada con la atrocidad de la violencia sufrida por su compañero, lleva al personaje a presentar su renuncia. Aquí tenemos otro elemento esencial de la filmografía de Gibson: el hecho de creer y tener fe en algo, que a menudo se ha asociado con el sentimiento religioso del actor y cineasta, se desarrolla siempre en un contexto de rechazo hacia todas sus formas».

Mad Max, el guerrero de la autopista (1981)

«A pesar de todos los horrores mostrados a lo largo del metraje, hay una escena que resulta particularmente conmovedora. El personaje de Gibson encuentra una caja de música cerca de un cadáver. La recoge y esta comienza a sonar. En la cara impasible del actor asoma una rápida sonrisa antes de congelarse nuevamente. Nos permite así adivinar la parte de humanidad que todavía queda en Max, aunque este se vea obligado a camuflarla en un mundo excesivamente salvaje».

Gallipoli (1981)

«Parece que esta película marcó profundamente al joven Mel Gibson, porque encontramos temas que también le habrán de ser muy queridos de ahí en adelante. Por ejemplo, los hombres jóvenes que luchan por un ideal y que creen que su causa es justa. Una vez más, la fe es un elemento importante en el desarrollo de los personajes: “Los hombres sabían en qué creían… Dios, el honor y el país. Eran buenos hombres que luchaban por algo que creían que era verdad”».

El año que vivimos peligrosamente (1982)

«La historia tiene lugar en Indonesia, donde un periodista australiano que acaba de ser designado corresponsal en Yakarta, se reúne con otros colegas presentes en el país asiático, y asiste al intento de golpe de Estado del 30 de septiembre de 1965, así como a las gigantescas purgas que le siguieron. Gibson encarna a un joven advenedizo que quiere obtener, de la manera que sea, la primicia que dará un empujón a su carrera».

Motín a bordo (1984)

«Gibson ha hablado recientemente sobre esta película, lamentando que el director no acentuara, precisamente, las facetas negativas del personaje: “Fletcher Christian en realidad era un tanto mezquino. Quiero decir que no llevas a la gente a un bote salvavidas de esa manera. Sus razones no eran suficientes. (…) Creo que habría sido más interesante revertir completamente la historia y convertirlo en villano, porque, en verdad, lo era un poco”».

Mrs. Soffel, una historia real (1984)

«Esta película es poco conocida en la filmografía del actor (solo recaudó 4 millones en los Estados Unidos). El guion estaba inspirado en una historia real que tuvo lugar en 1902 y que género revuelo en su momento. Gibson interpreta a un condenado a muerte por asesinato que, sin embargo, sostiene que es inocente».

Cuando el río crece (1984)

«”Puedes tener éxito en la vida si eres honesto y trabajador. Un sueño demostrado de manera realista. (…) Tom Garvey es un verdadero campesino que no quiere oír hablar sobre presas o modernizaciones si eso supone tocar la tierra de sus antepasados. Es un hombre libre que quiere seguir siendo libre”. Gibson se dio cuenta de que el papel de Garvey representaba a alguien que creía firmemente en el famoso sueño americano».


Mel Gibson en Applehead Team

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