Por Pedro José Tena
A raíz del estreno de “He-Man y los Masters del Universo”, con sus 140 minutos de metraje, se ha reabierto el debate sobre la duración de las películas y cómo éstas ahora son mucho más largas que antes. Pero dejadme que os diga algo: vivimos instalados en el falso recuerdo de que antes todas duraban 90 minutos, y eso no aplicaba en las películas evento. Si bien es cierto que hora y media era la duración más o menos habitual y consensuada por los estándares de Hollywood para una cinta convencional, solo tenemos que hacer un poco de memoria para darnos cuenta de que los filmes que aspiraban a convertirse en blockbusters y a atraer a las masas a las salas no se regían por esa limitación.
Parece que se nos ha olvidado lo largas que eran “Lo que el viento se llevó” (238 minutos), “Los diez mandamientos” (219 min.), “Ben-Hur” (211 min.), “Cleopatra” (243 min.), “El coloso en llamas” (165 min.), “Barry Lyndon” (183 min.) o “Titanic” (195 min.).
Algunos dirán «Bueno, pero el cine de terror sí tenía unas duraciones más cortas». Pero eso dependía mucho de si se trataban de series b o películas de presupuestos más o menos ajustados o de si eran producciones de majors con, de nuevo, aspiraciones a convertirse en el evento de la taquilla de esa temporada o incluso de ser consideradas obras “importantes”: “El exorcista” (121 min.), “La profecía” (111 min.), “Alien, el octavo pasajero” (116 min.) o “El resplandor” (146 min.) pasaban holgadamente el límite de los 90 minutos.
«Pero bueno, las pelis de acción y aventuras sí que duraban hora y media», dirán otros. Muchas de ellas sí, sobre todo las que iban destinadas a videoclub o a los cines de barrio. Pero si se trataba de superproducciones la cosa cambiaba: “Superman” (143 min.), “En busca del arca perdida” (115 min.), “Jungla de cristal” (131 min.), “Terminator 2: El juicio final” (135 min.), “Mentiras arriesgadas” (141 min.), “Waterworld” (135 min.)… Es que ni la propia “Masters del Universo” de la Cannon duraba 90 minutos, sino 106.
El problema realmente no está en que ahora se hagan películas muy largas, porque como veis siempre las ha habido. Lo realmente preocupante es que, ciñéndonos al cine comercial, y más concretamente al que viene de Hollywood, en las salas de cine ya no hay hueco para producciones de medio presupuesto, modestas en intención y duración, sino que llegan casi exclusivamente superproducciones que aspiran a ser el taquillazo del mes (o de la semana). Y, siguiendo el patrón que he expuesto en las líneas anteriores, intentan imitar esos metrajes para ajustarse al concepto de película-evento.
Así que el drama no está en que “He-Man y los Masters del Universo” dure 140 minutos, sino en que no hay hueco para que, a rebufo suyo, se estrenen este año otras cuatro o cinco películas en salas de cine (no en plataformas, donde sí hay cabida) que cuesten tres veces menos, duren la mitad y nos diviertan el doble. Es decir, la verdadera tragedia no es que una superproducción dure mucho, sino que en las salas de cine ya no haya hueco para la serie b. Con b de buena, bonita y barata.
