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Entrevista con el autor de Plissken: Forajido americano

Si John Carpenter ha acabado siendo reconocido como uno de los directores de género estadounidenses más importantes e influyentes de las últimas décadas, Snake Plissken, uno de sus personajes más carismáticos, se ha hecho un hueco especial en el ánimo de muchos aficionados. «Estadounidense. Teniente. Unidad de fuerzas especiales Black Light. Dos corazones púrpuras: Leningrado y Siberia. El hombre más joven condecorado por el presidente»,… pero asimismo rebelde, pirata, individualista, criminal buscado por la policía y ¡fumador!: el protagonista de 1997: Rescate en Nueva York (1981) y 2013: Rescate en L.A. (1996), a quien interpreta un inmejorable Kurt Russell, merecía un estudio concienzudo. Y eso es Snake Plissken: Forajido Americano, un ensayo de cine, pero también de historia cultural, donde se analizan estas dos películas de Carpenter y, al mismo tiempo, se repasa la figura del cineasta, sin olvidar el momento histórico y social en el que filmó este díptico tan especial que, con su propuesta entre la distopía terrorífica y el cine de acción (anti)heroica, se ha convertido en un referencia para muchos espectadores. El autor del libro, Eduardo Martínez Gómez, se ha zambullido en las profundidades de este relato de ficción, y sobre ello nos habla (sobre su investigación, el proceso de escritura y las conclusiones a las que ha llegado ) en la siguiente entrevista.

Antes de comenzar, y emulando a mi amigo David G. Panadero en su pódcast Sesión Prótesis, te pido que pienses tres segundos y atrapes tus recuerdos. ¿Cuándo, cómo y dónde viste por primera vez 1997, Rescate en Nueva York?

Así, a bote pronto, estoy casi seguro de haberla visto por primera vez en la Filmoteca de Catalunya cuando ésta se encontraba en la sede anterior a la actual, muy cerca de casa de mis padres. Fue en la sesión de las diez de la noche, y la copia que nos proyectaron, bastante decrépita, por cierto, estaba doblada al castellano, algo curioso dada la (buena) política habitual de la Filmoteca en estos aspectos. Debió de ser en 1997, así que yo tenía catorce o quince años… Luego ya volví a verla en casa, grabada en video de su emisión en Telecinco una noche de verano que debía ser el de 1998. Y esa fue la copia de la película que más veces he visto hasta la fecha, a pesar de que el formato de 4:3 de la pantalla de televisión boicoteaba por completo la estética de la versión cinematográfica. Por suerte, eso cambió cuando salió en DVD, pero esas primeras tomas de contacto con la película, todas ellas en su versión doblada, han provocado que durante la escritura de este libro se me haya hecho rarísimo el referirme a su protagonista como Snake Plissken. Para mí, siempre será Serpiente Plissken.

Y, ya que es otra película que analizas con detenimiento en tu libro, ¿qué me dices de 2013: Rescate en Los Ángeles?

La vi pocos días después de la sesión con la que me estrené con 1997: Rescate en Nueva York y en el mismo lugar, aunque en primera o segunda sesión de tarde. Creo que ambas películas formaban parte de un ciclo de la Filmoteca sobre las distopías en el cine, pero en esta ocasión la copia ya fue en versión original y, debido probablemente a la proximidad de su estreno en salas, estaba en mucho mejor estado. Lo que, dada la calidad de la copia y, sobre todo, del sonido del doblaje de aquella primera proyección de 1997: Rescate en Nueva York, supuso una mejora sustancial. Luego me hice con ella también en video, si bien otra vez doblada, y también en formato cuatro tercios. Ya entonces el resultado de esa edición me pareció una chapuza, especialmente por el efecto que el doblaje de Plissken tenía sobre la interpretación de Kurt Russell, pero creo que acabé viéndola más veces que 1997: Rescate en Nueva York. Aunque en líneas generales me parece una película bastante peor que la original.

¿Y la primera película de John Carpenter? O, en todo caso, ¿cuándo fuiste consciente, como espectador, de su relevancia como director?

La primera fue Golpe en la pequeña china. La vi por televisión, otra vez en Telecinco, que debía tener el monopolio de las películas de Carpenter protagonizadas por Kurt Russell. Y si la memoria no me falla, después vi La cosa. Formaba parte de una colección de videos llamada Cine de terror, que editaba Planeta de Agostini y se vendían en quioscos y librerías. Para entonces ya sabía quién era Carpenter, gracias a algunas críticas de los pases televisivos de algunas de sus películas y reportajes en libros y revistas sobre cine. Acabé de saber de su importancia tras ver por televisión, en el canal 33, La noche de Halloween. Fue en verano de 1996, y por entonces estábamos inmersos en la revalorización del género en general, y de La noche de Halloween en particular, con lo que íbamos tomando nota sobre todo lo que debíamos saber del género a marchas forzadas. Hay que tener en cuenta que ese mismo año se había estrenado Scream. Vigila quién llama, con el consiguiente boom nostálgico del subgénero de terror de los psycho killer. Ese mismo otoño vi Christine por televisión, dentro de un programa sensacional que hizo mucho, muchísimo por dar a conocer el cine de terror y fantástico entre los catalanes de mi generación. Se emitía por TV3, y se llamaba Klaatu, Barada, Niktó! en honor a Ultimátum a la tierra, catalanizando este santo y señaextraterrestre al poner el acento en su o final.Era una maravilla: cada semana emitían una película de género fantástico y/o terrorífico seleccionada y presentada por Àlex Gorina, crítico de cine y entonces director del Festival de Cine de Sitges. Luego ya empezaron a hacer sesiones dobles semanales (y diría que, llegado un punto, hasta llegaron a emitir tres películas seguidas en cada nueva entrega del programa) y ya era para volverse loco. Creo que nunca he grabado y regrabado más cintas de video, muchas veces con películas que ni siquiera conocía pero que sabía que valdrían la pena por el simple hecho de formar parte de su parrilla. Recuerdo que, en su presentación de Christine, Gorina se deshizo en elogios hacia Carpenter y su carrera, finiquitando su introducción a la película con un arrebatado: «John Carpenter es uno de los grandes. Le amo ¡QUIERO MÁS!». Por entonces ya gozaba del status de director de culto próximo al de una estrella del rock entre cada vez más críticos. Durante esos años me dediqué a recortar y recopilar muchos de esos artículos sobre Carpenter y su cine, con lo que no tardé en ser consciente que era un cineasta importante, y también de que su trabajo no siempre había sido acogido tan positivamente en el pasado, dándole una aureola de malditismo que lo hacía aún más atractivo.

En Snake Plissken: Forajido americano abordas este par de películas de Carpenter desde tres perspectivas, la historia cultural, la filmografía del director y su biografía. Inevitablemente, las tres se entretejen en no pocos momentos. ¿Tuviste siempre claro que ese iba ser el concepto? ¿Cómo ha sido la evolución de tu trabajo?

Cuando empecé a escribir el libro, sabía que la carrera de Carpenter tendría un peso importante en su desarrollo. Pero no fue hasta que acabé de escribir el primer capítulo (donde a partir de una serie de acontecimientos históricos se investiga dónde, cuándo y cómo surge Serpiente Plissken) que me di cuenta de que la historia cultural que abarca el personaje desde sus inicios hasta la actualidad era tanto o más importante para interpretarlo que el periplo profesional de Carpenter. Es curioso, porque el mismo Carpenter afirma que hay que hacer películas con la vista puesta en el horizonte, no en lo que ocurre a tu alrededor y en la sociedad. Y probablemente sea cierto, pero creo que también es verdad que un creador no puede aislarse por completo de la realidad de la que surge su obra. En este caso en particular, es imposible separar el desarrollo de la carrera de Carpenter del zeitgeist en el que tuvieron lugar su auge y posterior caída, con lo que todas las piezas del libro fueron encontrando su reflejo las unas en las otras, retroalimentándose y dando cuerpo a un discurso capaz, espero, de dotarlo de una estructura. El libro podría haberse quedado en una mera recopilación de datos y anécdotas que, si bien también están ahí, creo que se integran en estas tres corrientes que comentas, dando algunas hipótesis y posibles conclusiones menos complacientes de lo esperable en un libro que básicamente nace de la nostalgia hacia un cine y un personaje que, de seguir existiendo en el futuro, no creo que puedan seguir siendo iguales a como los conocemos.

Me parece un acierto fantástico el que hayas sostenido el arco temporal de tu estudio en el díptico plisskeniano, porque, efectivamente, demuestras que funcionan como los dos pilares que sostienen dicho arco. El Carpenter del primer filme y el Carpenter del segundo son muy diferentes. ¿Qué faceta suya como cineasta te gustaría destacar en cada caso?

Siempre intenté centrarme en el personaje como objeto de estudio del libro y no tanto en las películas, cómics o novelizaciones que protagonizó, aunque evidentemente dé un repaso a todas sus apariciones en estos medios para extraer conclusiones. Y el gran peso de 1997: Rescate en Nueva York y 2013: Rescate en L.A. en la percepción que hoy tenemos de Serpiente Plissken, y su condición de testimonios de unos momentos profesionales (los de Carpenter) e históricos (los de los EE.UU.) muy determinados, hizo insoslayable el convertir estas dos películas en otros tantos pilares fundamentales del libro. Además, y como bien dices, cada una de ellas sirve para interpretar el lugar que ocupaba Carpenter dentro de la industria en dos momentos muy, muy diferentes de su carrera. Cuando hizo 1997: Rescate en Nueva York estaba en la cresta de la ola, tanto en términos creativos como en lo que se refiere a su repercusión en taquilla, mientras que cuando se estrenó 2013: Rescate en L.A. su forma de entender el cine (y muchos aspectos de la cultura y la sociedad estadounidenses) era casi un anacronismo. En mi opinión, el punto y aparte entre una y otra etapa fue La cosa, que no perdió dinero pero recaudó mucho menos de lo esperado. Su relativo fracaso, y sobre todo la mala acogida deparada por gran parte de la crítica y del público que le puso los ojos encima en aquel 1982 en que E.T., el extraterrestre arrasaba, certificaron los aires de cambio que empezaban a respirarse en los EE.UU. y su industria del cine. Pero dejando de lado el grado de virulencia de La cosa, que, como decía, levantó ampollas, si algo define esta primera etapa de la carrera de Carpenter es su tono y su ritmo, algo que creo tiene que ver con la asiduidad de muchos de sus colaboradores, tanto del equipo técnico como del interpretativo, con una especial atención a Dean Cundey y Debra Hill como director de fotografía y productora, respectivamente. Creo que sus inicios en el cine de bajo presupuesto le obligaron a narrar las historias que quería explicar con muy pocos recursos. En su cine posterior, y no sin excepciones, se nota que intenta equilibrar su necesidad de sobrevivir en la industria de Hollywood, dentro de sus posibilidades. Muchas de sus películas de esa segunda etapa parecen un campo de batalla entre sus intentos por recuperar el beneplácito de un público que le era cada vez más distante en lo referente a los gustos cinematográficos y a la visión del mundo en general, y su fidelidad a un estilo narrativo y unas perspectivas vitales que fueron cayendo progresivamente en desuso y que, en mi opinión, le son mucho más propias.

1997 es una película llena de aciertos de principio a fin. ¿Cuál destacarías?

Me cuesta un poco quedarme solo con uno… La película contiene mucho de lo que comentábamos antes de esa primera etapa del cine de Carpenter. Quizás destacaría su atmósfera por encima de todo lo demás. Es ligera y sombría a la vez, sin exabruptos de ningún tipo pero llena de picos de intensidad que nunca rompen la unidad del conjunto a pesar de lo esquemático de la mayoría de sus personajes y de las situaciones que plantea.

¿Tú escena favorita?

La de Serpiente sobrevolando Manhattan con el aeroplano. Combina perfectamente la rudeza del personaje, su alergia al mundo que le rodea y un tono algo triste pero sin afectaciones de ningún tipo. Pero por encima de todo lo demás, este me parece el mejor momento de la película por ser precioso, algo raro en la carrera de Carpenter. Me atrevo a incluir otro que me parece igualmente maravilloso: Serpiente sentado en una silla en medio de la calle, resignándose sin aspavientos a contemplar como el poco tiempo que le queda se le escurre de entre las manos. Lo que en otra película habría podido ser un momento arty, por estar aislado del resto, aquí se integra perfectamente como un momento más.

¿Qué aspecto te parece menos conseguido?

Visto hoy, el diseño de sonido ha envejecido bastante mal, y eso lastra un poco la efectividad de algunas escenas de acción. Por otro lado, y tiene mérito que sean necesarios varios visionados para darse cuenta, el personaje de Serpiente es en esta película bastante menos efectivo de lo que promete su leyenda militar y criminal. Está presentado como un genio de la infiltración y la huida, pero cuando pone un pie en Nueva York, el crédito acumulado por la rumorología y la mítica que envuelven al personaje se deshace. Todos los artilugios que le entregan para facilitarle la misión o bien los rompe o bien se los roban, antes de ser capturado sin poder ofrecer apenas resistencia… Su cabezonería y tenacidad tapan a ojos del público sus fallas como agente infiltrado. De no ser por el estilo que Carpenter le imprime a la película y por la interpretación de Russell, cuyo mérito en este sentido diría que aún no ha sido lo suficientemente reivindicado, creo que no serían suficientes para cubrir esta contradicción.

En 1997 y, consecuentemente, en tu libro, hay mucha política y sociología. ¿Hasta qué punto la referencia a la inseguridad que se vivía Nueva York, así como el clima social que se vivía en Estados Unidos en los setenta, que es el germen del guion original, era algo que percibían los espectadores de la época? ¿Piensas que la mayoría veía esa conexión? ¿Y los espectadores de los otros países?

En la entrevista a Jan Utstein y William O’Neill que se incluye en el anexo del libro se menciona esa posibilidad, aunque sin llegar a concretarse como una certeza absoluta. Evidentemente no puedo asegurarlo al cien por cien, pero supongo que establecer esa conexión era inevitable para el público estadounidense de la primera película. La sensación de inseguridad que se desprende de la película era parte de la vida cotidiana en muchas ciudades de los EE.UU., y más aún en Nueva York, por lo que ya se encontraba en el marco mental y emocional de los estadounidenses. Aunque más que intelectualizarla como referencia, o como la interpretación cinematográfica de una realidad determinada, supongo que esa visión de las cosas conectó con el público a un nivel más inmediato, más primario. Por ese motivo, imagino que la relación de los espectadores de otros países con el universo planteado en la película debió de ser diferente. Como digo, todo esto son conjeturas, pero la distancia de un espectador europeo respecto a esta realidad debió acrecentar la condición de cine de evasión de 1997: Rescate en Nueva York, en mayor medida que para un estadounidense.

Dentro de las producciones italianas de los ochenta que se inspiraron en la película de Carpenter, ¿te gusta alguna en concreto?

2019: Tras la caída de Nueva York de Sergio Martino. Y no es que me encante, pero me parece bastante divertida, en general. Además, recoge muy bien el que, dejando de lado sus mecanismos de financiación, producción y distribución, que por sí solos me parecen interesantísimos, diría que es el rasgo más destacable de estas películas: su absoluta falta de recato y hasta de vergüenza en lo que plantean. Eso les permitía desafiar sin despeinarse lógicas narrativas más convencionales, y erigir escenas cuyo sentido de la moral desbordaba, por decirlo suavemente, lo ofrecido desde una concepción más ortodoxa del cine comercial. Estos exploits no siempre alcanzaron los resultados deseados, pero es justo reconocer que al menos una parte de este cine, yendo más allá de las réplicasde 1997: Rescate en Nueva York, amplió el campo de batalla de lo que podía esperarse de una película para muchos espectadores.

Explicas que Hollywood cambió muchísimo en la década de las ochenta y noventa, dejando cada vez menos espacio a personajes como Snake. ¿Es realmente, en las últimas cuatro décadas, el último de los mohicanos dentro de un cine de acción futurista? Si no descendiente directo, ¿hay algún personaje donde reconozcas algo de él?

Su unidimensionalidad ya no se lleva en el género de acción futurista, y el tipo de masculinidad que representa tampoco, porque esquiva un lugar común, tan enraizado en la construcción de no pocos personajes que podrían resultarle afines, como es el de la búsqueda de la redención como motor de la evolución del personaje. Ni siquiera un personaje más o menos coetáneo a Serpiente como es Max Rockatansky ha conseguido escabullirse de ese impulso. Serpiente, por el contrario, sí. Un familiar me comentó el otro día que creía que el personaje era el paso previo al fascismo propio de los héroes de acción de los ochenta. Y esa es la cuestión: Serpiente Plissken nunca dio, ni ha dado por ahora, el paso que podría justificarlo como un héroe, y hacer de sus acciones algo justo. Es un personaje que solo existe en su lucha para recuperar su libertad, pero en ninguna de las dos películas se muestra qué uso hace o haría de ella al alcanzarla, más allá de fumarse un cigarrillo. Solo lo vemos intentando recuperarla. Creo que es este grado de descontextualización o de referentes, y el haber permanecido bajo el ala protectora de Carpenter en calidad de supervisor y guardián de las esencias del personaje en sus apariciones en medios ajenos al cine, lo que ha mantenido a Serpiente Plissken al margen de modas y cambios socioculturales.

Creo que eres bastante justo con la secuela, mostrándote en cierta manera favorable a ella, más que otros muchos espectadores. Por de pronto, el mensaje político quizás sea más explícito que en la primera. Te pregunto un poco lo mismo, ¿qué es lo mejor y lo peor de 2013?

En su primer acto, creo que es una película más ágil que la original, y a pesar de lo bruto de sus posturas políticas, de todo menos sutiles, es muy ligera. No parece tener más ambiciones que entretener a su público sin sermonearlo ni ponerse solemne respecto a lo que cuenta en ningún momento. Me imagino que, si no conectas con su concepción de la sociedad estadounidense, u occidental en general, su visionado pierde pegada, pero a mí me parece muy divertida y hasta necesaria en su defensa de determinados valores, por muy obvios que puedan ser sus componentes satíricos. Y su final es uno de los mejores de todo el cine de Carpenter. Otra cosa es que, viniendo de alguien con sus capacidades narrativas, 2013: Rescate en L.A. no resulte muy inferior a otras de su filmografía. Tiene muchas de las irregularidades de este tramo de su carrera, como una planificación comparativamente más diluida, algunas concesiones a la comercialidad que descompensan el resultado final y un sentido del espectáculo que funciona mucho mejor cuando abraza el petardeo que cuando se toma en serio a sí mismo. Sobre esto último, sigue sin estar del todo claro si ese punto de descaro fue una opción creativa consciente y voluntaria o fruto de un presupuesto insuficiente. Carpenter asegura que faltó dinero para llevar a cabo en condiciones aspectos como el acabado de los efectos visuales, pero entre muchos aficionados ha ido calando la idea contraria: que lo paupérrimo de estos efectos es una decisión consciente por su parte; una chanza a costa de las superproducciones de Hollywood. Será que queremos tanto a Carpenter que preferimos justificar sus fallos como aciertos antes que admitir que su cine, como el de la inmensa mayoría de los directores, también es fruto de las condiciones en las que se hizo la película y de su roce con las intenciones iniciales de sus responsables. Aunque, en honor a la verdad, no deja de ser cierto que la película también funciona como una comedia al borde a la autoparodia.

De todos los proyectos en torno al universo de Snake que, a lo largo del tiempo, se han quedado en agua de borrajas, ¿cuál te hubiera gustado ver o piensas que tenía sentido?

Habría sido interesante ver en pantalla el guion escrito por Coleman Luck en 1987; aquel primer intento de Escape from L.A. que iba a producir Dino De Laurentiis. Su guion tenía un sentido de la desfachatez muy divertido, y ya contenía algunos de los dardos hacia los EE.UU. que dispararía Carpenter en 1996, con 2013: Rescate en L.A., aunque Luck lo hacía desde una perspectiva más agresiva y mucho menos reverencial con la original. Lo que sabemos del resto de intentos frustrados de resucitar al personaje para el cine no me inspira demasiada confianza. De hecho es curioso que un personaje del calado popular de Serpiente Plissken no haya tenido más repercusión en el cine que el alcanzado por dos películas, una de las cuales fue un fracaso en taquilla, y unas cuantas imitaciones apócrifas que hoy ya casi nadie recuerda.

Y de los que se han llegado a realizar en otros medios, ¿cuál consideras más satisfactorio?

Dentro del mundo del cómic, que es donde el personaje ha tenido más predicamento dejando de lado las dos películas de Carpenter, me quedaría con John Carpenter’s Snake Plissken Chronicles, por lo atrevido que resulta en su chanza hacia el magnicidio de John Fitzgerald Kennedy, y algunos pasajes de Escape from New York, que tenían su interés. En otro registro, la novelización de 1997: Rescate en Nueva York firmada por Coleman Luck también tenía sus aciertos, como su descripción del proceso de degradación de Nueva York en prisión de máxima seguridad, en parte a resultas de la Tercera Guerra Mundial que hace de telón de fondo de la historia. Su descripción del contexto histórico que rodea la historia es interesantísima.

La pregunta del millón: ¿necesitamos realmente un remake de 1997? Otro amigo mío dice que eso sería como reescribir la Biblia.

Es lo de siempre: habría que ver el resultado para saber si nos hacía falta o no. La cuestión es que entonces ya será tarde para lamentarse y ya habremos pasado por caja, que es probablemente lo que motivaría un remake o reboot como el que viene planteándose desde hacer unos años. Por eso desconfío bastante las iniciativas que se han tomado en ese sentido. Lo que se conoce de estos proyectos me parece demasiado reverencial con la historia original y/o con el personaje. En el primero de los dos casos, creo que ya es hora de darle a Plissken un nuevo terreno de juego acorde con los tiempos actuales, y menos motivado por la nostalgia y el guiño referencial. Y en lo que se refiere a Serpiente, creo que ponerlo en un pedestal puede desbaratar su condición de antihéroe con facilidad. Es un personaje tan puramente unidimensional en su rebeldía contra toda forma de autoridad que, para mantenerse en sus trece, debería ser libre hasta de tener que gustarle al público de la película, o ser capaz de tomar decisiones antipáticas por el simple hecho de que eso lo reafirma como individuo. Pero en un momento en el que la nostalgia puede llevar al más pintado a cargar las tintas en una visión épica del personaje, y en el que la defensa de la libertad individual a costa de la colectiva es aplaudida por muchos (que en gran medida se sitúan en las antípodas políticas de Carpenter) como un valor en sí mismo considerado, no sé si Serpiente podría librarse de convertirse en un héroe. Y, dada su naturaleza, este es un personaje que si se lo asume desde la reverencia o se lo blanquea, corre el gran riesgo de quedar neutralizado.

¿Me podrías decir tus siete películas preferidas de Carpenter?

La cosa: Es una de esas películas en las que todo cuadra sin parecer premeditada. En mi opinión representa la depuración más perfecta de todos los valores y méritos del cine de Carpenter.

Vampiros, de John Carpenter: Puede que influya el que fuera la primera película de Carpenter que vi en un cine cuando se estrenó, pero ya entonces pensé que su músculo narrativo y falta de simpatías hacia sus protagonistas no tenían nada que ver con el cine de terror coetáneo.

La niebla: Tiene esa cadencia pausada del primer Carpenter y la combinación de costumbrismo, historia de horror gótico y el modo en el que Dean Cundey fotografió la localidad de Inverness, donde se rodó la película, que la hacen maravillosa. Sé que La noche de Halloween es mucho más redonda en lo narrativo, pero al contrario que en aquella, yo viviría en La niebla.

Asalto a la comisaría del distrito 13: Es sólida como una piedra y, pese a sus carencias presupuestarias, contiene escenas que son puro músculo narrativo.

La noche de Halloween: Al igual que ocurre con Asalto a la comisaría del distrito 13, parece impulsada por un perfecto mecanismo de relojería. Todo en ella funciona tan bien que hasta lo que parecen deficiencias de planteamiento se ve realzado hasta convertirse en un acierto más.

1997: Rescate en Nueva York: su primer tramo me parece un primor, y aunque después se desinfle un poco, al menos en mi opinión, la figura de Serpiente Plissken resulta tan magnética que compensa los problemas que pueda tener su desarrollo. Además, y aunque lo haya dicho antes, su atmósfera resulta impresionante.

Golpe en la pequeña china: No es ni de lejos la película mejor rodada de Carpenter, y puede que sea una de las más impersonales de toda su carrera; pero en mi opinión es su filme más divertido. Un festival.

¡Alguien me está espiando!: Sé que debían ser siete y no ocho, pero no quería dejar fuera a una de las grandes olvidadas de la filmografía de Carpenter, y también una interesantísima película. Todo en ella funciona sin esfuerzo aparente, y es de una concisión y un saber hacer asombrosos. Es una pena que no se la conozca más, porque está a la altura de algunos de sus mejores trabajos.

¿Y la que menos te gusta?

Probablemente sea Memorias de un hombre invisible, por lo insípida que resulta en líneas generales. Además, nunca me ha gustado Chevy Chase. A pesar de que aquí se esfuerza por mostrar una vis interpretativa más dramática que cómica, no logra convencerme como protagonista. Igualmente, también mencionaría Pro-vida, que es parte de la segunda temporada de Masters of Horror y me pareció sorprendentemente poco trabajada, y más aún por seguir a la muy superior El fin del mundo en 35mm.

Si no me equivoco este es tu primer libro. Cuéntanos un poco de tu trayectoria como crítico. ¿Por qué escribes sobre cine?

Hace unos años coescribí junto a Sara Aguareles D’un projecte d’escola a l’Escola Projecte, sobre la historia de la escuela Projecte de Barcelona. Pero Snake Plissken: Forajido americano es el primero que escribo en solitario, y también el único, al menos por ahora, relacionado con el cine. Empecé mi andadura en este terreno por mi cuenta, con un blog llamado A sesión continua donde publicaba una crítica a la semana durante unos dos años y medio. Curiosamente, Carpenter fue el director con más películas analizadas en aquel blog, que en cualquier caso me sirvió de carta de presentación para algunos trabajos como redactor de contenidos, la mayoría sobre cine (y audiovisuales en general), educación, o ambas cosas a la vez. Después escribí más artículos y críticas de forma más o menos asidua para la Revista Mutaciones y el Rincón de los expertos de MRC, además de para otras revistas y medios en los que he ido publicando esporádicamente, como Círculo de Lovecraft, para la que escribí un artículo sobre La rebelión de las máquinas muy a finales del 2020. Durante su redacción entre en contacto con vosotros, con Applehead Team, y después de algunos intercambios de correos electrónicos, aquí estamos.

Para acabar, si te dieran la oportunidad de tomarte algo con Carpenter o Snake, ¿a quién elegirías?

Esta pregunta es muy difícil de responder. Tomarse algo con Plissken debe de ser como un larguísimo silencio incómodo. Y dados los precedentes, creo que la cosa terminaría conmigo asesinado por algún sicario mientras Serpiente reemprende su huida por las calles de alguna ciudad al borde del colapso. Creo que por eso preferiría tomarme algo con Carpenter, y más en un momento en el que ya está de vuelta de todo y no parece tener demasiados problemas en sincerarse sobre muchos aspectos de su oficio o la vida en general. Aunque muchas de sus respuestas ya parecen hechas con molde a preguntas hechas demasiadas veces… Es muy difícil… ¿No podría tomarme algo con los dos a la vez? Sería como asistir al encuentro entre Hauk y Serpiente en 1997: Rescate en Nueva York, aunque aquí podría revolverse contra Carpenter por no querer ser como él lo ha escrito y rodado, después de arañarle al menos un cigarrillo. No sé… Dicen que es mejor no conocer a tus héroes, no veo porque debería ser diferente en el caso de los antihéroes.

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