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LA HISTORIA DE JACKSON, MCCARTNEY Y LAS CANCIONES DE LOS BEATLES

Por Pablo Rodríguez Lago

En el año 1985 se llevó a cabo uno de los negocios editoriales más lucrativos de la historia de la industria del entretenimiento: la venta de la empresa ATV, que incluía el catálogo editorial musical de la mayoría de los éxitos de los Beatles, entre otros artistas, por 47.5 millones de dólares. Pero el paso del tiempo, sumado a la reducción de la historia a simples titulares sensacionalistas, ha dejado una serie de ideas inexactas sobre este hecho hasta dibujar una versión un tanto distinta de la realidad. ¿Michael Jackson traicionó a Paul McCartney? Pues no. Esto fue lo que ocurrió…

La amistad entre Jackson y McCartney comenzó en la década de 1970, cuando el ex-Beatle le ofreció al futuro Rey del Pop la oportunidad de grabar «Girlfriend» en su nuevo álbum. Aunque finalmente la canción fue lanzada en primer lugar por Paul junto con su banda Wings, Michael hizo una versión al año siguiente en su disco Off The Wall, a sugerencia de su productor, Quincy Jones.

Este acercamiento entre dos de los artistas más populares del momento supuso el comienzo de una colaboración que trajo consigo varios éxitos que glorificarían aún más la carrera de ambos músicos. Los dos unieron sus voces para cantar en «The Girl Is Mine», el primer sencillo del álbum Thriller, que llegó al puesto número dos en el Billboard Hot 100 de Estados Unidos y al número uno en las listas de US R&B. Por su parte, McCartney contó con Jackson para dos canciones de su álbum Pipes of Peace: «The Man»  y «Say Say Say», un tema que lideró las listas musicales de Estados Unidos, España, Canadá, Noruega y Suecia, además de alcanzar el número dos en Reino Unido y entrar entre los diez primeros en Australia, Austria, Nueva Zelanda, Holanda y Suiza; un absoluto hit sin precedentes que se convirtió en el séptimo éxito de Jackson en lo que iba de año, batiendo así la marca que hasta entonces poseían los Beatles y Elvis Presley.

«Trabajar con Paul McCartney fue muy emocionante. Literalmente, nos divertíamos», decía Michael años después. «Todo era en plan un montón de charlas y juegos. Nos tirábamos cosas el uno al otro y hacíamos bromas».

Una noche de 1981, durante las grabaciones en la casa de Paul McCartney en las afueras de Londres, este le mostró una carpeta a Michael Jackson. Dentro de ella había una extensa lista con todas las canciones cuyos derechos de publicación eran propiedad suya. El inglés le explicó cómo se había hecho con música de, por ejemplo, Buddy Holly, Carl Perkins y Al Johnson, también de musicales de Broadway, y le enseñó la copia impresa de todas las canciones que poseía. Paul le aconsejó a Michael que considerara entrar en el lucrativo negocio de la publicación musical en el que él se había iniciado después de perder su participación en Northern Songs, la editorial que, junto a John Lennon, había creado en los primeros años de la banda para gestionar los derechos de sus temas.

Jackson respondió en tono de «broma»: «Algún día seré dueño de tus canciones».

Y hay que tener cuidado con lo que uno desea, porque se puede hacer realidad…

Cuando Michael regresó a California se encontró con un montón de dinero, que acababa de ganar tras el éxito de su último álbum; 9 millones de dólares que debía invertir cuanto antes debido al abrupto crecimiento de la inflación. Aunque los asesores de Michael Jackson le propusieron varios negocios para destinar ese capital, Michael lo rechazó todo. Lo tenía claro: quería comprar canciones como su amigo Paul. Y aquí entró en la ecuación su abogado, John Branca, que comenzó a estudiar el negocio editorial para asesorar a Michael sobre qué música podía comprar.

Las primeras canciones que le propuso adquirir fueron un par de Ernie Maresca: «Runaround Sue» y «The Wanderer». Michael no conocía estos títulos, así que Branca le consiguió una cinta para que pudiera escucharlas. Unos días después, Jackson llamó a Branca entusiasmado para decirle que las comprara, porque «había estado bailando con ellas todo el fin de semana».

Y como quien juega una partida de Monopoli, Branca y Jackson se sumergieron en el negocio editorial comprando todas aquellas canciones que Branca encontraba a la venta y que al cantante le gustasen lo suficiente. Así adquirió su primer catálogo compuesto por piezas de los años sesenta de Len Barry, Soul Survivors y los Intruders. Un buen comienzo, sin duda, pero no lo suficiente para Michael. «Él quería ser el editor número uno del mundo», recuerda Karen Langford, su asistente legal. Entonces, Michael puso el punto de mira en el catálogo de Jobete Music Company, de Berry Gordy, que contenía la mayoría de éxitos de Motown, incluidos los de Jackson 5, Smokey Robinson, Holland/Dozier/Holland, Norman Whitfield y Barrett Strong entre otros. Pero el catálogo no estaba en venta y eso frustró mucho al joven artista de Indiana.

Y esta circunstancia lo llevó a ir mucho más lejos…

Un día de septiembre de 1984, Branca le habló de otro catálogo que se encontraba a la venta por aquel entonces. «No sé, está sujeta a derechos de autor. “Yesterday”, “Come Together”, “Penny Lane”, “Hey Jude”…», dijo el abogado de Jackson. ¡Los Beatles! El grupo favorito de Michael Jackson…

La historia del catálogo de los Beatles no estaba exenta de controversia. Northern Songs fue la editorial fundada en 1963 por John Lennon, Paul McCartney, Brian Epstein (el manager de los Beatles) y el editor de música Dick James, para controlar la publicación y los derechos de uso de las canciones de la banda de Liverpool. En los primeros años, los Beatles controlaban el 50% de la compañía, un porcentaje bastante generoso. Sin embargo, cuando Northern Songs empezó a cotizar en la bolsa de valores de Londres en 1965, se diluyó su parte del 50% al 37,5%. En 1969, con las relaciones entre los propios miembros del grupo musical en su punto más tenso, Dick James vendió su participación a la ATV Music de Lew Grade, quien acabó teniendo una participación mayoritaria en Northern Songs mediante la compra de acciones en la bolsa de valores. Debido a la mala gestión de sus abogados, Lennon y McCartney, finalmente, se vieron obligados a vender las suyas. Posteriormente, en 1981, McCartney vio la oportunidad de comprar el catálogo de Northern Songs por 20 millones de libras, y se puso en contacto con Yoko Ono, la viuda de Lennon, para que también formase parte de esta adquisición pagando la mitad de su precio. Pero Ono no estaba dispuesta a pagar más de 5 millones.

En 1982, la compañía inversora de Robert Holmes à Court, un astuto empresario australiano, compró la parte mayoritaria de la empresa de Lew Grade que gestionaba el catálogo musical, y así este perdió el control de Northern Songs. Pero Holmes à Court parecía no estar del todo satisfecho con esta inversión y optó por vender. ATV tenía varios pretendientes, como el magnate inmobiliario Samuel LeFrak, los ejecutivos editoriales Bandier y Koppelman, o incluso el fundador de Virgin Records, Richard Branson.

Fue entonces cuando Michael Jackson tomó una de las decisiones más arriesgadas de su carrera: conseguir las canciones de los Beatles por encima de todo. El abogado del cantante, John Branca, tuvo la tarea de ponerse en contacto con Paul McCartney y Yoko Ono para saber si les interesaba la compra de ATV Music. La artista japonesa le dijo a Branca que no estaban pensando en comprarlo y que «sería maravilloso que estuviese en manos de Michael en lugar de las de una gran corporación». Acto seguido, el abogado de Jackson se puso en contacto con John Eastman, abogado y cuñado de Paul McCartney, que le confirmó que el beatle no estaba interesado en la adquisición del catálogo porque era «demasiado caro». Bert Reuter, socio de Holmes à Court y uno de los artífices de esta negociación, confirmó que, antes de hablar con posibles compradores, se lo ofrecieron a McCartney y este lo rechazó.

Así que John Branca daba inicialmente 30 millones de dólares, pero las pujas de Bandier, Koppelman y algunos otros hicieron que el valor ascendiera hasta 40 millones en pocos meses. En una nota manuscrita por Michael a John se puede leer: «John, por favor, no regateemos. No quiero perder este acuerdo. Escuchemos el consejo de Johnson. Dijo que había perdido muchos grandes acuerdos de esta forma. Es mi catálogo». En noviembre, Jackson había autorizado a Branca que aumentara su oferta hasta los 45 millones, algo que hizo que los ejecutivos musicales asociados con Michael, David Geffen y Walter Yetnikoff, pensasen que el cantante había perdido totalmente la cabeza.

Michael Jackson siempre repetía lo mismo: «No se puede poner precio a un Picasso… No se puede poner precio a estas canciones, no tienen valor. Son las mejores canciones que se han escrito jamás». Así que parecía que estaba dispuesto a arriesgarse hasta las últimas consecuencias.

Aunque parecía que Holmes à Court iba a aceptar el trato, un equipo de profesionales estudiaron durante 900 horas las cerca de un millón de páginas de contratos que constituían ATV Music y, finalmente, rechazó el trato. Entonces, con la aprobación de Michael, Branca envió su última oferta: 47,5 millones de dólares.

Pero no se lo iban a poner tan fácil… Bandier y Koppleman también habían puesto sobre la mesa su última carta, una de 50 millones de dólares.

Poco después, con menos posibilidades de finalizar con éxito esta negociación, Branca recibió una llamada de parte del equipo legal de Holmes à Court. El empresario quería cerrar el trato con Jackson. El abogado voló a Londres a bordo de un Concorde con la intención de reunirse con Robert Holmes à Court y pactar la venta del catálogo. Sin embargo, cuando entró en el avión se encontró con dos personas que también volaban a Reino Unido: Bandier y Koppelman. Pero estos no sabían que Holmes à Court estaba dispuesto a deshacerse de ATV por 2.5 millones menos de lo que ellos ofrecían.

Cuando todos se reunieron, Bandier trató de aumentar la puja en 500.000 dólares, pero ya no había nada que hacer. Holmes à Court estaba decidido a traspasar ATV, con el catálogo Northern Songs incluido, a Michael Jackson. «Hay un aspecto del trato que ustedes no pueden realizar», advirtió Holmes à Court a Bandier. Concluyó: «Un concierto en Perth para mi organización benéfica favorita». Y es que, de manera oportuna, Jackson se había ofrecido a aparecer personalmente en el evento solidario Telethon de Perth, Australia, de 1985. «Nosotros no podíamos hacer el moonwalk, así que se despejaron las dudas», recuerda Bandier. Como condición añadida a la venta, Holmes à Court se quedaría con una sola canción en su poder, excluida totalmente del trato. Ese tema fue «Penny Lane», que el multimillonario australiano pretendía regalar a su hija Penny.

Mucho después, contaba así la operación Zack O’Malley Greenburg en su libro Michael Jackson, Inc. (2004): «El objetivo decidido de Jackson de comprar el catálogo, a pesar de las vociferantes objeciones de las mentes más brillantes de la industria discográfica, podría parecer impetuoso para algunos. Pero, en retrospectiva, está claro que hizo lo correcto al seguir sus instintos (incluso lo pensaron después aquellos que dudaron de él al principio) y que su sentido del valor de los derechos de autor era impecable».

«Creo que si hubiera sido su asesor en ese momento, le habría dicho: “No lo hagas”», recordó Walter Yetnikoff. «Resulta que fue una inversión muy lucrativa… Así que tendría que decir que su visión para los negocios es mejor que la mía».

Si bien la compra fue recibida con reacciones encontradas, ahora se considera ampliamente como uno de los movimientos comerciales más astutos en la historia de la música. Algunas personas criticaron que Jackson estaba explotando el legado de los Beatles en su propio beneficio. Sin embargo, este argumento pasa por alto el hecho de que Jackson era un gran admirador del grupo, algo que siempre había expresado. Vio la compra como una forma de honrar su legado y garantizar que sus canciones continuaran siendo escuchadas y apreciadas por las generaciones venideras. Esta compra reforzó la imagen de Michael Jackson como uno de los artistas más exitosos e influyentes de todos los tiempos y ayudó a asegurar el futuro financiero de la música de los Beatles.

Es muy importante recordar que Northern Songs siempre ha pagado las regalías a los autores de las canciones que controla mediante ATV, independientemente de quien sea el propietario. Por lo tanto, Michael Jackson habría estado pagado sus derechos de autor a los herederos de Lennon y a McCartney cuando sus canciones se usaron de alguna manera.

Michael recordó la decisión de compra del catálogo en su autobiografía con las siguientes palabras: «Yo me considero un músico que, casualmente, es también un hombre de negocios, y Paul y yo habíamos aprendido duramente lo que son los negocios y la importancia de las ediciones y las regalías, lo que es la dignidad del oficio de escribir canciones».

En palabras de Paul McCartney, aún en vida de Michael: «Me reuní con él en Los Ángeles. No habíamos hablado antes, ya que yo estaba resentido. Había sido mi amigo y no me había dicho nada de la compra. Conversamos y le expliqué que cuando John y yo habíamos firmado el contrato no sabíamos lo que eran los derechos de publicación de canciones. Pensábamos que las canciones estaban en el cielo y nos pertenecían a todos. “Yesterday” superó la marca de cinco millones de interpretaciones, pero nadie se me acercó y me comentó: “Oye chico, ¡has hecho un trabajo magnífico para esta compañía!”. Así que le dije a Michael que quería que reconociera en el contrato que yo era compositor de la compañía que le pertenecía. Como dueño, no puso objeciones. Fue una venta justa y correcta. Me dijo que no quería herir a nadie y le dije que lo sabía, que él era un tipo genuino. No me parece que Mike quisiera herir a nadie. (…) Y le dije: “Tenemos que hablar al respecto y tenemos que hablar del asunto de la comercialización”. (…) No creo que a Michael le haga falta el dinero. Michael y yo nos reuniremos en Los Ángeles de nuevo. Somos buenos amigos y vamos a conversar de todo esto».

El rumor sobre la presunta enemistad entre Paul McCartney y Michael Jackson se vio atenuado en numerosas ocasiones en las que se pudo ver a ambos artistas compartiendo momentos juntos, como en el backstage del concierto de Paul McCartney en el L.A. Forum en 1989; o en el rodaje del vídeo de «Black or White», en 1990, cuando Paul y Linda McCartney visitaron el set.

Aunque la empresa ATV tenía en su propiedad un total de aproximadamente 4.000 canciones en el momento de la compra por parte de Jackson, entre las que se encontraban éxitos de Nat King Cole o Little Richard, los temas de los Beatles eran solo 251. Eso sí, representaban dos terceras partes del valor total del catálogo.

Una década después del acuerdo inicial, Michael Jackson vendió el 50% de ATV a Sony por 95 millones de dólares, creando la editorial musical Sony/ATV. Siete años después de la muerte de Jackson, Sony Music consiguió el control total del catálogo que tanto anhelaba pagando 750 millones de dólares al patrimonio del artista para comprar el 50% restante de la empresa.

A día de hoy, la compañía posee los derechos de canciones de los Beatles así como de artistas como Bob Dylan, Lady Gaga, Marvin Gaye, Taylor Swift, Hank Williams y Roy Orbison. Tan solo el catálogo de los Beatles está valorado actualmente en más de mil millones de dólares.

En 2017, McCartney finalmente llegó a un acuerdo con Sony/ATV sobre los derechos de autor del catálogo de los Beatles en virtud de la Ley de derechos de autor de Estados Unidos, de 1976, que establece que los compositores pueden reclamar los derechos de autor de los editores de música treinta y cinco años después de haberlos perdido.

Y como curiosidad extra: Yoko Ono mantuvo una amistad con Michael Jackson hasta sus últimos años. Su hijo, Sean Lennon, apareció incluso en la película Moonwalker, rodada después de la compra del catálogo, en la que también se utilizó un tema de The Beatles.

A modo de conclusión, conviene subrayar qu, esta es una práctica común en la industria del entretenimiento, y no es raro que los artistas compren derechos de canciones o catálogos para asegurar el futuro financiero de su música. Por su parte, la venta de catálogos es un nuevo negocio musical que están llevando a cabo muchos grandes artistas y sus patrimonios. Véanse Neil Young, Bob Dylan, a Bruce Springsteen, Shakira, Imagine Dragons…

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