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«¿Por qué un libro sobre la Fantastic Factory? ¿Por qué ahora?» Con esta doble pregunta empieza Juan Luis Daza su detallado recorrido crítico por la obra de la productora catalana que, durante su corta existencia a principios del siglo XXI, intentó volver a encender la llama de un género abandonado prácticamente desde hacía dos décadas en nuestro país. Además, la apuesta del productor Julio Fernández y el cineasta estadounidense Brian Yuzna, los principales impulsores de proyecto, siempre tuvo como objetivo conjugar la creación un sello cinematográfico nacional con una decidida intención de triunfar en los mercados internacionales. Partiendo de Faust: La venganza está en la sangre y llegando hasta Bajo aguas tranquilas, el largometraje que fue la parada de final de línea, en Fantastic Factory: El cine de los condenados se analizan las luces y las sombras de esta singular aventura productiva, con el añadido especial de una serie de entrevistas a varios artistas y, sobre todo, de las ocho horas de conversaciones que el autor tuvo con Brian Yuzna.

A continuación ofrecemos al lector algunos extractos del libro:

Faust: La venganza está en la sangre (2000)

«Como la mayoría de las películas de la Fantastic Factory, Faust: La venganza está en la sangre es recordada hoy con un desdén y una visceralidad que no merece. La primera propuesta de la compañía de Julio Fernández y Brian Yuzna —una de las que más simpatías despierta en un servidor dentro de su filmografía— no era perfecta, ni una gran película, pero se revelaba como una declaración de principios por parte de una productora que desde su mismo arranque eludió tomar el camino fácil de entregarse a los presuntuosos brazos de la comercialidad, transitando sendas complicadas pero cargadas de personalidad y amor por el cine de explotación que marcarían la hoja de ruta por la que transitarían durante seis años».

Arachnid (2001)

«Como sucedió con la mayoría de proyectos de la Fantastic Factory, la producción de Arachnid se encontró con no pocos problemas durante su desarrollo, algunos por falta de medios, un mal endémico que se extendería a lo largo de los seis años de vida del sello y que se acentuaría alarmantemente en sus últimos filmes, o por pura logística a la hora de rodar el material relacionado con los efectos especiales. Si bien todo lo concerniente a la araña gigante que da sentido al título del largometraje, y la ejecución de sus movimientos mediante la animatrónica es una labor más que digna, son los efectos generados por ordenador los más problemáticos debido a su paupérrimo diseño, alejado del mucho más digno desarrollado en Faust: La venganza está en la sangre».

Dagon, la secta del mar (2001)

«Si hay un pasaje merecedor de ser resaltado dentro de Dagon: La secta del mar, y que confirma de manera cristalina el acierto que supuso localizar la trama en Galicia, ese es el flashback con el que Ezequiel cuenta a Paul la historia de la creación de la «Iglesia de Dagon». Stuart Gordon se sirve del guion para configurar lo que casi parece un cortometraje dentro de la misma película, con el regreso del Capitán Orfeo Cambarro, una contrapartida patria del Obed Marsh del relato original, a Imboca, renegando del cristianismo, rindiendo pleitesía a Dagon y convenciendo a los imbocanos para unirse a su culto y con ello conseguir pescado y oro».

Darkness (2002)

«Estaba destinada a marcar un antes y un después, un punto de inflexión dentro de la Fantastic Factory. El interés por una compañía tan poderosa como Miramax Films hizo pensar a muchos que la productora catalana empezaría a despegar para crecer exponencialmente y convertirse en un referente a nivel mundial, de ahí que tras su estreno y triunfo en taquilla tanta gente se subiera al “tren del éxito” cuando nunca habían confiado en la propuesta de Julio Fernández y Brian Yuzna. Por desgracia, el coqueteo de la Fantastic Factory con las major se quedó casi en su totalidad en la película de Jaume Balagueró».

Beyond Re-Animator (2003)

«La Fantastic Factory era el terreno idóneo para que Brian Yuzna pudiera poner en marcha la tan esperada tercera parte de la franquicia Re-Animator. Como es lógico, el productor y director encontraría no pocos obstáculos en el proceso, pero conseguiría salir airoso. Por un lado habían pasado trece años desde La novia de Re-Animator, y no solo la carrera como director de Yuzna había cambiado, lo había hecho la industria cinematográfica en general y la manera de entender el fantástico y el terror en particular, con todo lo bueno y malo que ello conllevaba. Por otra parte rodar en España no tenía nada que ver con hacerlo en Estados Unidos».

Romasanta, la caza de la bestia (2003)

«La esfera situada encima del logo de Filmax convirtiéndose en una luna llena es una sutil llamada de atención que nos da las primeras pistas de que Romasanta: La caza de la bestia no va a ser una película más dentro del seno de la Fantastic Factory. Vaya por delante que la propuesta de Paco Plaza es objetivamente la más lograda de la productora de Julio Fernández y Brian Yuzna junto con Darkness, pero mientras el segundo era un trallazo de terror sobrenatural arrojado contra el espectador, Romasanta: La caza de la bestia apela a un clasicismo en las antípodas de la película protagonizada por Anna Paquin, Lena Olin y Iain Glen. Tomando como base la novela de Alfredo Conde, pero abordando la vida de su protagonista desde un prisma diametralmente opuesto, este biopic de Manuel Blanco Romasanta es un cuento gótico que bascula a placer entre el terror de la Hammer Films y el wéstern, incluyendo en su trama la licantropía y la supuesta naturaleza lupina del protagonista mediante una sutilidad y elegancia dignas de elogio».

Rottweiler (2004)

«Sería un acto deshonesto defender las muchas bondades de Rottweiler siendo consciente de que, por desgracia, no las tiene. Pero más injusto sería hacer leña del árbol caído cuando fueron muchos los factores internos y externos que la convirtieron en una propuesta fallida. Desde las cada vez más notables desavenencias con Filmax y el desinterés hacia la línea de producción de la Fantastic Factory, hasta los problemas oculares de Brian Yuzna, no hicieron más que poner su grano de arena para que Rottweiler encarrilara la ya inevitable desaparición de la compañía catalana. Tras su estreno, la debacle de la compañía se hizo patente con un fallido intento de cambio de paradigma para conectar con otro tipo de espectadores que dio como resultado la propuesta más alejada de la esencia del invento diseñado por Brian Yuzna y Julio Fernández».

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