Rebobinando: El libro de la generación del videoclub fija y amplía el trabajo que su autor, el documentalista José F. Riveiro ya abordó en su largometraje Rebobinando, la edad de oro de los videoclub, estrenado en 2017. Este volumen es el complemento perfecto de aquel trabajo audiovisual, porqué recoge al completo las declaraciones de las personas que intervenían en la película, a la vez que se ofrecen más detalles de la historia comercial pero también emocional de aquellas tiendas que llevaron a casa el cine que no llegaba a las pantallas domésticas a través de los canales de televisión.
Asimismo, a lo largo de sus páginas, el autor comenta un gran número de cintas que formaban parte de los catálogos que surtían a los videoclubs. El repaso se realiza por temas, tal y como se agrupaban las películas en las estanterías de dichos establecimientos. Uno de esos apartados son las aventuras de toda clase, desde las de corte fantástico hasta las históricas, desde las que tenían rasgos humorísticos hasta las que incorporaban componentes de ciencia ficción, desde la explotación pura y dura hasta de la parodia. Recordemos algunos de los ejemplos más destacados.
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¿Quién engañó a Roger Rabbit?
«En aquel momento se convirtió en la película más cara de la historia, con sus 70 millones de dólares de presupuesto destinados, principalmente, a integrar personajes de animación en escenarios reales y hacerlos interactuar con actores del modo más realista que se había visto hasta entonces […]. Algo que también resultó histórico, en una película que ya lo era de por sí, fue poder tener en la misma a muchos de los personajes más emblemáticos de Warner y de Disney. Lo mismo se podía ver a Bugs Bunny como a Mickey Mouse, Goofy, o el Pato Lucas, algo absolutamente imposible, e impensable, a día de hoy».
El tesoro de las cuatro coronas
«Como ocurría con todo gran éxito en esa época, a Indiana Jones no le faltaron sus “clones de combate”. Una de las películas que más se aproximaba al espíritu de aquella aventura inicial de Indy —al menos, sobre el papel— fue El tesoro de las cuatro coronas (Il Tesoro delle 4 Corone, Ferdinando Baldi, 1982), una rarísima coproducción entre Italia, España y Estados Unidos de América financiada por Menahem Golan y Yoram Globus a través de su Cannon Films. La que sería la última película como actor de Tony Anthony —quien también estaba tras la idea de su argumento inicial y a quien acompañaban en el reparto Ana Obregón y Paco Rabal— pretendía sumarse al fugaz revival que vivieron las 3D a principios de los años ochenta».
Ator, el poderoso
«El sello emblemático de José Frade nos trajo los dos primeros títulos de una saga que también tuvo mucho predicamento entre el público de la época: Ator, el poderoso (Ator l’invincibile, Joe D’Amato, 1982) —que previamente a su estreno en vídeo había conseguido llevar a más de 600.000 espectadores a los cines de nuestro país— y Ator 2: El invencible (Ator 2: L’invincibile Orion, Joe D’Amato, 1984), ambas protagonizadas por Miles O’Keeffe».
Tortugas Ninja
«A principios de los años noventa, cuando los videoclubs todavía eran un negocio rentable, pudimos disfrutar de una saga protagonizada por quelonios luchadores cuyo origen estaba en el cómic y arrasarían también en el cine, la televisión y las jugueterías. Tortugas Ninja (Teenage Mutant Ninja Turtles, Steve Barron, 1990) fue un éxito relativamente inesperado que consiguió alzarse con el meritorio honor de convertirse en la película independiente más taquillera de todos los tiempos hasta que la llegada de El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project, Eduardo Sánchez, Daniel Myrick, 1999) le arrebatara dicho récord. Esta película, que a New Line Cinema le costó poco más de 13 millones de dólares, recaudó más de 200 millones por todo el mundo».
El juego de la sospecha (Cluedo)
«Entre las películas que descubrí en los videoclubes casi por casualidad —y que más tarde se convirtieron en películas indispensables en mi estantería de títulos favoritos— está El juego de la sospecha, Cluedo (Clue, Jonathan Lynn, 1985). No sé muy bien por qué pero nunca había visto esta película en los videoclubs al os que habitualmente acudía. Y no fue hasta la liquidación de uno, a principios de los noventa, cuando me encontré con una cinta que sabía que me iba a gustar desde el momento en el que vi su carátula por primera vez, aunque me fue difícil imaginar que me fuese a llenar tanto. Es probable que al conseguir quitarle la capa de humedad que tenía por encima —la cual no permitía un visionado en condiciones— contribuyese a que la satisfacción por poder verla fuese todavía mayor, pero la verdad es que ésta es una de esas películas que, por muchas veces que la vea, jamás me canso de hacerlo».
El chip prodigioso
«En la taquilla solamente recaudó 25 millones de dólares, perdiendo 2 respecto a los 27 que había costado. No fue hasta que comenzó su distribución en formato físico cuando empezó a ver recompensados los esfuerzos por sacar adelante esta producción que, en general, había obtenido buenas opiniones. Dicho esto, el propio Joe Dante echaba buena parte de la culpa del fracaso a la campaña publicitaria. Se trataba de una película que visualmente estaba muy conseguida. Además, tenía a Martin Short haciendo un divertidísimo papel junto a Meg Ryan y a uno de los actores que más ciencia ficción ha hecho, Dennis Quaid».
Cortocircuito
Otra película que causó furor en los videoclubs. Fue una de esas que alquilaba todo el mundo a pesar de que en los cines de nuestro país ya había logrado congregar a más de un millón de personas que disfrutaron de las aventuras de este entrañable robot, Número 5, quien por causas muy extrañas —debido a que le cayó un rayo encima— conseguía una inteligencia propia. Rápidamente empezará a llamar la atención del ejército que intentará recuperarlo a toda costa».


