Con el éxito planetario alcanzado con Pesadilla en Elm Street en 1984 y 1985, Wes Craven por fin obtuvo el reconocimiento definitivo que tanto había buscado durante sus quince primeros años de carrera en el mundo del cine. Eso le valió poder asentarse definitivamente en la industria, un hecho que, sin embargo, se tradujo en dos hechos que marcaron su filmografía de ahí en adelante. El primero, que su nueva posición no implicaba necesariamente haber ganado un grado satisfactorio de independencia, pues la lucha con los productores siguió siendo una constante con cualquier paso que daba. Y el segundo, un mayor encasillamiento a ojos de Hollywood y del público, dentro del género fantástico y de terror, cuando su voluntad siempre fue explorar otros terrenos.
En cualquier caso, se abría la etapa dorada de Craven, prácticamente un decenio en el que estrenó varias de sus cintas más recordadas y apreciadas por la crítica, que culminó con una vuelta al universo de Freddy que dignificó una saga que poco a poco había ido arruinando los presupuestos de la primera entrega y en la que hasta entonces casi no había participado. También fueron unos años en los que intensificó su trabajo en la televisión, empezando por sus aportaciones a la nueva versión de La dimensión desconocida. Todo esto y mucho más de lo que corresponde a este tramo de la carrera de Wes Craven aparece detallado en varios capítulos de Wes Craven: El hombre y sus pesadillas, el fascinante estudio del director escrito por John Wooley, del cual os seguimos ofreciendo una selección de textos:
Primera parte: Wes Craven: entre la explotación y el arte
Amiga mortal (1986)
«Independientemente de sus virtudes, y a pesar de que el estudio había aumentado la violencia en un intento de atraer al público de Pesadilla en Elm Street, Amiga mortal acabó siendo demasiado dura para los fans de la fantasía adolescente más desenfadada y demasiado desenfadada para los amantes del terror más duro».
La serpiente y el arcoíris (1988)
«Craven pinta sobre el lienzo más amplio de su carrera, salpicando colores tan salvajes como apagados en un intento exitoso de capturar la belleza y el misterio del país. Se trata de un film más grande en muchos aspectos de lo que los fans de Craven podrían haber esperado, no solo por su alcance, sino también por su trama, más densa y enrevesada que todo lo que había hecho hasta entonces. Un espectáculo absoluto».
Shocker (1989)
«El giro de tuerca de Shocker se produjo cuando Craven tuvo la idea de utilizar la televisión de la misma manera que había utilizado los sueños en Pesadilla en Elm Street. “Ver la televisión o las películas es como estar inconsciente”, explicó a Michael Banka de Cineaste. Un año antes, había profundizado en esta idea en el artículo de Marc Mancini para Film Comment: “He pasado mucho tiempo pensando en la televisión… En cómo nos anestesia en un estado hipnótico. Su realidad no es honesta, está premasticada”».
The People Next Door (serie, 1989-1990)
«Shocker y The People Next Door tienen algo en común: al crear esta comedia poco convencional, Craven “buscaba la sensación de un mundo distinto”. Eso es lo que afirmó Bob Niedt del Syracuse Post Standard de Nueva York, quien informó de que Craven había dicho a un grupo de críticos de televisión reunidos en Los Ángeles lo siguiente: “La televisión, al ser tan omnipresente, también parecía un mundo muy interesante en el que indagar”. Logró esa “sensación de mundo distinto” gracias a su personaje principal, un dibujante interpretado por Jeffrey Jones que vive en un entorno rodeado de personajes a los que da vida su imaginación».
El sótano del miedo (1991)
«Como toda buena parábola, El sótano del miedo es una historia directa y sencilla que tiene mucho que decir. Si se reduce la historia a su mínima expresión, lo que se obtiene es un relato sobre un joven cuyo encuentro con un par de personas malvadas y represivas conduce a la venganza, beneficiando a los que han sufrido bajo su mando. Si se realiza una reducción similar a sus cualidades metafóricas, bien podría representar la bienaventuranza de Jesucristo sobre los mansos que heredarán la tierra”.
El café de las pesadillas (serie, 1992)
«Reunió a Craven y Robert Englund, que aquí encarnaba a un personaje menos siniestro que Freddy. Era Blackie, el jefe de un restaurante de baja categoría que sirve como estación de paso a aquellos fallecidos que ansían una segunda oportunidad en la vida. “Todos deseamos poder volver atrás y hacer las cosas de forma diferente en momentos clave de nuestras vidas”, dijo Craven a un grupo de críticos de televisión».
La nueva pesadilla de Wes Craven (1994)
«El hecho de que no sea en absoluto un documental, pero tampoco una ficción pura, juega a favor de La nueva pesadilla de Wes Craven, y dota a los acontecimientos de una extrañeza que mantiene al espectador absorto e inquieto. “Hay claras similitudes entre esta película y el mundo real”, dijo Craven a Shapiro, “y, con algunas de las cosas que hemos rodado, ha sido muy difícil notar la diferencia”. La teoría de Craven sobre la proximidad entre las películas y los sueños nunca se ha ilustrado de forma más convincente».


