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Hijo del gran maestro del cine de terror italiano, Mario Bava, Lamberto se hizo cineasta al lado de su padre como ayudante de dirección en todas sus películas, desde el wéstern Ringo de Nebraska (1966) hasta sus dos últimos obras, la mítica Schock (1977) y el episodio televisivo La Venere d’Ille, perteneciente a la serie I giochi del diavolo, que firmaron al alimón. Durante los años ochenta demostró con creces ser uno de los pocos que supieron mantener vivo el «fuego» del género, en su país y en toda Europa, cuando este empezó a perder el favor del público. Su nombre es, desde entonces, una referencia imperecedera para los aficionados de todo el mundo.

Applehead Team se enorgullece de haber publicado Demons: La pesadilla retorna, el libro en el que Pedro José Tena analiza minuciosamente su obra maestra, así como su estupenda secuela, Demons 2 (1986). Nuestro reconocimiento hacia Lamberto Bava no se detiene ahí. Por un lado publicamos en un solo volumen la traducción al español de sus dos electrizantes novelas, Vamp y El tercer día. La primera es una inteligentísima renovación del clásico mito del vampirismo, mientras que la segunda se trata de una distopía catastrofista (con virus incluido), un subgénero en pleno auge en estos tiempos pandémicos. Por otro lado, se ha realizado en exclusiva la novelización del guion no realizado de la que tenía que haber sido la tercera parte del largometraje más famoso del director. Partiendo del texto cinematográfico original firmado por Bava, Pablo G. Naranjo, el autor de Cannonwood: Cómo (casi) conquistar Hollywood, ha escrito el libro y el impresionante resultado se titula Demons Omega. Aquí os dejamos su tráiler y, a continuación, nuestro repaso a la filmografía de Lamberto Bava, un cineasta al que los espectadores y lectores le agradecemos todas las pesadillas que ha creado para asustarnos y todas las que nos regale en el futuro.

Macabro (1980)

Bajo el auspicio de otros dos nombres imprescindibles del género en Italia, los hermanos Pupi y Antonio Avati, Lamberto Bava firma su primera película como director en solitario con esta (nunca mejor dicho) macabra historia que estaba basada en una noticia de la sección de sucesos encontrada por los Avati: una mujer le había cortado la cabeza a su marido y la guardaba en el congelador de la nevera de su casa. Obra atmosférica e inquietante, donde se aprovechaba al máximo el lado más siniestro de Nueva Orleans, el miedo que destilaba no se basaba tanto en el efecto sangriento como en las sensaciones incómodas que dejaba. Ya solo por eso hay que considerarla una obra singular, que no seguía las convenciones que imperaban por entonces.

Cuchillos en la oscuridad (1984)

Al igual que Tenebre de Dario Argento (donde, por cierto, Bava ejerció de ayudante de dirección), esta estupenda y bastante infravalorada película ayudó a resucitar el thriller ultraviolento italiano como un instrumento artístico ya (auto)referencial, pues el subgénero en realidad había languidecido y muerto a finales de los setenta. Sin llegar a extremos posmodernistas, porque Bava, afortunadamente, se toma muy en serio su película, Cuchillos en la oscuridad es una obra esencialista que, aunando los tópicos y la imaginería empleados durante la década anterior, no es que esté fuera de su tiempo, sino que representa uno de esos trabajos que contribuyen a fijar definitivamente un modelo para la eternidad.

Demons (1985)

Para muchos la gran obra del cine de terror italiano de los años ochenta, una década en la que la decadencia tanto creativa como productiva estaba acabando con la gran industria de este país europeo, entre otras cuestiones por la pujanza de las televisiones privadas. Demons ha resistido el paso del tiempo como ningún otro filme de género filmado en Italia en su época, y durante los siguientes cuatro decenios ha seguido ganando nuevos espectadores que caen rendidos ante al encanto sangriento y adrenalínico de ver cómo un grupo de incautos espectadores se quedan encerrados en un cine… a merced de unos horribles demonios. Terror imperecedero.

Demons 2 (1986)

¿Una especie de remake inmediato de la primera entrega? Probablemente, aunque no supone ninguna problema. Ojalá todas las segundas partes, aun haciendo una referencia tan evidente a lo ya filmado, fueran así. Un acierto de principio a fin, empezando por la sustitución del medio de trasmisión demoniaco —de la pantalla de cine se pasa a la de televisión: inolvidable la secuencia protagonizada por Coralina Cataldi-Tassoni—, y terminando por llevar la claustrofobia del encierro a un moderno edificio de apartamentos. Además, los efectos especiales de maquillaje y sangrías varias de Sergio Stivaletti brillan mejor que nunca.

Per sempre (1988)

Cuando las salas italianas de cine empezaron a perder la batalla contra la producción televisiva de las cadenas privadas, no todos los cineastas de género consiguieron sobrevivir, bien porque el circuito de exhibición se hizo cada vez más reducido (y menos creativo), bien porque no encontraron en la televisión un medio donde pudieran expresarse a sus anchas. Lamberto Bava fue de uno de aquellos que sí pudo dejar huella con proyectos como Brivido giallo, que constaba de cuatro telefilmes. El mejor fue Per sempre, una revisión en clave fantástica y terrorífica del clásico noir de J. M. Cain El cartero llama dos veces. Y es que cuando un marido regresa de ultratumba para hacer una visita a la (ex)esposa que lo sacó fuera de este mundo, la cosa no puede terminar muy bien para los protagonistas, pero sí para los espectadores.

La gruta de la rosa de oro (1991-1996)

El panorama audiovisual ya había cambiado totalmente a principios de los noventa y el recuerdo de la gloria cinematográfica pasada quedaba muy lejos en el tiempo. La televisión mandaba y los destellos creativos en sus productos de ficción escaseaban. Lamberto Bava supo aportar su talento ante semejante panorama en el que el género fantástico y de terror no se veía con buenos ojos. Con series como El anillo del dragón (1995) y Alisea y el príncipe de los sueños (1996), o la película para la pequeña pantalla La princesa y el mendigo (1997), Bava se convierte en el director italiano más acreditado para filmar el género de fantasía, que, curiosamente, nunca había tenido una tradición particular en el país. Su obra más reconocida es la pentalogía La gruta de la rosa de oro, una serie de telefilmes que cuentan las aventuras y desventuras de la princesa Fantaghirò (Alessandra Martines). Con un personaje proveniente de un cuento tradicional, Bava creó algo nuevo combinando con mano maestra un poco de imaginería Disney con un mucho de estilo fantástico del centro y el norte de Europa, sin olvidar el ingrediente mediterráneo obtenido de la estética péplum de los cincuenta. Una sorprendente obra de culto estrenada cuando los italianos ya no creían en los géneros.

Ghost Son (2007)

Con la entrada del nuevo siglo, Bava volvió al cine con dos películas muy diferentes entre sí. The Torturer (2005) parecía la respuesta del cineasta al torture porn que se estilaba en aquellos años, mientras que Ghost Son marcó un nuevo paso hacia delante en su carrera. Esta última contaba, con gran elegancia formal y un envidiable pulso en la puesta en escena, una historia que en algunos aspectos recordaba (intencionadamente) a Shock. De nuevo tenemos a una pareja que vive en una casa aislada y llena de presencias fantasmales, pero la trama transcurre en una granja sudafricana y renueva tanto el tema del amor más allá de la muerte con tintes escalofriantes, como el de la maternidad conflictiva. Una acertadísima propuesta que conjugaba drama, terror y thriller, una obra que sin duda reivindicamos desde este espacio.

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