Las cabeceras con el logo de las productoras, que aparecen brevemente al principio de las películas, funcionan como un gozoso caramelo cinéfilo que sirve para que los espectadores empiecen a salivar antes de que comience el espectáculo. Da igual si pertenecen a una major, una compañía mediana o una firma independiente. El león de la Metro, el planeta Tierra de la Universal, la montaña de la Paramount, el gong de la Rank Organisation, el castillo de la Disney… es largo el etcétera de marcas que han formado parte, generación tras generación, de la memoria colectiva de muchos cinéfilos.

Quienes veíamos cine con fruición durante los años ochenta, y tuvimos la inmensa suerte de poder compaginar las experiencias en la sala cinematográfica con las vividas en el salón de casa, tras haber pasado por el videoclub de la esquina, sumamos una cabecera más a todas esas. Seguramente era más modesta desde el punto de vista conceptual, pero ahora, tantos años después, resulta igual de evocadora. Aunque tuvo sus variaciones, la marca corporativa en cuestión consistía básicamente en lo siguiente: primero aparecía una gran letra C, dibujada con cuatro líneas de un azul metálico que iban en paralelo y en cuatro trazos rectos; después a esta letra se le acoplaba la barra de una flecha, diseñada con el mismo patrón visual, que apuntaba en dirección contraria, formando un reluciente hexágono sobre un fondo negro. Por último, aparecía el nombre de la productora: exacto, hablamos de la Cannon.

No es extraño que, al recordar ese logo, a muchas personas les venga el aroma de las diversiones de antaño, cuando la factoría de la que se hicieron cargo los primos israelíes Menahem Golam y Yoram Globus se subió al pódium de la serie B dedicada al cine de acción. La historia de esta conquista del Hollywood ochentero contó con un ejército de ficción formado entre otros personajes por mercenarios, ninjas, vengadores urbanos, karatecas, cíborgs, héroes mitológicos, vampiros extraterrestres, guerreros a lo Conan y bailarines de break dance. Y muy importante: tampoco debe olvidarse que la Cannon produjo justo en aquella época a figuras consagradas del cine de autor como John Cassavettes, Jean-Luc Godard y Lina Wertmüller, o que dio cabida a otros géneros.

Este increíble delirio creativo se vio reflejado hace unos pocos años en un documental que se titulaba Electric Boogaloo: La loca historia de la Cannon Films. En él se presentaba un anecdotario divertidísimo e intensivo de las aventuras en la Meca del Cine de la pareja Golam-Globus, pero la radiografía acababa reduciéndose a una simple broma, con no pocas burlas hacia los primos y demás artífices de aquellas películas. Justo el espíritu contrario que, desde el inicio de nuestra andadura editorial, ha movido a Applehead Team a rendir un homenaje sincero, a la par que serio, a un sello cinematográfico que ha proporcionado a los espectadores muchísimas horas de placer. Hasta la fecha son cinco las referencias en nuestro catálogo, cinco publicaciones únicas en lengua española que están a disposición no solo de los enamorados de la Cannon, sino de cualquiera a quien le apasione el séptimo arte.

Booktrailer de los libros colectivos Cannon Films y Más Cannon

Cannon Films y Más Cannon son los dos grandes volúmenes colectivos dedicados a explicar los orígenes de la compañía, comentar sus títulos más importantes y, en definitiva, trazar los hitos de esta fascinante historia cultural. Se analizan, entre otros muchos filmes, Desaparecido en combate, Contacto sangriento, Fuerza vital, El guerrero americano, Cobra, Delta Force o El justiciero de la noche. Todo está planteado desde la pasión pero, a la vez, sin olvidar la objetividad de la crítica profesional de cine. En estos libros hay textos de Pedro José Tena, Serena Iniesta Toledano, Luis Martínez Vallés, Jose Viruete, Jorge Serna, Ricardo Herbosa, Álex Oliveres, Jesús Pérez Molina, John Tones, Álvaro Gil, Kiko Vega, Diego Arjona, José Antonio Martín, Serena Iniesta, David Webb, Domingo Dark Vinyl y Ángel Codón Ramos.

Dentro de las publicaciones dedicadas a estudiar a fondo el cine de culto, la Cannon vuelve a aparecer en un capítulo fundamental de Sho Kosugi: El rey ninja de Iván E. Fernández Fojón. Kosugi, luchador y actor, fue clave para entender el boom del cine ninja porque protagonizó la célebre trilogía que produjo la factoría, y que forman La justicia de Ninja (1981), La venganza de Ninja (1983) y La dominación (Ninja III) (1984). La obra hace un recorrido a toda su carrera, pero resalta el especial significado que tuvieron estas tres cintas. Por eso el autor entrevista a varios artistas que intervinieron en ellas, como Franco Nero, Sam Firstenberg, Keith Vitali, Jordan Bennett o el mismísimo Kosugi. Un libro para deleite de cinéfilos desprejuiciados y amantes de las artes marciales.

La simpar aventura de Golam y Globus también tiene su eco en el catálogo de ficción de Applehead Team. Son los protagonistas de la sorprendente Cannonwood: Cómo (casi) conquistar Hollywood de Pablo G. Naranjo, una novela irreal basada en los hechos muy verídicos que llevaron a estos dos hombres a la Colina de los Sueños o al festival de Cannes, lugares donde se codearon con la elite del cine mundial mientras hacían funcionar a tope la máquina de fabricar millones de dólares.  Y, además, la colección Applehead Cómic acoge un título muy especial, Matt Hunter: Venganza final. El dibujante y guionista Marc Gas ha ideado una secuela no oficial de La fuerza de la venganza (1986), que dirigió San Firstenberg y protagonizó Michael Dudikoff interpretando a Hunter. En la continuación, el personaje descubre que los miembros vivos de la organización ultra de la primera parte se han reorganizado. Y decide acabar con ellos de una vez por todas, aunque ignora que en esta ocasión hay implicadas personas de las que jamás habría sospechado…

Por último, la fiesta Cannon se completa con una joya editorial muy especial. Dentro de la colección Archivos, no podía faltar un especial dedicado a la productora. Con formato de revista en tamaño A4 y a todo color, como si fuera un antiguo catálogo de videoclub, se ofrece una amplia colección de carátulas completas y escaneadas a gran calidad, además de fotocromos de las mejores películas de la Cannon y fotografías de los rodajes de algunas de ellas. 142 páginas que rinden un tributo no solo a nuestros mejores recuerdos ligados a Charles Bronson, Sylvester Stallone, Chuck Norris, Jean-Claude Van Damme o Dolph Lundgren, sino que constituye una hermosa apuesta por recuperar para la posteridad toda una serie de material gráfico que luce de la mejor de las maneras posibles: en papel. Es la guinda del pastel que merece la factoría de la letra ce y la flechita que forman un indeleble hexágono brillante en nuestra memoria.

Los libros dedicados a la Cannon están disponible en librerías y en la página web de Applehead Team

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