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SIETE LIBROS DEL MAL EN EL CINE

Por Pablo G. Naranjo

No sabemos qué nos deparará el futuro, ni si los que consideramos objetos permanentes en nuestro día a día no serán más que recuerdos arcaicos una vez haya pasado su momento. ¿De qué servirá una biblioteca física dentro de unas décadas? Cuando el destino nos alcance, veremos el papel como un símbolo de la era del petróleo o como un artículo pintoresco para los nostálgicos. Pocos lo saben, pero un libro, ese conjunto de papel impreso y cosido, con portada y cubiertas, sigue siendo el soporte ideal para plasmar la ficción, el pensamiento, la fantasía, el saber… o el terror.

El cine ha sabido actualizarse para que el horror pueda transmitirse a través de formatos más modernos. Güijas por Zoom; apariciones a través del móvil… La tecnología es un portal más para la llegada de las criaturas del averno. Pero ¿y la magia que desprende abrir un libro maldito? ¿Y que el espectador vea cómo el personaje lee lo que no se debe leer? Ya se sabe, eso de deslizar los dedos por tapas envejecidas y cuarteadas, hojear páginas escritas con sangre humana reseca o musitar las profanas palabras que no son más que el advenimiento de la condenación… Los libros en el cine de terror implican profecía, maldición y apocalipsis. Un recurso magnífico para crear mitos dentro de mitos; para dejar en el aire lo inexplicado o asentar el origen de lo que está por venir. Es un cliché maravilloso, lo sé, pero reconozco que salivo cuando veo en una película un pergamino antiguo o un grimorio escrito con versos satánicos. Sé qué va a pasar y no me importa. Paladeo con satisfacción el momento de sumergirme en un mundo creado solo para mí. Un mundo con palabras en latín, lleno de sacerdotes locos y aquelarres donde se han escrito las más amargas profecías con la sangre de vírgenes sacrificadas.

Los libros malditos son y serán la puerta de entrada a un universo de pesadillas; y, por suerte, tenemos muchos ejemplos de ello. Aquí ofrecemos siete libros plagados de horrores en el séptimo arte:

El Libro de Eibon en El más allá de Lucio Fulci

«Las siete puertas del infierno están ocultas en el mar y en la tierra en siete lugares distintos. Pobre de aquel que se acerque a ellas sin saberlo». El Liver Ivonis o Libro de Eibon es una de las referencias básicas en la bibliografía de Los Mitos de Lovecraft. Obra de Clark Aston Smith, dicho libro cuenta la vida de un hechicero hiperbóreo y su relación con las diferentes entidades místicas que pueblan el panteón originado por la fecunda imaginación de H. P. Lovecraft. En El más allá, el segundo largometraje de la llamada Trilogía de las Puertas del Infierno de Lucio Fulci, el Libro de Eibon es la excusa argumental del guionista, Dardano Sacchetti, para apuntalar un argumento tan incoherente como sólido en su impacto en el espectador. La lectura de sus pasajes, en boca de la mítica Catriona McCall, reverbera en nuestro oído mientras asistimos al descenso de los protagonistas hacia un universo irreal.

Tenebrae, de Peter Neal

En 1982, Dario Argento hiperbolizó con Tenebre el género que le hizo mundialmente famoso. El director de, tal vez, el mejor giallo jamás realizado, Profondo Rosso, concibió su vuelta al subgénero como el filtrado proteínico más potente, descarnado y, en algunos casos burdo, de su carrera. Tenebrae es la novela del protagonista, Peter Neal, a quien interpreta el algunas veces desnortado Anthony Franciosa. Un libro de misterio y terror donde vuelca sus fobias más misóginas sin ningún tipo de ambages. Los cruentos actos que narran sus páginas se hacen realidad en una Roma cuasi futurista donde la sangre corre en varias set pieces, razón por la cual todo aficionado al thriller italiano debería ver la cinta. Ojalá poder leer esa novela. Ojalá que el Peter Neal autor existiera.

Demons y Nostradamus

Es tan poderosa la imagen de la máscara de plata que aparece en Demons (Lamberto Bava, 1986) que tendemos a olvidar otro de los desencadenantes de los horrores que desfilan en pantalla. La historia dentro de la historia, el cine dentro del cine: cuando se nos muestra cómo los desafortunados excursionistas descubren otra máscara después de que lo haya hecho la pobre Rosemary en la sala de cine, también vemos que leen la ya famosa frase atribuida al profeta Nostradamus y que está incluida en el volumen que hallan las futuras víctimas de los demonios. Leed conmigo: «Harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestras tumbas».

El Gran grimorio de Warlock

Decidme si no tiene el máximo interés que un brujo maligno encuentre un grimorio en el que se revela el verdadero nombre de Dios. Nombre que, una vez se pronuncia el revés, no solo provoca la destrucción de la misma Creación, sino que te asciende a segundo de Satanás. Pues ese libro, el Gran Grimorio, dividido en tres partes, es lo que busca el héroe a la inversa al que interpreta el cautivador Julian Sands en la muy de culto y videoclubera Warlock. Richard E. Grant, con un mullet que solo podía verse al final de los ochenta, es su némesis, un cazador de brujos que le persigue hasta el «presente» para impedir que el también llamado Llave de Salomón sea reunido.

Lemegeton Clavicula Salomonis en Ghoulies

Resulta reconfortante que se use uno de los libros de demonología más conocidos, gracias a la edición revisada por el infame y muy pop Aleister Crowley, para marcar el punto de partida de las también muy videocluberas Ghoulies y Ghoulies II. Si en el libro de la cinta anterior hablábamos de la llave de Salomón, aquí seguimos con la misma cantinela, pero con la llave «menor» del mismo rey sabio. Un enciclopedia de los demonios que, como no, nos trae a estas simpáticas criaturas al mundo de los vivos. Más presentes en las secuelas, dicho sea de paso, que en la primera parte de estas películas de explotación que tienen Gremlins como referencia, de todos modos se intenta desde el principio captar el interés del espectador poco avezado con estos bichos. Y sí, se consigue.

Sutter Cane y el universo de En la boca del miedo

Si decía antes que quería leer la obra de Peter Neal, ¿qué decir de la de Sutter Cane? John Carpenter firmo su última gran obra (con el perdón de 2013, rescate en Los Ángeles) en 1994. En la boca del miedo es una carta de amor al delirio de la creación y de la mente, en ocasiones pesadillescas, de un autor de terror. El viaje del investigador John Trent (Sam Neill tras batirse el cobre con los dinosaurios) es un viaje hace el propio epicentro de la locura de aquellos creadores pertenecientes a la estirpe de Lovecraft y King. Quizás por eso estemos hablando de la traslación ficticia más terrorífica de un libro que no se ha escrito.

Necrinomicon ex mortis y ciertas posesiones infernales

Claro, cómo no hablar de los libros en el género de terror sin pasar por el más famoso: el Necronomicon ex mortis de la saga Evil Dead. Nadie supo sacar más jugo carmesí a la obra ficticia de H. P. Lovecraft que Sam Raimi (quien, dentro de un bucle referencial y maravilloso, tuvo que vérselas con otro libro similar, el Darkhold de Doctor Strange). «Que no está muerto lo que yace eternamente y en los eones por venir, aún la muerte puede morir» es posiblemente la frase más famosa de El libro de los muertos, como también se conoce a la obra que escribió Abdul Al Hazred en las ruinas de Babilonia. El susurro de los demonios del desierto hecho palabra escrita en sangre humana. El grimorio de la invocación de los más poderosos primigenios. Oro puro en manos de Raimi, que traslada el fin del mundo a un fin de semana en una cabaña perdida y, por carambolas de las secuelas, a una Edad Media de cantera a las afueras de Los Ángeles. ¿A quién no le gusta un baptisterio romano del siglo I? ¿Quién puede evitar gozar con las palabras de poder que masculla Bruce Campbell en El ejército de las tinieblas?

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