Hacemos envíos de nuestros libros y camisetas a todo el mundo (We ship our books and T-shirts worldwide) y, además, ¡los envíos dentro de España son gratis!         Suscríbete a nuestra newsletter y síguenos en nuestras redes sociales para estar al día de todas las novedades.      Es fundamental acceder a las fichas de los libros para obtener toda la información, especialmente sobre los que están en preventa. Así podrás conocer detalles importantes, como las fechas previstas de lanzamiento.    Algunos títulos son exclusivos de nuestra web, al menos durante un período limitado de varios meses.

Gianni Garko, conocidísimo actor italiano de origen croata, que triunfó en la década de los sesenta gracias sobre todo a la serie de los spaghetti western del personaje Sartana, reflexionaba así años después, cuando su carrera había declinado, sobre lo que habían supuesto aquellos años dorados:

«Para los actores de mi generación interpretar era una profesión, pero Hollywood era el Lugar Mítico. Hasta que llegó alguien, Sergio Leone, y decidió que podía construir la Meca del Cine en casa. Y así se creó el western all’italiana. Años intensos, de diversión y creatividad. Echad un ojo a la recaudación de aquellas películas y entenderéis el valor (también a nivel industrial de nuestra cinematografía de entonces). Y eso que los críticos nos daban de los lindo, relegándonos al concepto trash. Miopía de intelectuales, aunque alguno actual ha recuperado la vista. En cualquier caso, a nosotros, que estábamos como en un circo, no nos importaba nada. El público nos daba la razón».

«Hacer realidad un sueño, de aquellos en los habíamos durante nuestros años de la adolescencia: eso fue poco el western all’italiana para muchos de nosotros. Ser el solitario Cooper de Solo ante el peligro, el impasible Fonda de Pasión de los fuertes, o el temario Douglas de Duelo en O.K. Corral. Yo tenía poco más de treinta años y una imaginación que volaba. Cabalgar cien metros de camino en el fondo de una vieja cantera de la Magliana, en la afueras de suroeste de Roma, era como atravesar el desierto rocoso del Arizona. Levantar los ojos y protegerlos del sol para poder ver los límites de aquella cuenca, era lo mismo que comprobar las alturas de Sierra Madre o el Gran Cañón».

Con este recuerdo tan especial de un tiempo y una época —que se hace extensible a actores y cineastas españoles, así como a las míticas localizaciones de Almería y  la comarca de la Cuenca Alta del Manzanares— proseguimos el recorrido que comenzamos en una entrada anterior por los títulos imprescindibles de un subgénero único.

Aquí la primera parte de 21 ‘spaghetti westerns’ de oro: un mapa para adentrarse en territorio salvaje

8. Oro maldito (Giulio Questi, 1967)

Paranoia rima con Goya… y con Giulio Questi. Si alguien piensa que el surrealismo no casa con el mundo del Lejano Oeste, es que no ha visto esta pieza del director italiano que fue David Lynch muchos años antes que el propio David Lynch. Como si Buñuel, con las Pinturas Negras en la retina, se hubiera puesto a hacer una de vaqueros. Ver para creer. Alucinada, alucinatoria y alucinante, esta cinta sádica y malsana es quizás el ejemplo más notable de lo que podría denominarse como weird spaghetti western, pero no fue el único.

9. Bandidos (Massimo Dallamano, 1967)

Dallamano, director de fotografía de Por un puñado de dólares y especialista, más adelante, en turbiedades eróticas, proponía, sí, otra historia más de venganzas, pero contada con una robusta vena dramática. Conoceremos a un viejo pistolero que al verse imposibilitado para disparar, alecciona a sus discípulos para que cumplan lo que él no pudo terminar. Con magníficas interpretaciones (un fantástico Enrico Maria Salerno a la cabeza), personajes muy bien escritos, tensión, violencia y acción a partes iguales, lo mejor de Bandidos es el modo en que el realizador consigue exhibir una paleta de sensaciones que va desde lo más salvaje hasta lo más delicado.

10. Cara a cara (Sergio Sollima, 1967)

La obra maestra de Sollima es una reunión de grandes nombres: Gian Maria Volontè, Tomas Milian, William Berger, Ángel del Pozo o Aldo Sambrell en pantalla; Sollima y Sergio Donati en la escritura; Ennio Morricone y Bruno Nicolai en la música… El inolvidable personaje interpretado por Volonté, un pacífico profesor de historia que entra en contacto con el mundo de la criminalidad, condensa en su desarrollo temas como la fascinación de la violencia o los intelectuales que teorizan con razonable actitud crítica pero empiezan a poner después en práctica sus peores instintos. Cara a cara termina trazando una alegoría del funcionamiento del fascismo que, sesenta y pico años después de filmarse, sigue siendo muy pertinente.

11. El gran silencio (Sergio Corbucci, 1968)

Los despiadados (1967), Salario para matar (1968), El especialista (1969) o Los compañeros (1970): la filmografía vaquera dejada por Sergio Corbucci tras Django es impresionante. Sin embargo, El gran silencio, una obra demoledora como pocas, donde el director sabe jugar como nadie con las expectativas del público, está en lo más alto de la lista. Si Django llevaba por encima un montón de sucio fango, este filme protagonizado por un mudo Jean-Louis Trintignant está cubierto de fría nieve que helará en más de una ocasión la sangre de los espectadores, a quienes se saca de las convenciones genéricas a golpe de inesperado realismo.

12. Yo soy la revolución (Damiano Damiani, 1967)

Durante la fiebre del western all’italiana vivida en el país de la bota se dio algo que no había pasado ni habría de pasar más adelante con otros géneros populares: muchos directores de la nueva ola nacional, a menudo identificados con el cine de autor, acabaron filmando películas del oeste. Por conveniencia económica o como medio para contar sus inquietudes (a menudo las políticas), los resultados fueron más que notables, como en el caso de Florestano Vancini (Los largos días de la venganza, 1967), Lina Wertmüller (Il mio corpo per un poker, 1968) y, sobre todo, Damiano Damiani con Yo soy la revolución. Damiani, que después se dedicó a radiografiar el universo de la mafia siciliana, presentó el que posiblemente sea el acercamiento más serio hecho de la Revolución mexicana en el subgénero.

13. Requiescant, descanse en paz (Carlo Lizzani, 1968)

«Una Biblia, un colt, una masacre» se leía en su cartel publicitario. Érase una vez un pistolero que había sido criado por un pastor protestante; un pistolero que, durante su encarnizada venganza contra el cacique que asesinó a toda su familia mexicana, cada vez que mandaba a alguien al otro barrio soltaba el latinajo funerario para desear la paz del difunto. Carlo Lizzani, un cineasta proveniente del neorrealismo de primera categoría (fue guionista de Alemania, año cero y Arroz amargo), cargó cada escena de Requiescant de simbolismo social, político y religioso. La gran sorpresa para cinéfilos: uno de los personajes, un cura revolucionario, está interpretado nada más y nada menos que por Pier Paolo Pasolini.

14. Garringo (Rafael Romero Marchent, 1969)

Junto con ¿Quién grita venganza? (1968), quizás la mejor película de su director. En ella aparecen Anthony Steffen (una especie Clint Eastwood italo-brasileño que protagonizó unas veinticinco  del Oeste en una decena de años) y Peter Lee Lawrence (actor alemán que llegó a intervenir en quince películas del Oeste) interpretando unos papeles fuera de los estereotipos de un subgénero cuya fórmula empezaba a dar las primeras muestras de agotamiento en 1969. Gracias a la búsqueda de la originalidad por parte de una serie de directores, como sucede en este caso, aún faltaban varias sorpresas…

Spread the love
Wishlist 0
Continue Shopping