Por Álvaro Ruiz de Gauna.
En los últimos años, la saga Evil Dead ha sabido resurgir con fuerza. Tras el remake del primer filme, dirigido por el uruguayo Fede Álvarez (Posesión infernal, 2013) y la serie de tres temporadas protagonizada por la veterana estrella de la franquicia, Bruce Campbell (Ash vs. Evil Dead, 2015-2018), una nueva promesa de continuidad se abre tras el estreno de su última entrega con el irlandés Lee Cronin detrás de las cámaras (Evil Dead: El despertar, 2023). No obstante, durante mucho tiempo los aficionados al fantástico tuvieron que conformase con un puñado de cómics y videojuegos para paliar sus ansias de posesiones demoníacas, mutaciones y demás horrores surgidos de un libro como el Necronomicón, después de una sequía de más de dos décadas tras concluir la terrorífica y divertida trilogía creada por Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert.
Tras una adolescencia plagada de cortometrajes en la que tanto Raimi como Campbell adquirieron tablas detrás y delante de la cámara respectivamente, los dos amigos se unieron a Tapert para crear la productora Renaissance Pictures y dar forma al que sería el primer largo de la franquicia, la salvaje y transgresora Posesión infernal. La producción del filme se convirtió en un verdadero infierno debido a las condiciones climatológicas a las que el joven equipo estuvo sometido (amén de las incómodas prótesis del maquillador Tom Sullivan), pues esta tuvo lugar en los bosques de Tennessee durante el invierno de 1980, uno de los más fríos en décadas. Con su estreno, simultáneo en cines y en formato de vídeo, Posesión infernal supuso un bofetón para la censura británica de la época, la cual no tardó en calificarla como la Number One en la temida lista de las Video Nasties, algo que no hizo sino avivar el deseo de su visionado. Esto, unido a la favorable crítica que de ella hizo Stephen King al describirla como «La película de horror más feroz y original del año», terminó por preparar el terreno para que la ópera prima de Raimi se convirtiera en una película de culto.
Después del fracaso comercial de la comedia Ola de crímenes… ola de risas, el trío se reunió con el productor de cine Dino De Laurentiis, dueño de la DEG, para hacer realidad la secuela (remake para algunos) de Posesión infernal. Con el curioso título en España de Terroríficamente muertos, el regreso de los deadites volvía a tener lugar en la misma cabaña de la primera entrega, reconvertida ahora en un plató ubicado en Carolina del Norte. Como la primera vez, la producción resultó igualmente incómoda, especialmente para Campbell; el frío rodaje padecido seis años atrás se transformaba en una sucesión de días eternos donde el actor, en un entorno húmedo y caluroso, tenía que hacer frente al acoso de los insectos, atraídos por el jarabe de maíz que, a modo de sangre falsa, cubría su cuerpo al completo. Terroríficamente muertos supuso contar con mayores medios, y por ello la labor de Tom Sullivan en el apartado de maquillaje se vio mermada por el trabajo de Mark Shostrom y los futuros integrantes del estudio KNB EFX Group. El resultado del filme estrenado en 1987 sería una combinación de un terror sanguinolento con el humor más despendolado y slapstick.
Con el cambio de registro que supuso para la carrera de Raimi el peculiar cóctel aderezado con elementos del fantástico y del cine de acción que conforman Darkman (de hecho, en su día la película fue definida como un cruce entre El fantasma de la ópera y RoboCop), Renaissance Pictures aunó fuerzas con DEG y Universal para llevar a cabo la producción de la tercera entrega de Posesión infernal, El ejército de las tinieblas. El respaldo de la major no fue precisamente un camino de rosas, y entre las condiciones más llamativas destacó la exigencia de una disminución de la violencia ligada a la saga, además de obligar al director a rodar un nuevo final. No conforme con eso, y por razones ajenas a la producción de la película, el estudio retuvo el filme sin posibilidad de estreno durante seis meses. En este último capítulo de la trilogía clásica, Ash viaja al pasado para enfrentarse a hordas demoníacas en plena Edad Media, una idea prevista inicialmente para Terroríficamente muertos, pero desechada debido al limitado presupuesto de esta. No fueron pocos los que no terminaron de ver con buenos ojos la dirección que tomaba la franquicia, plenamente encarrilada hacia la fantasía y la comedia y convirtiendo al único superviviente de la cabaña en una caricatura de sí mismo. Tal vez por ello, el universo Evil Dead del nuevo siglo haya apostado de nuevo por el horror y un humor tan negro como el carbón.

