LAS MANCHAS
Cuento inédito
de
Marian Salgado
A pesar del cansancio provocado por las largas horas de esfuerzo, del sudor pegajoso y desagradable que me cae por las sienes y del repentino frío que me hace tiritar, lo único que quiero en este momento es verlo.
Me lo han traído algo más limpio, envuelto en una toalla y con el tobillo anillado. Ya no llora, solo observa todo con una fijeza que me parece impropia, como si necesitara percatarse bien del lugar donde se encuentra. Al sentir el contacto de su piel, al percibir su olor dulzón y su mirada clavada en la mía, he comenzado a llorar en silencio. Lo beso. Abro la toalla despacito para ver por entero a mi hijo: sus dedos, sus orejas y sus labios como un pequeño dibujo; los ojos de color indefinido y almendrados. Todo perfecto salvo estas dos manchas rosadas en las muñecas… No quiero recordar pero es inevitable. Mientras el pequeño mama sin apartar sus ojos de mí, he recordado aquella tarde. Llovía con fuerza y me acaban de partir el corazón…
Al volver a casa lo encontré sentado en el sofá, con la gabardina doblada sobre su brazo y las maletas hechas detrás de la puerta. No dio explicaciones, solo un «Me voy» y un «No quiero quedarme aquí, no quiero seguir contigo». No admitió ninguna pregunta. Con un gesto de hastío, se deshizo de mi intento de abrazarlo, y, al irse, cerró la puerta con un golpe seco. Entonces descubrí su llave en el platillo portugués del mueble de la entrada, la estantería del cuarto de baño con un cerco donde dejaba la brocha que nunca secaba bien, el agujero vacío en el soporte de nuestros cepillos de dientes, los cajones sin sus camisetas ni su ropa interior, las perchas oscilantes y llorosas en el armario entreabierto y la amplia cama que ahora parecía enorme.
Bien entrada la noche visité una y otra vez, como en una procesión, los altares en los que triunfaba su abandono en forma de hilo de un botón, de colillas en la basura o de un pelo en el sofá. Comprobé con desesperación el hueco que habían dejado sus libros, y quise borrar la sombra cuadrada en la pared donde antes colgaba su pintura favorita
Absorbidos una y otra vez (hasta agotarlos) los cada vez más fugaces olores de su humanidad en el colchón y en la almohada, me bebí una botella entera de vodka para intentar huir de mi propio yo, para olvidarme de todo y dormir. El alcohol no fue mi aliado, y, lejos de ayudarme, lo que desató en mí fue algo mucho más atroz: un viaje hacia el más profundo de los pozos, hacia la noche más negra, hacia una dimensión en la que no había ninguna posibilidad de volver. Me arrastré hasta la cocina y, con el cuchillo más afilado en la mano, entre en el baño. Me metí en la bañera y abrí los grifos. Desquiciada y borracha como nunca, me causé dos heridas parecidas en ambas muñecas Ni siquiera me dolieron. Y me adormecí viendo cómo se unían el agua y mi sangre, que manaba despacio, rodeándome entera. Se mezclaron completamente.
Cuando desperté tenía dos vendajes en ambas muñecas, un par de tubitos en los orificios nasales y una espantosa debilidad. A mi lado un médico me observaba escrutador y serio. Al otro lado, mi hermana, mi salvadora, me sonreía con los ojos hinchados y unas ojeras marcadamente violetas. Yo estaba viva, y en algún lugar de mi corazón encontré un espacio para depositar la alegría que sentía por ello.
Un par de días más tarde, cuando me encontré mejor, el médico habló conmigo. Comentó las ventajas de estar algunos días ingresada en una clínica. Mi hermana, que estaba delante, rechazó con fuerza la propuesta; ella se haría cargo de mí. Y… entonces… me dieron la noticia: un pequeño ser crecía en mi vientre, un niño al que yo había estado a punto de matar.
Hoy, aferrada a él y a su futuro, que en parte será el mío, me siento bien, segura y feliz. Si en algún momento surge la duda, o los recuerdos me entristecen, solo tengo que mirar las dos cicatrices que sombrean las muñecas de mi hijo.
Son exactamente igual a las mías.
Marian Salgado es la autora de ‘La hija del periodista’ y del libro de cuentos ‘Lo extraño que hay en mí’
Este es un libro de pequeños relatos que, a veces murmurando y otras a voz en grito, nos llevan a lugares muy especiales: a mundos oníricos, pero también a realidades cotidianas vistas desde otro ángulo. Alternaremos fantasías exultantes y tempestades de la mente humana.
No esperen ustedes nada común: hay almas en las que todo puede ser extraño.

Aquí puedes encontrar LO EXTRAÑO QUE HAY EN MÍ

