Hacemos envíos de nuestros libros y camisetas a todo el mundo (We ship our books and T-shirts worldwide) y, además, ¡los envíos dentro de España son gratis!         Suscríbete a nuestra newsletter y síguenos en nuestras redes sociales para estar al día de todas las novedades.      Es fundamental acceder a las fichas de los libros para obtener toda la información, especialmente sobre los que están en preventa. Así podrás conocer detalles importantes, como las fechas previstas de lanzamiento.    Algunos títulos son exclusivos de nuestra web, al menos durante un período limitado de varios meses.

Como no podía ser de otra manera, tratándose de una manifestación cinematográfica popular tan importante, la huella del spaghetti western aparece en el catálogo de Applehead Team. Aparte de los libros dedicados a Bud Spencer y Terence Hill (¡Más fuerte muchachos! El cine de Bud Spencer y Terence Hil y Bud, un gigante por papá), vamos a dejar constancia, en este repaso al subgénero, de dos obras muy particulares. Una es Weird Western – El cine del Oeste sin fronteras, en el que Jesús Palacios le dedica un apartado caracterizándolo de la siguiente manera:

«Es un Oeste que no se basaba ya ni en la historia ni en la literatura de la Frontera americana, salvo de forma muy lejana y retorcida, sino en el propio cine de Hollywood y en la idea del Oeste que este había impreso en el imaginario colectivo. Un western, por tanto, metanarrativo, metaficcional y metarreferencial, que trataba el género no a partir de la existencia real de la Frontera, sino de su reflejo estrictamente cinematográfico, mitopoético y popular, teñido con matices mediterráneos de tradiciones tan ajenas a la épica del western como la picaresca, la comedia del arte y la ópera, que sin embargo encajaban perfectamente de algún extraño modo con aquellas, transformándolas en otra cosa».

Y otra obra es Contra el tiempo – Actores y actrices de género de José Manuel Serrano Cueto en donde encontramos, por ejemplo, la voz del gran Aldo Sambrell, contando sus experiencias como uno de los secundarios de lujo del eurowestern:

«Sí, se hizo mucha mediocridad, pero también había muchas películas de calidad, al menos el cincuenta por ciento de lo que se hacía, y estas se vieron también perjudicadas sobre todo por el término spaghetti western. Se puso de forma despectiva a pesar de que hoy en día se use de una forma más cariñosa. Alfonso Sánchez fue un crítico que empleaba ese término de forma dañina y yo tuve la oportunidad de llamarle la atención en una ocasión. Le dije que antes de criticar debía ir a un rodaje y vivir la experiencia de lo duro y lo difícil que es hacer cine. Además, hay que tener en cuenta la economía que se manejaba en algunas de esas películas, presupuestos bajísimos que influían en el resultado».

Con este recuerdo de Sambrell abrimos la tercera parte de nuestro recorrido por los títulos fundamentales del western mediterráneo, que servirán de guía a quien esté interesado en recorrer una fascinante aventura cinematográfica que va más allá de la imprescindible filmografía de Sergio Leone.

Aquí la primera parte de 21 ‘spaghetti western’ de oro: un mapa para adentrarse en territorio salvaje

Aquí la segunda parte de 21 ‘spaghetti western’ de oro: un mapa para adentrarse en territorio salvaje

15. ¡Mátalo! (Cesare Canevari, 1970)

El crítico italiano Paolo Mereghetti, el autor del archifamoso diccionario de películas que llega su nombre, definió está cinta de manera perfecta: es como si Sergio Leone se hubiera colocado con mescalina. Un argumento mínimo para un viaje lisérgico con una cámara que no para quieta ni un momento y una banda sonora a base de guitarrazos al estilo hendrixiano. Es como una especie de alegoría del violento fin de la era hippie, con grupo de chalados mansonianos incluido. 1970: el sueño se había acabado… y también la Edad de Oro del spaghetti western, por lo que ya solo cabía poner gozosa y completamente el subgénero patas arriba. Y vaya si lo hicieron durante los años siguientes.

16. Y Dios dijo a Caín (Antonio Margheriti, 1970)

Prácticamente todos los grandes directores italianos del género fantástico y de terror, así como de los ultraviolentos thrillers all’italiana también viajaron al Lejano Oeste: Mario Bava, Lucio Fulci, Riccardo Freda, Sergio Martino o, incluso, Dario Argento (como coguionista de Hasta que llegó su hora y Un ejército de cinco hombres). Margheriti se llevó el gato al agua con una película cuya gran novedad, ya de entrada, era tener a Klaus Kinski, un secundario habitual que hacía de malo malísimo en muchos spaghetti, como protagonista absoluto en su papel de terrorífico ángel de la muerte. La clave está precisamente en la conjunción entre película del Oeste y de miedo, gracias a la ambientación, el suspense oscuro y la inquietante puesta en escena, unas características que emparentan el largometraje con Danza macabra u otros títulos clave del maestro Margheriti.

17. Le llamaban Trinidad (Enzo Barboni, 1970)

¿A estas alturas alguien no cree que uno de los campanazos más celebres del dúo Terence Hill-Bud Spencer se gana a pulso un hueco en esta lista? Reputado director de fotografía, Barboni vio a la perfección el modelo que quería desarrollar y consiguió crearlo con éxito. Hubo varios ejemplos anteriores de derivaciones cómicas en el western all’italiana, sin embargo este clásico sin comillas constituye un triunfo en el parodiar desde la ironía y un cierto sentido de la sobriedad: respeta las directrices del modelo y se muestra inteligente en la conversión de la coreografía de la violencia en comicidad circense (esos tortazos tremendos, las bufonadas).

18. Mi nombre es Ninguno (Tonio Valerii, 1973)

A toda época le llega su ocaso. A todo protagonista del Lejano Oeste le corresponde un final digno de entrar en los libros de historia. A todo epitafio se le piden hermosas palabras… o imágene.s La película de Valerii  es puro canto de amor al western en general y a una manera de entender el cine. El director recoge sin remilgos manifestaciones del género que parecen contrapuestas entre sí (el clásico, el crepuscular, el spaghetti, el spaghetti cómico) para fundirlas en un mismo crisol y donde moldea la mezcla perfecta. Desde el corazón y las entrañas, una elegía que hace saltar las lágrimas de emoción. Una película grandiosa.

19. Los cuatro del apocalipsis (Lucio Fulci, 1975)

El número de películas del Oeste producidas baja y baja según avanzaban los setenta. También la calidad, de manera drástica. Pese a ser evidente la pérdida progresiva de la atención por parte del público (la industria explota otros campos, los gustos se satisfacen con ficciones diferentes) todavía hay espacio para la sorpresa. Uno de los últimos fogonazos nos agrede rizando el rizo de la crueldad y la violencia en grado insoportable. Una especie de road movie con caballos y carromatos servida por el maestro Fulci. Un abanico de sensaciones servidas a todo trapo. Y con otro personaje en plan Charles Manson, está vez encarnado por Tomas Milian.

20. Keoma (Enzo G. Castellari, 1976)

La Anciana  pregunta: «¿Por qué has vuelto?». Él responde: «El mundo gira y gira. Y uno vuelve siempre al mismo sitio». Keoma, el pistolero de madre india, regresa a su pueblo (la melena al viento cual mesías involuntario en un mundo fantasmal y asolado por la plaga de la peste)  y halla a los habitantes bajo la tiranía del malvado Coldwell. ¿Le ha llegado el Día del Juicio Final a esta sociedad en putrefacción? El mundo gira y gira, y mientras, el maestro Cartellari cierra el ciclo hasta posteriores resurrecciones u homenajes. Con todo merecimiento le correspondía a Franco Nero protagonizar el canto del cisne…

21. Le llamaban California (Michele Lupo, 1977)

… algo que también quiso hacer Giuliano Gemma, otra indiscutible gran estrella de este filón de cine popular, con Le llamaban California o Sella d’argento (1978). La primera es triste, dura, siniestra, crepuscular y melodramática (ah, y tiene a un jovencito Miguel Bosé en el reparto); toda una revisión postrera de una clase de coproducciones entre Italia y España que nacieron en unas circunstancias sociales, culturales e industriales muy diferentes a las que había a finales de los años setentas. Muriendo con las botas puestas.

Spread the love
Wishlist 0
Continue Shopping