Escrito y dirigido por José F. Riveiro, el largometraje documental Rebobinando, la edad de oro de los videoclubs (2017) regalaba a los espectadores un pasaje de lujo en un viaje muy especial por la edad dorada (es decir, la década de los ochenta y noventa) del video doméstico. Efectuaba un recorrido gozoso de la mano, además, de algunos de sus protagonistas, pues, aparte de la intervención de varias expertos, varios actores y artistas europeos que protagonizaron las películas que se alquilaban en aquellos años contaban en pantalla sus experiencias.
Ahora Applehead Team ofrece a los espectadores la oportunidad de convertirse en lectores, porque en Rebobinando: El libro de la generación del videoclub se recogen al completo las anécdotas de los colaboradores del documental y se amplía la información relativa al mundo de los videoclubs (su creación, auge y triunfo en el mercado, su declive…). Y aún hay más: se realiza un pequeño repaso de las cintas que fácilmente podíamos encontrar en las estanterías de estos establecimientos, con películas que a veces ni siquiera habían pasado por los cines o emitían en televisión.
Como muestra del trabajo de Riveiro en este libro, a continuación ofrecemos varios extractos relacionados con la sección dedicada al género de terror:
Museo de cera
«El cine de los videoclubs se nutría de todo tipo de películas y, aunque muchas veces la calidad de estas era cuestionable, en otras ocasiones pequeñas películas como la que ahora nos ocupa, conseguían tener no solamente una carátula sensacional, de ésas que hacen que la alquiles inmediatamente, sino que ofrecía justamente lo que el aficionado más agradecía, es decir, un buen rato de entretenimiento. Museo de cera (Waxwork, 1988) fue el debut como director de Anthony Hickox y se trataba de una comedia de terror en la que Zach Galligan —el protagonista de Gremlins (Joe Dante, 1984)— interpretaba a uno de los invitados a conocer un nuevo museo de cera en el que el villano, interpretado por David Warner, intentaba que los visitantes se viesen obligados a interactuar con los escenarios en los que cada figura estaba ambientada, para transportarlos a un mundo paralelo, en el cual se desarrollaba lo que en aquella escena estática se reflejaba, y casi siempre tenía que ver con algún episodio violento».
Los chicos del maíz
«Un título que resultó un enorme éxito en los videoclubs y se convirtió en una saga prácticamente inseparable de estos locales fue Los chicos del maíz (Children of the Corn, Fritz Kiersch, 1984), una película que adaptaba un relato corto de Stephen King y que, hasta la fecha, ha generado ya ocho secuelas y una precuela. Narraba la llegada de una pareja a Gatlin, un extraño pueblo de Nebraska, habitado únicamente por niños, donde pronto podíamos darnos cuenta de que algo extraño, relacionado con las sectas religiosas, estaba ocurriendo…».
Jóvenes ocultos
«Una película que ha conseguido marcar a toda una generación, a pesar de no haber obtenido nunca buenas opiniones de la crítica, ha sido Jóvenes ocultos (The Lost Boys, Joel Schumacher, 1987). Reflejaba muy bien la cultura popular de aquella época y conseguía conectar con los espectadores más jóvenes mezclando elementos de comedia y terror. Los guionistas se inspiraron en los niños perdidos de Peter Pan, pues aquello de que este pudiese volar y no envejecer nunca les hizo plantearse que, tal vez, podía tratarse de un vampiro».
Dolls
«Hay que comentar otra de Stuart Gordon que la gente recuerda con mucho cariño, gracias a los videoclubs y que marcaría un camino a seguir para diversas explotaciones similares. Dolls (Stuart Gordon, 1987) no era la primera película que incluía muñecos asesinos en su historia, pero tenía un espíritu mucho más moderno y gamberro que generaba cierta contradicción, al plasmar una bonita fábula infantil dentro de un mundo repleto de violencia y sangre. Una mezcla de géneros que, a día de hoy, resultaría impensable, pero que funcionó muy bien y que, además de adelantarse a la película sobre la que hablaremos a continuación, marcó, como decimos, el camino para la sagas Puppet Master, Demonic Toys y sucedáneos».
El regreso de los muertos vivientes
«Tenía una carátula irresistible. Prometía zombis, pero también diversión desenfadada. Y la verdad es que El regreso de los muertos vivientes (The Return of the Living Dead, Dan O’Bannon, 1985) no engañaba, pues conseguía dar un pequeño giro de tuerca a un género que se estaba agotando. En esta ocasión la película sabe tomarse a broma a sí misma cuando debe hacerlo, y ponerse seria en los momentos de rigor. Dejó escenas inolvidables, como el striptease de Linnea Quigley en el cementerio bajo la lluvia, pero también un zombi que llegaría a tener hasta nombre propio, Tarman, el viscoso zombi que había salido del bidón y pedía cerebros de una manera muy característica».
Aullidos III
«La primera parte seguía funcionando lo suficientemente bien en los videoclubs como para que el mismo Philippe Mora volviera a las andadas con Aullidos III (Howling III: The Marsupials, 1987). Dado que la película se había rodado en Australia, había que aprovechar la coyuntura para mostrar una mutación de estos licántropos, convirtiéndose en un animal mitad lobo, mitad marsupial. No es broma».
Scanners
«Aunque el director ya había estrenado Rabia, Cromosoma 3 o La zona muerta, que también eran habituales de los videoclubs, posiblemente la más recordada sea una de la que se ha llegado a utilizar la imagen de Michael Ironside de su carátula para que otras películas se intentasen aprovechar de la popularidad del título de Cronenberg. Como os podéis imaginar, la película a la que me refiero es Scanners (David Cronenberg, 1981) película que todo el mundo recuerda por aquella cabeza explotando de manera tan sangrienta y espectacular».


