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Como no podía ser de otra manera, la comedia triunfó en los años del videoclub. Es más, posiblemente fue el género que más concilió gustos generacionales entre las personas (niños, jóvenes, adultos o mayores) que se acercaban a la sección donde estaban «las de risa». Por un lado, funcionaba bien el rescate videográfico de películas cómicas de décadas anteriores. Por otro, el alquiler doméstico contribuyó decisivamente a reforzar el triunfo incontestable que el humor de los ochenta cosechaba en las salas, sobre todo el estadounidense. En este campo el cine hollywoodiense fue ganador durante esa época, aunque los VHS y los Beta disponibles para alquilar dieron el último impulso a manifestaciones españolas que iban poco a poco perdiendo el favor del público.

La comedia no podía faltar en Rebobinando: El libro de la generación del videoclub, el libro de Applehead Team en el que el documentalista José F. Riveiro completa el trabajo realizado en su largometraje Rebobinando, la edad de oro de los videoclubs, que trataba sobre aquellos lugares de fantasía al alcance de cualquiera en cualquier barrio de España. Gracias a aquellas tiendas imprescindibles, nos reímos de lo lindo en los años ochenta y noventa, con largometrajes como los del recordatorio que viene a continuación:

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No me chilles, que no te veo

«No fue la primera vez que Richard Pryor y Gene Wilder compartían protagonismo en una película pero sí, posiblemente, la que más éxito obtuvo en nuestro país, una comedia absolutamente disparatada en la que Pryor hacía de ciego y Wilder de sordo. […] Los espectadores disfrutaban —sin buscar más complicaciones— de las divertidísimas secuencias que se sucedían, como por ejemplo la inolvidable persecución con el ciego al volante; la pelea de Pryor, en el bar, cuando Wilder le ayuda a ocultar su ceguera; y, desde luego, el fallido intento de fotografiar al sordo para su ficha policial».

La mujer explosiva

«El estatus de mito erótico de los años ochenta de Kelly LeBrock del pasado siglo no fue solamente por su participación en La mujer de rojo, sino especialmente por haber protagonizado, un año más tarde, La mujer explosiva (Weird Science, John Hughes, 1985), que se convirtió en un clásico desde su misma exhibición. A decir verdad, el que dos chicos normales pudiesen crear, desde su propia casa, a una mujer de carne y hueso con todas las características físicas y psíquicas que ellos deseasen —a través de aquellos limitadísimos ordenadores— fue todo lo que cualquier chaval de aquellas edades podría desear».

Esta casa es una ruina

«Otra de las múltiples comedias protagonizadas por Tom Hanks, de las que se podría decir que “arrasaron” en los videoclubs y, desde luego, en televisión. La mayor parte del público todavía recuerda esta cinta con mucho cariño, aunque el propio Tom Hanks no esté demasiado orgulloso de ella, ni de muchas de sus comedias. Sin embargo, y como incluso reconoce el actor, la película tiene momentos absolutamente hilarantes».

Elvira

«Además de por lo despampanante del personaje y ese humor “picantón” —que tan bien funcionaba en aquellos años— debemos reconocer que, sin ser una buena película, tenía todos los ingredientes necesarios para pasar un buen rato. Y, al contrario de lo que ocurre ahora con muchas otras comedias, lograba reunir a toda la familia alrededor de la televisión para ver las aventuras de esta presentadora cuyo personaje se inspiraba tanto en los de la inolvidable Vampira de Maila Nurmi, como en el de Morticia, de La familia Addams. […] Resultó ser un boom generacional, independientemente de los exuberantes atributos físicos de su protagonista, que marcaron la infancia de varias generaciones y la carrera de Cassandra Peterson».

Cocodrilo Dundee

«A pesar de haber sido el personaje más importante de toda la carrera de Paul Hogan, personalmente me parece que es una de esas películas “básicas” de los videoclubs que más han sufrido el paso del tiempo. En 1988 tuvo una secuela, Cocodrilo Dundee II (Crocodile Dundee II, John Cornell) que fue otro éxito que consiguió más de un millón y medio de espectadores solamente en España. Costando prácticamente el doble que la primera —pero siendo aún bastante barata, con 16 millones de dólares de presupuesto— recaudó la friolera de 240 millones, sin contar con la masiva distribución que tuvo en formato doméstico».

Loca academia de policía

«No es de extrañar la brutal distribución y enorme acogida para su disfrute en casa, ni la inevitable aparición de secuelas que —aunque llegaban a repetir escenarios para forzar situaciones cómicas— no tendrían, en la mayor parte de los casos, secuencias tan hilarantes y políticamente incorrectas como la desarrollada en La ostra azul; el local de ambiente en el que, irremediablemente, se desataban las risas de los espectadores».

To er mundo e güeno

«Hay que reconocer que esta sucesión de bromas con cámara oculta consiguió tener bastante popularidad en su día, además de llevar a más de un millón de personas a nuestros cines. Contó con una gran distribución en los videoclubs y se emitió en televisión con cierta periodicidad durante un montón de años. […] Otra de las clásicas producciones de Manuel Summers distribuidas por Kalender Video que nos solíamos encontrar frecuentemente en el videoclub y que reflejaban buena parte de la ingenuidad social que había en la España del momento, pero de forma convincente y natural, sin necesidad de resultar tan políticamente correcta como ahora nos vemos obligados a ser».

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