Por Pablo Rodríguez Lago (Fei)

2019 ha sido un año lleno de emociones fuertes. Las sospechas sobre una conducta indebida por parte de Michael Jackson salpicaron las conciencias de un mundo que ansía derribar sus ídolos más que nunca. Un mundo que, desde hace unos años, ha encontrado un arma definitiva para hacerlo: la impunidad que ofrecen Internet y las redes sociales. Los medios de comunicación han crecido exponencialmente desde la llegada de la red de redes a nuestros hogares, y mucho más aún a nuestros teléfonos móviles, a nuestra mano. El ritmo frenético de las noticias se ha convertido en un medio de vida para muchos; no solo para los que viven de ello, sino para los que viven por y para ello. Todo es fugaz, todo es impactante y nuestros niveles de adrenalina necesitan vivir emociones cada vez más fuertes para hacernos sentir excitados. Necesitamos más, constantemente. La industria de los medios de comunicación se aprovecha de esta “enfermedad” latente en nuestras míseras vidas para hacernos sentir mejor con las desgracias ajenas. «Si ellos son drogadictos, si abusan de otras personas, han robado dinero o cometen delitos… nosotros no seremos tan malos». Justificamos nuestra inmoralidad comparándonos con las personas famosas y ansiamos acabar con nuestros ídolos solamente para demostrar que ellos pueden ser igual de perversos que nosotros. Nuestra sociedad está condenada, y tratamos de amortiguar la caída a los infiernos usando a las celebridades como escudo protector.

Así nacen las fake news y así se mueve el mundo de la prensa a golpe de “click” rápido. Ahora todo vale.

Este año le ha tocado a Michael Jackson sufrir el acoso y el ridículo más vergonzoso posible, sin más fundamento y motivación que el dinero. El año que viene le tocará a otro. El problema y la indignación surgen cuando las pruebas de ese acoso fraudulento y esas noticias falsas son tan evidentes. Es entonces cuando más duele, especialmente para los que están relacionados con esa persona injustamente estigmatizada. Y, en este caso, Michael Jackson está relacionado con absolutamente todo el mundo. Michael Jackson está en todas partes y en la mente de cada uno de nosotros. Los que sabemos de dónde emergen estas acusaciones y tenemos algún vínculo emocional con él nos afligimos al darnos cuenta de quién es la verdadera víctima de todo este asunto. Si vosotros lo supieseis, si conocieseis los datos reveladores que definen cada paso de las extorsiones y cada prueba de manipulación y tergiversación mediática, también sufriríais de pena por alguien que ha sido crucificado solo por el beneficio de unos pocos. Estoy convencido.

 
Es por eso que Volviendo a Neverland, así como todos los documentales y artículos que han arrojado algo de luz sobre las nuevas acusaciones contra Michael Jackson, es tan necesario. Ese pequeño afroamericano de Indiana que se convirtió en el ser más exitoso de su tiempo, cambió las reglas del juego y decidió convertir la responsabilidad que le vino dada tras su fama en la misión de comunicar un mensaje revolucionario, anti sistema, ambientalista y humanitario. Pero no todos estaban dispuestos a aceptar este mensaje. Para algunos, las cosas estaban bien como estaban. Y bajo este sentimiento envidioso tan profundo, enraizado en la propia naturaleza del ser humano acomodado, se sustentaron los problemas para el elegido del siglo XX. Volviendo a Neverland nos muestra claramente ese sentimiento desde un punto de vista objetivo y con su manifestación más real: los actos y las mentiras de los que no aceptaron ver brillar este astro que irradiaba tanta luz.


No ha sido fácil ver caer a esta estrella hasta las profundidades del abismo, pero menos fácil tuvo que ser vivir siendo esa estrella tan luminosa y mantenerse en el firmamento durante tanto tiempo mientras los paganos de aquí abajo escupíamos continuamente hacia arriba.

Este libro es la exposición definitiva del mayor escándalo de la historia popular. Todo el mundo debe saber por qué hemos condenado en vano a una persona inocente. Michael Jackson es lo de menos aquí. Lo único que importa es el cúmulo de pruebas concluyentes que demuestran de manera indiscutible cómo los actos de esos acusadores fueron debidamente estudiados para absorber el poder que emanaba este héroe mesiánico tan diferente a ellos. Y el poder, en la sociedad que vivimos, no está representado por otro elemento que el dinero. En el caso de Michael Jackson, mucho dinero.

Este es un libro para todo aquel que quiera saber qué hay tras la imagen pública que representa el Rey del Pop. No hay opinión que valga sobre su persona sin antes conocer la otra cara de la moneda, porque esto fue realmente difícil como para aceptar juicios vacíos de mentes aún más huecas. Fue difícil no solo por lo complicado que resultó escribirlo, sino por lo penoso que resulta leer sobre estos temas y empaparte de algo que produce tanto dolor.


Este es el libro que ojalá nunca se hubiese tenido que publicar, pero que ahora es necesario. Y estoy muy satisfecho con el resultado.

Si sirve para devolver un poco de paz y honor a esta persona que fue tan condenada socialmente de manera injusta, ya habrá merecido la pena.

Página de Facebook de “Volviendo a Neverland”.

Playlist en Spotify de “Volviendo a Neverland”.

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