Como cuenta en Hellraiser: Mitología del lamento, Sergio Colmenar lleva desde la más tierna edad apegado a su pasión por el cine de terror, lo que le llevó a dirigir años después dos cortos que dieron mucho que hablar, Sabrina (2011) y Gente cerca (2013). Además, como articulista y crítico de cine, ha intentado desentrañar las claves del miedo y el horror que ha visto en las pantallas dejando su firma en el fanzine decano 2000 Maníacos y en el libro Carne y video: en las entrañas de la cinta de culto “Videodrome” (2017). Ahora le toca el turno a la inmensa ópera prima de Clive Barker, una de cintas preferidas de Colmenar, y el resultado es un estudio que aúna con sorprendente equilibrio la celebración de la obra que le marcó con tan solo nueve años y las distintas reflexiones sobre el mundo poblado por aquellos cenobitas que trajeron el infierno. Conversamos con él para ahondar en esos temas y para averiguar cómo se gestó su trabajo, publicado por Applehead Team.

Como director de cine de terror y autor de un libro sobre la Nueva Carne, no es raro que ahora te hayas embarcado en un análisis detallado de Hellraiser, que es una de las cimas del género. Además, cuentas que fue una película que te marcó cuando eras pequeño. Pero, ¿en qué momento y por qué decidiste escribir sobre este universo creado por Clive Barker?

Gracias por lo de director de cine; lo soy en el sentido que he hecho cine en formato corto y soy bien capaz de hacerlo en formato largo, pero esa aún no es mi profesión, por lo que no sé si es una forma muy adecuada para definirme.

Con el libro sobre Cronenberg, me encontré muy a gusto escribiendo sobre la Nueva carne, que es una filosofía que he estudiado a fondo y Barker y Hellraiser forman parte de ella. Cuando me enteré de que Applehead estaba publicando la colección Noche de lobos, sobre sagas del cine de terror, se me iluminó la bombilla. Me dije: «Esta es mi oportunidad para saldar mi cuenta con una de mis películas de terror favoritas de siempre y todo lo que se ha hecho a partir de ella».

Precisamente empiezas el libro contando el día y las circunstancias en que la viste, con nueve años. Fue el pase por Televisión Española, a principios de los noventa, en el mítico programa Alucine. Es curioso porque recuerdo que fue cuando yo también la vi. ¿Te ha comentado alguien sus experiencias sobre «su primera vez»?

Qué bien. Aquella noche debió de ser muy especial para muchos de nosotros. Hellraiser es porno duro comparada con la mayoría de sus coetáneas.

En el libro hay un momento que menciono cómo algunas amigas me contaban qué tal les había parecido descubrir Hellraiser, con opiniones dispares, todas relacionadas con una percepción desde su propia moralidad, más que con la naturaleza del género de terror. Fue enriquecedor e importante para el libro.

¿Crees que tu percepción y gusto por el cine de género habría cambiado si la hubieras visto más adelante, siendo más mayor?

No. Hellraiser llegó a mi infancia como cuando vi porno duro justo por aquellas edades. Es decir, me impactó y moralmente me pareció incomprensible, pero tenía algo especial que me sedujo de inmediato y perfiló claramente mi gusto por lo extremo y las emociones fuertes. Con Hellraiser o sin ella, este gusto exquisito y macabro hubiera continuado, aunque no con esa hostia de perfidia y perversión bien dada a mis espaldas, claro.

¿Tardaste mucho en adentrarte después en el mundo del escritor británico?

No demasiado. En mi adolescencia lo descubrí. Ya había hecho mis deberes con otros grandes, Poe, King, Lovecraft, Verne… Me prestaron los tres primeros volúmenes de Libros sangrientos, ese de tapa dura de Círculo de Lectores, y hasta entonces no había leído nada tan extremo y fascinante, pero no me extrañó: sabía que se trataba del autor de esa película que había visto tantas veces, Hellraiser.

¿Cuál es tu relato favorito de Los libros sangrientos?

Terror, al que también le dedicó un texto bastante largo en el libro a propósito de su adaptación a la pantalla, Dread. Es un excelso soneto a la muerte misma, al sufrimiento por amor al mismo. Es puro Barker, el más explícito, reflexivo y psicológico, con mucho de esas pornocoversaciones a lo Oscar Wilde.

¿Qué pensaste cuando leíste El corazón condenado? Es una obra que, como cuentas en el libro, tiene sus diferencias con la película.

El corazón condenado es aún mejor que la película. En mi libro le dedico uno de los capítulos más largos. La película es incapaz de escapar de la influencia del cine juvenil asociado al terror de la época. Esa es su mayor lacra. Sin embargo, los elementos más perturbadores y splatterpunk de la novela, la necrofilia, el sadomasoquismo, el vampirismo y el amor fou están excelentemente representados en la primera mitad de la película. 

Aparte de Hellraiser, ¿qué es, en tu opinión, lo mejor que ha hecho Barker en el cine?

El señor de las ilusiones como director, y Dioses y monstruos como productor. De ambas también hablo.

Si tuvieras que elegir solo una escena de la película Hellraiser, ¿cuál sería?

En la que Julia acaba con su primera víctima y va corriendo al lavabo a limpiarse la sangre que le ha salpicado. El momento en que se mira en el espejo, ensangrentada, es éxtasis puro, para ella y el espectador.

Cada gran película de terror posee un poder de fascinación único e intransferible que, paradójicamente, es el motor que impulsa que se pueda convertir después en saga. ¿En qué reside la fascinación de Hellraiser? ¿Cuál es esa marca o conjunción de factores que definen su singularidad?

Suele decirse que la imagen singular de Pinhead, pero eso sería quedarse corto. Hellraiser habla de manera desbocada del placer sin fronteras morales, del dolor como escapada hacia el nirvana. Su éxito tiene mucho más que ver con su falta de escrúpulos morales que con su carnicería. A mí, al menos, me fascina más lo que pasa por la cabeza de Frank que los pinchos y los ganchos de Pinhead.

¿Y por qué los que se han encargado de las continuaciones no han sabido llevar a buen puerto dicho poder de fascinación y dicha marca?

Porque esa fórmula solo la conoce Barker. Las secuelas fueron escritas, bien por novatos que no manejaban el arte de escribir historias, bien por guionistas que se encontraban en situaciones de reescritura de historias que estaban a años luz del concepto original.

¿Siempre has tenido una percepción tirando a negativa de la saga? La única película que salvas, y de la que señalas cosas positivas, es la tercera.

La tres es puro heavy metal, como la cuatro de Pesadilla en Elm Street. No digo que sean secuelas en las que hay dejar el encefalograma plano para disfrutarlas, son puro terror comercial de calidad. Hellraiser III tiene paparruchas, como la ridícula subtrama «Pinhead origins», pero es demasiado divertida y violenta (¡y qué dos protas, virgen santa!) como para que no le dedicara una merecida loa en el libro. ¿El resto de secuelas? Ni fu ni fa, casi todo estiércol Dimension Home Video.

¿Cuál es la peor de todas? ¿Qué es lo más absurdo que has encontrado en las diez películas?

La más flojita es quizás la seis. La que más me irrita es la diez, por su pedantería y vana provocación visual basada en tópicos estéticos del género. Y la más absurda es sin duda la ocho, un divertimento sin vergüenza alguna. En el libro destaco sobre todo su demencial final.

Un poco sobre esto, una de las cosas que más me han gustado del libro es que analizas muy bien las peores dinámicas de la industria del cine cuando se plantea «alargar el chicle». No haces un discurso general al respecto, pero me parece que sí, película a película, acabas mostrando una radiografía del fenómeno de las sagas cuando le guía lo que llamas, creo recordar, «la máquina de hacer salchichas».

Lo curioso de todo es que detrás de esos dislates de guiones que acababan convertidos en secuelas de Hellraiser había peña válida, como Carl V. Dupré, el guionista de la fabulosa comedia juvenil de los noventa Cero en conducta, con lo que a veces pienso que algunos de ellos reescribían estos guiones que les llegaban de otros proyectos ajenos a Hellraiser (guiones especulativos se llaman) para reírse de Miramax. Cuando tienes a dos tipos como los Weinstein empeñados en convertir una franquicia en pasto para los buitres, pasan estas cosas. 

¿Qué grado de responsabilidad tiene Barker en la horrible deriva que, según tu opinión, tomaron las continuaciones de Hellraiser?

Ninguna. Él poco o nada tuvo que ver con las secuelas a partir de la cuatro, salvo algún detalle con poca importancia. En el libro cuento todo.

¿Cabe esperar algo bueno de la eterna «nueva» película y/o serie después de tantos años de anuncios de remakereboot-no se sabe qué? ¿O es mejor no pensarlo?

Creo que es mejor no pensarlo. El director actualmente asignado, David Bruckner, me gusta. Creo que El ritual es una excelente película de terror independiente. Pero Hellraiser no es para cualquiera, aunque haga excelentes películas de terror independientes, a no ser que seas un pervertido como Pascal Laugier, del cual hablo maravillas en el libro, como no podía ser de otra manera viniendo de otro pervertido como yo.

¿Cómo se fraguó la contribución de la gran Pilar Pedraza? Ha escrito un prólogo estupendo.

Ha escrito un prólogo que es todo un regalo y me ha hecho ilusión especial. Se lo pedí expresamente porque admiro su prosa y su personalidad, y porque es otra grande del gótico, la penumbra y el feminismo brujeril. Una pagana, vamos, y como tal, fan de Hellraiser. Por suerte, adora el libro, pero no en plan colegueo, compadreo, etc… Lo adora, joder.

¿Qué comentarios estás recibiendo de los lectores?

Es muy reciente, pero muy buenos. Esperemos que haya más. A mí el puto libro me encanta. Es el mejor ensayo fílmico que he escrito en mi puta vida, y el más personal también. Leyéndolo uno cae rápido en la cuenta de por qué lo es.

Una pregunta muy general y, a la vez, personal. ¿Cuál es tu década favorita si hablamos de cine de terror?

Setenta-ochenta, indivisibles, amigo.

Y para acabar, ¿algún nuevo libro a la vista? ¿O te espera la cámara para rodar nuevos horrores?

Te diría que la cámara o la muerte, pero no descarto escribir otro libro. Pero sí, la cámara o la muerte, que ya me toca y yo sé lo que me digo.

Un placer, Sergio. Muchas gracias.

A ti, compañero. El placer (y el dolor) es siempre mío.

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