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«Pasa de la medianoche del sábado y es como si el tiempo se hubiera parado y solo la música metalizada sonara machaconamente. Desde el mirador de Gran Velvet se observan miles de cabezas bañadas por luces espectaculares, y brazos, piernas y cuerpos bailan de forma frenética. A esta discoteca, la mejor de Europa según Paco Valero, su jefe de animación, se la conoce como “el lugar más excitante del mundo”. No es para menos. Esta maquinaria de diversión es, además, un lugar mágico donde surgen vibraciones electrizantes, donde energía, luz y sonido se mezclan en una combinación explosiva. Un macroambiente de efectos conjuntados, técnicos y humanos, capaz de elevar el espíritu insospechados…».

De esta manera describía en 1994 la periodista Monty Padura, para la revista Primera Línea, la que posiblemente fuera la discoteca más imponente de la época en nuestro país, y, de paso, presentaba a uno de los artífices clave para que el recién inaugurado espacio pegara muy fuerte en la noche durante su corta pero brillante existencia. Los titulares de la publicación lo dejaban bien claro: «El nuevo gurú de la macrodisco. Tras triunfar en Leña al mono que es de goma, Paco Pil se ha convertido, junto con Tony Aguilar, en el hechicero de Gran Velvet».

Pil fue clave en el éxito de Gran Velvet y, a su vez, Gran Velvet marcó una etapa fundamental en la carrera de Pil, un artista en lo más alto a mitad de los noventa. Animaba en locales, pinchaba en cabinas y grababa su propia música, tres acciones por las cuales fue reconocidísimo representante de lo que comúnmente empezó a conocerse como bakalao, aunque sus capacidades siempre han sobrepasado las fronteras de esa modalidad de música dance. El responsable de himnos como Viva la fiesta y Johnny Techno Ska cuenta en su autobiografía, Me debes una fiesta. La loca historia de Paco Pil, que trabajar en Gran Velvet daba un prestigio único, porque posiblemente se trataba de la discoteca más costosa y grande de toda Europa en aquellos tiempos, un sitio para el baile jamás visto antes, espectacular hasta en el más mínimo de los detalles. Su descomunal pista tenía capacidad para albergar grandes espectáculos; por ejemplo, Pil presentó allí su disco Energía positiva, con un número que incluía una diligencia del oeste diez bailarinas de cancán que salieron de un foso que también podía habilitarse como piscina.

Situada en el barrio badalonés de Montigalà, Gran Velvet reunía números que producían vértigo, más si pensamos en la época de la que hablamos. Para empezar, esta discoteca de 5000 mil cuadrados, que fue una fuerte apuesta del empresario, editor y periodista Damián García Puig, era conocida como la de los Mil Millones (de pesetas). Después, circulaban cifras como los 60 espejos colocados en todo su interior; las 15.000 combinaciones de colores que generaba su sistema de luces, siendo quizá el efecto estrella el láser que dibujaba formas y letras, y que había costado un millón; los 35.840 vatios de potencia de sonido; o los 5000 mil metros cuadrados que medía la pista. Más: 150 taquillas; 6 camerinos, 2 de ellos de lujo; una gran pantalla blanca suspendida del techo… Y, aparte de todo eso, estaba el que llamaban «efecto tubo», el reclamo que marcó para siempre a quien bailó allí. Era una peculiar modulación de sonido justo en la parte central de la construcción, que estaba debajo de un inmenso cuerpo de forma cilíndrica de la construcción, un hueco repleto de altavoces.

Todavía hoy, aunque hayan pasado tres décadas desde su inauguración, muchos recuerdan la experiencia de asistir a Gran Velvet y disfrutar de una de las sesiones de Paco Pil. Si estuviste allí, querido lector, se te habrá quedado grabado a fuego en la memoria la presentación del pinchadiscos cuando subía a la cabina:

«Y al tercer día el semidiós despertó, creando el espacio dimensional donde ahora os encontráis. Abre tu mente, sincroniza tu energía con la del universo, y ahí encontrarás las respuestas a todas tus preguntas. El inicio de un viaje hacia el centro de las fiestas, el corazón de la galaxia, el lugar más excitante del mundo. Gran Velvet, Gran Velvet… ¡Preparaos, que la nave va a despegar!»

Varias páginas en la red, como Makineros, Clubbingspain o Lugares abandonados, recuerdan este megalocal mítico. Pero también dan cuenta de su abrupto final y de lo que fue de él después. Al menos dos apuñalamientos (parece ser que uno cerca de las instalaciones, pero otro dentro, en los lavabos), las quejas de los vecinos y varios problemas en la gestión dieron al traste con la aventura. Cerró en 1997 y abrió pocos meses después ya con otros nombres y a cargo de otros responsables. Después de vicisitudes varias (fue también plató de televisión) se certificó su cierre definitivo en 1999. El edificio, que había diseñado el prestigioso arquitecto Alfredo Arribas, quedó varado como una especie de descomunal y fantasmal submarino. Tras más de una década de permanecer abandonada y en un estado cada vez más ruinoso, la discoteca Gran Velvet de Badalona fue derruida en 2010… Que lejos estaban las noches en que Paco Pil se dirigía a los asistentes y les decía: «¡Hermanos!, ¿os imagináis que veo desde aquí? Sois como un mar de cabezas y cada movimiento vuestro es como una ola».

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