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ARAKI, UN CINEASTA INDOMESTICABLE

Por Daniel Alcaide

La nostalgia por los ochenta ha calado muy fuerte en la cultura popular y la industria audiovisual durante los últimos años. No dejan de aparecer películas, series o cómics que se alimentan de las influencias y el recuerdo de esta década en la que los videoclubs se llenaron de películas de todo tipo, de todos los presupuestos, pero en las que se cruzaban las máximas del desenfreno y la diversión, la acción y las explosiones. Si todas las modas son cíclicas, la nostalgia por la década de los noventa debe estar a punto de llegar, ¿no?

Echando la vista atrás, el último decenio del siglo XX fue una época de cambio y revolución, en la que el cine independiente se convirtió en un auténtico fenómeno. Un cine más crudo y punk, y más social a la vez, que encontró en festivales como Sundance un refugio en el que obtener su validación internacional. La lista de directores que pertenecían a ese ámbito productivo es extensa, pero pocos han causado tanta impresión y controversia como Gregg Araki. Uno de los principales nombres del new queer cinema, Araki marcó a una generación con su estilo guerrillero y ágil. Y es que nadie se atrevió a denunciar la crisis del sida como él, sin condescendencia y con repartos jóvenes, en unas películas que cuestionaban todo lo establecido en cuanto a relaciones sociales, sin el pudor que mostraba el cine comercial al tratar temas como la homosexualidad, la bisexualidad, el poliamor o las relaciones abiertas.

Si bien la década de los noventa fue pura miel para el director angelino, la llegada del nuevo milenio se caracterizó por las dificultades que encontró para sacar adelante sus proyectos y por los conflictos con los estudios, que querían fichar a Araki con la finalidad de domesticar su cine. Como era de esperar, este provocador del celuloide no cedió y sigue en la lucha, haciendo las películas que quiere y como quiere.

Vivir hasta el fin (The Living End, 1992)

¿Qué hacer cuando sabes que el sida va a matarte? ¿Y cuando ni el gobierno ni ninguna institución hacen nada por ayudarte? Tienes que tomar una decisión, y hay pocas cosas más norteamericanas que un largo viaje en coche. Luke y Jon, dos jóvenes seropositivos que se conocen fortuitamente, protagonizan una particular road movie llena de situaciones rocambolescas y amor. Los chicos descubren que solo se tienen el uno al otro para hacer frente a su situación.

Totally Fucked Up (1993)

Un año antes de que Ben Stiller le diera a Winona Ryder una videocámara en Bocados de realidad (Reality Bites) para que reflejase las inquietudes de la generación X, Gregg Araki hizo lo propio con uno de los protagonistas de esta película y lanzó un retrato en formato casi documental de la juventud queer de Los Ángeles, en este caso con un reparto amateur con edades correspondientes a los personajes que interpretaban, y no treintañeros.

Maldita generación (The Doom Generation, 1995)

Sin lugar a dudas, la correcta elección de los intérpretes es algo fundamental para que tu película funcione. Puedes tener un guion fascinante pero si la persona frente a la cámara no proyecta lo que el texto transmite, nos encontramos ante un desastre. Y es casi tan importante la apariencia como el momento de la carrera de los miembros del reparto que participan en la película. Rose McGowan obtuvo en Maldita generación su primer papel protagonista y, a partir de él, su carrera despegó hasta convertirse en uno de las estrellas del cine de género de la época.

Nowhere (1997)

Imagina que vuelves a casa después de una noche de fiesta a mediados de los 90 y enciendes la tele. A esas horas de la noche solo hay reposiciones de series, videoclips y videntes. En tus oídos aún tienes el zumbido de los altavoces de la discoteca. Te quedas dormido, pero cada cierto tiempo abres los ojos y hay diferentes rostros de jóvenes protagonistas de telenovelas adolescentes, colores y sonidos en la tele. Tomando todo esto como referencia, ni siquiera conseguimos estar cerca de definir la experiencia frenética de esta película con la que Araki cerró la denominada Trilogía del apocalipsis adolescente.

Splendor (1999)

Un cambio en una filmografía que hasta entonces se había caracterizado por un tono bastante pesimista y angustioso, con unos protagonistas que eran el reflejo de muchos jóvenes de la época. Una exploración del poliamor: una relación de tres personas contada de forma divertida y luminosa. Esta película se gestó en un momento muy particular en la vida personal de Araki, pues estaba saliendo con Kathleen Robertson, la actriz protagonista, cuando él siempre se había declarado homosexual.

Oscura inocencia (Mysterious Skin, 2004)

A veces, el cine es un arte que peca de morboso a la hora de tratar temas incómodos y truculentos. Es por ello que Gregg Araki se tomó su tiempo preparando esta película, adaptación de la novela homónima, centrada en los abusos sexuales a menores. Una película cuya belleza estética complementa una narración que podría resultar incómoda, pero llega a lo hondo del espectador de una forma alucinante. Obtuvo una merecida ovación por parte de la crítica, que la considera la película más accesible y tradicional de Araki, y también por parte del equipo implicado, que destaca el cuidado que tuvo el director en todo momento con el reparto infantil para evitar cualquier incomodidad de los padres debido al tema tratado.

Smiley Face (2007)

Una vuelta de tuerca a las películas de fumetas que tanto se prodigaron durante los 2000 y que consigue producir en el espectador una auténtica distorsión de la realidad, llena de estímulos visuales y sonoros, por no hablar de los cameos por doquier que evocan a Nowhere. Anna Faris marcó un punto y aparte en este subgénero demostrando que las mujeres también tienen lugar en el mismo, sirviendo como influencia para muchos productos audiovisuales dirigidos y protagonizados por mujeres que vendrían a continuación.

Kaboom (2010)

El título le viene como anillo al dedo, porque esta película es una auténtica explosión de color aplicada al frenetismo de las películas que rodó Araki en los noventa. Podría definirse como pasar varias películas de Hitchcock y un puñado de alucinógenos por una batidora. La cinta vuelve a contar con un reparto joven y atractivo proveniente de la televisión. Una nueva perversión del director en el que la música cobra una gran importancia y donde se vuelven a tratar cuestiones como el temor a un fin del mundo inminente, la bisexualidad y la época universitaria, en un ejercicio que por momentos muestra reflexiones y reinterpretaciones de ese periodo en la vida de Araki y cómo afectó a su forma de ver y mostrar el cine.

Pájaro blanco de la tormenta de nieve (White Bird in a Blizzard, 2014)

La última incursión de Araki en el cine volvió a tomar un gran poso dramático, siguiendo la estela de Mysterious Skin. También es la adaptación de una novela, y cuenta cómo el paso de la adolescencia a la adultez y la percepción de la realidad se ven dinamitados por un suceso traumático. Un trabajo delicado y poético que atrajo a un particular reparto con destacados rostros de Hollywood y que nuevamente funcionó como plataforma de lanzamiento para algunos de sus rostros más jóvenes.

Daniel Alcaide es el autor de L.A. QUEER. El cine de Gregg Araki

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