Acomódense en sus asientos y disfruten del viaje que les ofrece esta diligencia estrambótica e inquietante llamada Weird Western, cine del oeste sin fronteras, el libro oficial de la Semana Internacional de Cine Fantástico Costa del Sol. A las riendas está Jesús Palacios, el escritor que nos va a conducir por un viaje hacia las profundidades del género cuando entra en territorios extraños, fabulosos, lisérgicos, terroríficos y hasta de ciencia ficción. Y el trayecto aún va más allá, porque aparte del esforzado trabajo histórico y crítico que recogen sus páginas, se intenta discernir en ellas si la tendencia global y unívoca a la amalgama, la fusión y confusión de géneros, estilos y formatos anteriores marca el final del camino para la ficción y la creación artística, literaria y cinematográfica, dentro del contexto histórico de una civilización, la occidental, que está perdiendo preeminencia a pasos agigantados.

La estructura del libro está dividida en dos partes. La primera, a cargo de Palacios, consiste en un largo ensayo introductorio y general al tema del Weird Western. La segunda concentra las colaboraciones del resto de autores, que abordan aspectos distintos y distintivos del género. Y estos son siete de las paradas más significativas (entre la larga centena de títulos tratados) que depara la obra, correspondiendo, además, a siete subtemáticas que dan sentido al recorrido de esta diligencia tan particular. ¿Quieren subir ya a ella?

Monster Western: El valle de Gwangi (The Valley of Gwangi, James O´Connolly, 1969).

«Rodada en tierras españolas, utilizando con acierto los impresionantes decorados naturales de las Majadas y la Ciudad Encantada de Cuenca (escenarios visitados también por Conan años después), la última película de dinosaurios realizada por Ray Harryhausen, pese a no ser ni mucho menos la mejor de su filmografía, resulta francamente espectacular y entretenida, entre otras cosas por sus fantásticos efectos especiales».

Classic Weird Western: El jardín del diablo (Garden of Evil, Henry Hathaway, 1954)

«Esta aventura fronteriza lo es también en las fronteras de lo fantástico y onírico, pues nos encontramos con un escenario más característico de una historia de mundo perdido que del wéstern tradicional. Los aventureros atraviesan pasos rocosos y precipicios imposibles, las ruinas de un pueblo abandonado, llanuras desérticas y valles tropicales, para llegar finalmente a la remota mina, situada en las faldas de un volcán, junto al campanario de una iglesia enterrada por la lava».

Spaghetti Weird: Réquiem para el gringo (Eugenio Martín y José Luis Merino, 1968)

«Además de sus buenas dosis de violencia extrema,opta por una narrativa fragmentaria a base de flashbacks alucinados y casi psicodélicos, para concluir en un extraño duelo no precisamente al sol, sino en pleno eclipse (el misterioso Logan no es solo diestro con el revólver sino ducho en conocimientos astronómicos), que subraya la naturaleza prácticamente fantástica de su atmósfera y trama».

Acid Western: A través del huracán (Ride in the Whirlwind, Monte Hellman, 1966)

«Posee una sensibilidad fatalista, más propia del film noir, que del wéstern clásico, así como un amargo poso existencialista, digno de Camus, al borde del puro nihilismo. Monte Hellman, con su estilo nervioso adicto al trávelin, sus planos agorafóbicos de personajes perdidos en la inmensidad del desierto, sus personajes enigmáticos y de pocas palabras (memorable el pistolero que interpreta Nicholson, con su negro uniforme y cínica mueca perenne en el rostro), su dramaturgia desnuda y austera, acompañada por la fotografía naturalista de Gregory Sandor, así como su sobria denuncia de una violencia sin sentido, prefigura en más de un aspecto el cine de Herzog e incluso el de Nicolas Winding Refn».

Gothic Western: Brimstone, la hija del predicador (Brimstone, Martin Koolhoven, 2016).

«Protagonizado por Dakota Fanning y un inmensamente siniestro Guy Pearce, este gothic western holandés, en su día la película más cara realizada en los Países Bajos, pese a sus cargadas y recargadas tintas trágicas, a veces un tanto excesivas, es un paradigma perfecto de lo bien que funcionan las convenciones del Gótico más canónico trasladadas a la Frontera, cuando se utilizan de forma inteligente, cuidando tanto la escenografía como el carácter de personajes e historia».

Supernatural Western: Ciudad fantasma (Ghost Town, Richard McCarthy, 1988).

«Absolutamente entretenida, ágil y bien llevada, posee todas las virtudes de la mejor serie B fantástica con el sello Band, destinada primordialmente al estreno en vídeo pero rodada con verdadero amor por el género, sin vanas pretensiones y primando la eficacia narrativa, la atmósfera y la diversión por encima de todo. Con un reparto eficaz y ajustado, en el que destaca la presencia cadavérica y zombificada del malvado Devlin, estamos ante un puro cómic WW, una historieta con estética propia de la E. C. o de publicaciones como Creepy, que se cuenta entre lo mejor que nos ha ofrecido alguna vez el wéstern de terror sobrenatural cinematográfico».

Planetary Western: Atmósfera cero (Outland, Peter Hyams, 1981)

«Estupenda película que expande el concepto de futuro inmediato inteligentemente expuesto por Alien, el octavo pasajero al escenario de una explotación minera situada en Ío, una de las lunas de Júpiter, controlada por un director general mafioso y corrupto (estupendo Peter Boyle), que más que hacer la vista gorda dirige el tráfico de drogas del lugar y que, debido a los efectos secundarios de una potente anfetamina que incrementa la capacidad laboral de los mineros, está provocando una serie de accidentes mortales entre los trabajadores. El nuevo jefe de policía asignado a la colonia minera, encarnado por un Sean Connery en estado de gracia, no tarda en descubrir el juego sucio».

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