Entrevista con el autor de Fantastic Factory: El cine de los condenados
Hay grandes aventuras artísticas que esperan aún que alguien las cuente. Y la de la productora española Fantastic Factory, de muy corta vida pero con resultados importantes, aparte de que ha quedado en la memoria de muchos aficionados al cine de terror (y no solo de nuestro país), pedía a gritos una investigación a fondo sobre ella y su correspondiente buen libro. Ahí estaba Juan Luis Daza para escuchar y decidirse a entrar en esa historia. El resultado es Fantastic Factory: El cine de los condenados, un ensayo sobre los orígenes, desarrollo y final de la compañía, del que el autor nos da algunas claves en la siguiente charla.
«¿Por qué un libro sobre la Fantastic Factory? ¿Por qué ahora?». Con estas dos preguntas inicias tu libro, cuyo contenido es una larguísima respuesta a las mismas. Antes de hablar un poco sobre tu trabajo, imagina que estás hablando con un aficionado al cine que, por edad o por gustos, nunca ha oído hablar de esta productora, pero sí tiene interés por saber sobre ella. ¿Qué explicación corta le darías para captar su atención?
Le diría que si los seis años de trayectoria dela productora cayeran en el olvido, se perdería una etapa clave para entender el éxito internacional de muchas de las producciones españolas de terror actuales. Y que si es fan del género y sus entresijos disfrutará enormemente con la lectura del libro.
¿Y cómo llamó la tuya? ¿Cuál fue la primera película de la Fantastic que viste?
Fue precisamente la primera que se rodó, Faust: La venganza está en la sangre, cuya campaña de marketing fue muy potente para la época, aunque no la vi en cines, sino cuando salió en DVD y pude comprarla. Era algo nuevo dentro de la cinematografía española y que venía de la mano de Brian Yuzna, uno de los directores que me descubrieron el cine de género.
¿Y eras consciente de que se trataba de una producción española o eso lo supiste después?
Fui consciente en todo momento, programas como Días de cine o revistas como Fotogramas le dedicaron reportajes y artículos extensos. Me pareció excitante ver que en España se podía hacer este tipo de películas sin ser consciente del todo por aquel entonces de la larga tradición de cine de terror que teníamos en España y que, por desgracia, había caído en cierto ostracismo.
¿Hubo algún clic en particular que te impulsara a escribir el libro?
Querer dedicar algunas entradas a varias de las películas de la productora en mi blog Transgresión Continua y descubrir que no había apenas información fiable u objetiva del proyecto impulsado por Julio Fernández y Brian Yuzna.Ese vacío tan enorme que había detrás de su creación, desarrollo y desaparición me incitó a decidirme por escribir un ensayo.
Has comentado también que fue un camino lleno de obstáculos. Aparte de la falta de documentación y fuentes que te sirvieran para acercarte a esta historia, ¿puedes comentarnos algún obstáculo más?
El mayor, finalmente subsanado, fue no poder contar durante largo tiempo con el testimonio de al menos una de las dos personas que fundaron la productora, ya que sin el testimonio de Julio Fernández o Brian Yuzna era imposible tener una visión global de todo lo que supuso la Fantastic Factory desde sus entrañas.
También cuentas que en alguna ocasión incluso quisiste tirar la toalla.
El momento en el que estuve a punto de rendirme fue, cuando después de varios e-mails que envié a Brian Yuzna, no recibía ninguna respuesta. Ya había intentado contactar de manera infructuosa con Julio Fernández, de manera que el ensayo era inviable sin Brian. Por suerte contestó a uno de mis correos, aceptó ser entrevistado y, gracias a las nueve horas de videollamadas que realizamos, Fantastic Factory: El cine de los condenados pudo ser una realidad.
¿Nos puedes comentar cómo se desarrollaron, entonces, tus conversaciones con Brian Yuzna?
Una vez que Brian aceptó ser entrevistado, me dirigió varias preguntas en nuestra primera charla para saber a qué persona y qué obra iba a proporcionar la información. Una vez le comenté todo el proyecto se mostró muy ilusionado por que alguien se interesara por escribir un libro de la Fantastic Factory. A partir de ahí su trato fue amigable, cercano y muy divertido. Es un lujo poder charlar de tú a tú con un profesional al que admiras y descubrir que también es una persona encantadora y muy humilde.

¿Hay algo que te hubiera gustado conseguir porque considerabas que habría sido imprescindible?
Principalmente más material gráfico. La Fantastic Factory cobró vida durante una etapa complicada con el salto del analógico al digital, y si encontrar información sobre la compañía era complicado, localizar imágenes de buena calidad de las películas también supuso una tarea más que ardua. Por otra parte me hubiera gustado contar con el testimonio de más personalidades implicadas en el proyecto, pero algunas no pudieron colaborar o no dieron respuesta.
Desde un punto de vista positivo, ¿qué te sorprendió más de lo que hablaste con el resto de artistas?
Los buenos recuerdos que todos ellos tienen de su paso de la productora, más si cabe teniendo en cuenta que la Fantastic Factory marcó el inicio de muchas de sus carreras profesionales, algunas de ellas hoy más que consolidadas y con trabajos importantes en Hollywood, como es el caso de William Miller, Javier Botet o Ivana Banquero.
Aparte de las entrevistas, ¿de qué te sientes más orgulloso al valorar después tu reivindicación de este capítulo olvidado o poco considerado del cine español?
Sobre todo que los lectores desconocedores de la Fantastic Factory han querido ver todas las películas después de leer el libro. Especial satisfacción me producen aquellos que afirman haber visto cada una de las películas después de leer su correspondiente capítulo.
¿Tienes alguna película favorita de todas ellas?
Seguramente Dagon: La secta del mar, no solo porque me parece la más representativa, sino porque dentro de la filmografía de Stuart Gordon, y de las adaptaciones cinematográficas de relatos de H.P Lovecraft, es un referente. Después irían Darkness y Romasanta: La caza de la bestia, pero sobre todo siento especial cariño a Faust: La venganza está en la sangre, tengo debilidad por ella.
¿Cuál fue el mayor logro de la Fantastic en términos generales?
Haber supuesto el pistoletazo de salida de lo que fue la reactivación del cine de género en nuestro país tras años de un silencio casi total. Más importante que las nueve producciones a las que dio forma, estaría el legado que dejó para que jóvenes cineastas tomaran el testigo y nos demostraran que otro tipo de cine en España era posible.
¿Y su gran talón de Aquiles?
Los problemas internos que impidieron a Brian Yuzna consolidar la línea de producción que él estableció desde el mismo inicio de la productora. Y posiblemente no haber conectado en taquilla con un público poco ducho todavía en el cine de serie B y explotación al que homenajeaban la mayoría de estos largometrajes. Tendrían seguramente en la actualidad mucha mejor aceptación por parte de los fans y del espectador en general, ya que están más curtidos en este tipo de producciones gracias al acceso que a las mismas lleva dando internet desde hace años.
¿Había alguna posibilidad de que el proyecto hubiera podido perpetuarse?
En palabras del mismo Brian, proyectos como REC eran los que iban a suponer la evolución de la Fantastic Factor si esta hubiera gozado de buena salud, es decir, rodar películas en español que también pudieran exportarse al extranjero. Sin la huella de Brian Yuzna, el respaldo de Julio Fernández y el paso de Jaume Balagueró y Paco Plaza por la productora, seguramente la saga de Tristana Medeiros no hubiese sido posible.
¿En qué medida cabría ver la Fantastic Factory como la heredera del espíritu del fantaterror español de los años sesenta y setenta? Es una idea con la que no estoy de acuerdo, y no solo he leído en tu libro. ¿No estaríamos hablando de momentos históricos, socioculturales y hasta económicos diferentes?
Como bien dices hablamos de contextos temporales, sociales y políticos muy concretos y el fantaterror español supuso un movimiento artístico, cinematográfico e industrial irrepetible. Pero sí defiendo que la Fantastic Factory recuperó parte de la esencia de esa manera de facturar y consumir un cine de género español cuya vocación internacional lo hacía muy exportable al extranjero.
Tú libro es, entre otras cosas una historia de «un quiero y no puedo», de una aventura fascinante que duró seis años y nueve películas, que, por cierto, no son pocas. ¿Crees que habría posibilidades reales de que hoy día pudiera emprenderse un reto similar en nuestro país?
Curiosamente estamos viviendo el nacimiento de una nueva compañía con no pocas similitudes con la Fantastic Factory como es Fear Collection, el sello impulsado por Álex de la Iglesia y Carolina Bang con el respaldo de Sony Pictures Entertainment y Amazon Prime Video. Puede que en Veneciafrenia no tanto, pero en Venus sí veo la huella de varias de las producciones de la Fantastic y no solo por el hecho de que esté dirigida por Jaume Balagueró.
¿En que otras producciones detectas esa influencia que, según tú, no se ha extinguido?
En series como 30 monedas o Feria: La luz más oscura. Y películas como El páramo o Voces dejan entrever, de manera voluntaria o no, ecos de varias de las cintas de la Fantastic, siendo siendo posiblemente Dagon: La secta del mar la más influyente de ellas.
¿Sabes si los protagonistas de esta historia han leído tu libro? ¿Has recibido algún tipo de respuesta o reacción?
Gracias a Applehead Team Creaciones varios de los entrevistados están recibiendo sus correspondientes ejemplares de cortesía, pero por ahora no he recibido un feedback después de la lectura. Lo cierto es que lo espero con ganas, sobre todo el de Brian.

