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La noticia musical de veras relevante del día en que al planeta se le indujo a hablar y hablar de la tan poco sustanciosa colaboración entre el productor Bizarrap y la cantante Shakira, la encontramos en la sección de necrológicas: había fallecido Jeff Beck (1944-2023), un guitarrista clave en la historia del rock desde el mismo momento en que empezó a extraer sonidos de otro mundo a su instrumento eléctrico a partir de la segunda mitad de los años sesenta. Quien mejor supo señalar esta coincidencia (y el descalabro, por tanto que ha sufrido el periodismo y la difusión cultural en los tiempos que nos ha tocado vivir) fue el crítico Diego A. Manrique, que en el tuit donde difundía el artículo que había escrito, señalaba: «Lo siento, hoy no me importa nada el beef de Shakira y Piqué. Seguramente ellos no saben quién era JEFF BECK ni se han enterado de que acaba de morir, con 78 años. Ellos se lo pierden: había más elocuencia en su Fender que en todas las bases de Bizarrap».

A continuación realizamos un pequeño homenaje a su carrera en siete pasos cronológicos. Fue particularísima, pues su desarrollo no se parecía en nada a la de otros colegas ilustres y de similar perfil. Como «héroe de la guitarra», Jeff Beck no seguía patrones marcados por la industria ni por la búsqueda continua del estrellato. Tocaba (y grababa), además, cuando le apetecía. O cuando la dedicación a su colección de coches hot rods le dejaba tiempo suficiente. La portada de su disco You Had It Comming ofrece una imagen reveladora, la poética explicación a la singularidad artística que caracterizaba a este gran músico: sus manos grasientas y renegridas después de la faena como mecánico. ¿Alguien imagina a otros virtuosos de las seis cuerdas, gente para quien es básico el cuidado de manos, mostrándose de esa guisa?

Stroll On (1966)

Si los Yardbirds ya pegaban muy fuerte cuando contaban entre sus filas con Eric Clapton (1963-1965), durante el periodo que estuvo Beck (1965-1967) subieron dos peldaños y se convirtieron en un grupo pionero sin el que, seguramente, ni la música garajera ni el hard rock hubieran existido tal como los conocemos. Blueseros y protopsicodélicos, hicieron una versión alucinante del clásico rockabilly «Train Kept a Rollin’», a la que después le cambiaron la letra y el título por cuestiones de derechos, transformándola en «Stroll On», para participar en Blow-Up de Michelangelo Antonioni, donde salían tocando. La secuencia era puro artificio, pero, décadas después, sigue siendo muy divertido ver a Jeff tomársela con la guitarra y el amplificador.

She’s a Woman (1975)

Su querencia por la música instrumental fue en aumento según pasaban los años. Tras las dos formaciones del Jeff Beck Group y el supertrío Beck, Bogert & Appice, en 1975 llegó el gran momento con Blow by Blow: desterró a los cantantes de sus elepés y se lanzó a experimentar jazz rock desenfrenado. Producía el «quinto beatle», George Martin, y el disco contenía esta versión con aires de calipso y reggae de «She’s a Woman». Curiosamente aparecía en ella la única intervención vocal del proyecto, mediante un talkbox, el aparetejo que sintetiza la voz a través de la guitarra.

Ambitious (1985)

Se pasó diez años explorando el jazz rock antes de volver a grabar con vocalistas y, de paso, intentar hacer algo con vocación más comercial. Flash (1985) era un olla pop con ingredientes sorprendentemente variados, que iban desde el hard rock más desaforado hasta el dance ochentero, pasando por el funk y la música con sintetizadores. En cualquier caso, lo más importante, es que no faltaba a la cita la guitarra que era puro temperamento. He aquí una prueba

People Get Ready (1985)

Sorpresa doble: en Flash, Beck también le dejó un hueco al soul clásico, con una muy cuidada versión del rotundo clásico religioso «People Get Ready» de Curtis Mayfield y los Impresions, y para grabarla se reunió con su viejo compañero Rod Stewart, el cantante, a finales de los sesenta, del primer Jeff Beck Group. La idea del reencuentro quedaba plasmada en un videoclip bastante chulo que dirigió D.J. Webster. Los dos artistas ya jugaban en primera división desde hacía lustros, pero qué bien hacen de músicos vagabundos que recorren los campos viajando en tren y esperan en estaciones de tren perdidas en medio de la nada. Una pieza preciosa.

Sling Shot (1989)

En comparación con otros músicos, sorprende lo relativamente parca que fue su discografía (dieciocho álbumes de estudio, firmando en solitario o en colaboración con otros, a lo largo de cuarenta y cinco años). También es cierto que a eso hay que unirle el hecho de que se convirtiera en colaborador de lujo. Llegó, tocó solos y se marchó en canciones de Steve Wonder, Stanley Clarke, Tina Turner (el de «Private Dancer» salió de sus cuerdas), Mick Jagger, Bon Jovi, Seal, Brian May y un largo etcétera. De vez en cuando no le quedaba más remedio que grabar discos. Con Guitar Shop, realizado en compañía de Terry Bozzio y Tony Hymas, siguió dándole a los instrumentales, como este estupendo que presentó en el programa de Arsenio Hall.

What Mama Said (1999)

Se escondía y resurgía como el Guadiana. Estuvo prácticamente desaparecido durante los noventa y, de repente, en cuatro años sacó tres discos: Who Else! (1999), You Had It Coming (2000), Jeff (2003). Los tiempos marcaban que había que añadir a la fórmula, de modo natural y sin alardes, elementos de techno y electrónica. Su música debía sonar como siempre y, al mismo tiempo, resultar moderna. Lo consiguió. En los dos primeros participaba activamente la guitarrista Jennifer Batten, conocida de sobra por los seguidores de Michael Jackson y que siempre ha citado a Beck como una de sus principales influencias. Batten coescribía este tema, con el que se abría el álbum:

Beck’s Bolero + Inmigrant Song (2009)

En los últimos años le podía (aún más) la pereza y sus escasas novedades grabadas en estudio se fueron haciendo menos relevantes. Seguramente disfrutaba más dando conciertos y participando en saraos, donde su manera de tocar la guitarra (y de palparla, asirla, retorcerla, estrujarla, levantarla y subirla… para extraerle todo el jugo sónico posible) seguía fascinando a propios y extraños. Nunca dejó de provocar asombro y eso era lo que importaba. Que entrara en el Rock and Roll Hall of Fame daba igual: si el pretexto servía para verlo rescatar en directo este histórico tema del 66, mezclado con otro de Led Zeppelin y en compañía de Jimmy Page (por cierto, a quien también se le ve en Blow-Up), ya estábamos contentos para rato.

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